Lo sabíamos casi todo del sabio. Sabíamos del Nobel, de los dibujos, del microscopio paciente en el gabinete de la calle Alfonso XII, de las noches en vela persiguiendo el contorno exacto de una célula piramidal. Sabíamos incluso del joven insumiso que se escapaba del taller de barbería para dibujar santos y del soldado que volvió de Cuba con paludismo y un arcón de esperanzas rotas. Faltaba, sin embargo, una parte. Y era importante. Era esa zona gris —humana, procedimental, casi burocrática— que separa al médico joven del catedrático consagrado: las oposiciones.

Día Mundial del Libro · El desafío de las cátedras de José Manuel Porcel. Retrato del autor y portada del libro.

Esa zona gris tiene ahora libro propio. Se titula Santiago Ramón y Cajal. El desafío de las cátedras, lo firma el profesor José Manuel Porcel Pérez y lo publica Edicions de la Universitat de Lleida. Llega a las librerías en la semana del Día Mundial del Libro con ciento dieciocho páginas elegantes —tapa dura, color, formato cuidado— y con un detalle biográfico insólito: su autor fue nombrado catedrático de Medicina en la Universitat de Lleida el pasado 6 de marzo de 2026, según consta en el BOE-A-2026-6412. Un catedrático escribe, recién llegado al escalafón más alto de la docencia universitaria española, sobre cómo otro catedrático —el más célebre de todos— llegó en su día a serlo. El espejo es tan perfecto que parece diseñado por la casualidad.

Un Nobel que también fracasó

La palabra es dura pero el libro no se anda con rodeos: Cajal fracasó en sus dos primeras oposiciones. Zaragoza, 1877. Granada, 1878. El Cajal de veintipocos años se presenta con ilusión y escasa preparación a concursos que son todo menos lecciones magistrales. Y pierde. Una segunda intentona a Granada en 1879-1880 termina con el mismo resultado, esta vez menos por falta de recursos y más por una convocatoria cuya decisión, como cuenta Porcel con documentación de archivo, era «previsible» antes incluso de abrir la sesión.

Hay un dato íntimo en el libro que ayuda a entenderlo mejor. Porcel recupera un testimonio revelador del propio Cajal:

Él mismo reconoció que no estaba preparado y que opositó por la insistencia de su padre, que veía en la universidad una vía de estabilidad, más que por una vocación académica plenamente madura.

Detrás del primer tropiezo no hay un científico jugándose la vida intelectual, sino un hijo obediente —don Justo Ramón Casasús, médico rural, había peleado él mismo por ascender desde los pueblos pirenaicos hasta la cátedra de Disección en Zaragoza— cumpliendo el guion familiar. El Cajal que pierde en Zaragoza es todavía un opositor hecho por encargo. El que ganará en Madrid catorce años después será ya otra cosa: un científico que ha aprendido, entre derrotas, que la universidad no es un trámite sino un terreno.

Hay algo consolador en este dato. Si el hombre que acabaría siendo el primer español en recibir el Nobel de Medicina en 1906 fracasó tres veces antes de ganar su primera cátedra, entonces el fracaso académico no es indicio de mediocridad. Es, en muchos casos, un rito de paso. Lo dice el propio Porcel con claridad: «incluso los grandes científicos comienzan siendo opositores inseguros que necesitan equivocarse para avanzar».

Cuatro ciudades, cuatro oposiciones

La estructura del libro sigue, capítulo a capítulo, el itinerario geográfico y emocional del joven Cajal por el mapa de la universidad española de la Restauración:

  • Zaragoza, 1877El debut inseguro. Primera opositura. Primera caída.
  • Granada, 1878 — Segundo intento. Segundo varapalo.
  • Granada, 1879-1880Una derrota previsible, en palabras de Porcel. El sistema ya tiene favoritos antes de que el tribunal se constituya.
  • Valencia, 1882-1883Ganar por fin una cátedra. A la cuarta va la vencida. Cajal se convierte en catedrático de Anatomía descriptiva.
  • Madrid, 1890-1892La cátedra decisiva. Histología e Histoquímica Normal y Patológica. El trampolín desde el cual iluminará, a partir de 1906, el mapa entero del sistema nervioso.

Pero hay una geografía que falta en este índice y que Porcel no olvida mencionar: Barcelona. Entre Valencia y Madrid, Cajal se traslada a la Ciudad Condal (1887) y es allí donde realiza lo esencial de la obra que le valdría el Nobel. Las cátedras ganadas le dieron el sueldo, la silla y la estabilidad institucional. Pero el descubrimiento —la doctrina de la neurona, la polarización dinámica, las mariposas del alma— se gestó, en gran parte, en los laboratorios catalanes. La moraleja es perturbadora: el sistema de oposiciones no premió a Cajal cuando Cajal hacía su mejor ciencia. Solo lo premió después.

La universidad de la Restauración como personaje

El libro de Porcel no es, pese a las apariencias, una biografía. Es una microhistoria institucional. El autor bucea en actas originales, reglamentos, convocatorias y testimonios coetáneos para reconstruir con precisión de relojero cómo funcionaba el sistema universitario español entre 1875 y 1895. Tribunales nombrados por el Ministerio de Fomento. Ejercicios orales bajo bóveda de yeso. Memorias leídas en voz alta durante hora y media sin pausa. Trincas —ese formato donde los opositores se confrontaban entre sí como gallos intelectuales— que podían decidir una vida académica en veinte minutos de réplica.

El capítulo noveno, Cajal frente a la universidad, y el décimo, Maestros, rivales y mediadores, dibujan ese mapa sociológico. Cajal no fue un genio que flotara al margen de las instituciones. Fue un opositor entre opositores, un profesor entre profesores, alguien que tuvo que aprender las reglas del juego académico tan minuciosamente como aprendió a fijar un corte histológico con cromato de plata. La excelencia científica, nos recuerda Porcel, necesita un lugar donde posarse. Y ese lugar, en la España decimonónica, se llamaba cátedra.

El prólogo: Antonio Campos Muñoz y el sillón de Cajal

El libro se abre con un prólogo de Antonio Campos Muñoz, y este detalle merece contarse despacio porque no es un prólogo cualquiera. Campos es Catedrático Emérito de Histología de la Universidad de Granada desde 1981 —sí, Granada: la misma ciudad donde Cajal fracasó dos veces— y ocupa desde 2004 en la Real Academia Nacional de Medicina el sillón que en su día fue de Santiago Ramón y Cajal. No hay coincidencia más hermosa. El hombre que escribe las primeras páginas de este libro habita, en sentido académico literal, la silla que el propio protagonista del libro abandonó al morir en 1934.

Antonio Campos es algo más, además. Es uno de los grandes nombres de la histología española contemporánea: pionero del estudio de los tejidos mineralizados, impulsor de la ingeniería tisular en España, fundador del grupo que construyó en el laboratorio la primera córnea artificial completa. Ha sido Presidente de la Sociedad Española de Histología, Decano de la Facultad de Medicina de Granada, Presidente de la Asociación Europea de Facultades de Medicina, Director del Instituto de Salud Carlos III y promotor del Plan Cajal —antecesor del actual programa SICUE— para la movilidad de estudiantes de Medicina. Es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Córdoba (Argentina), Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina donde ocupa el sillón nº 38 (Histología) —el sillón que fue de Cajal— y, como no podía ser de otro modo en este archivo, Cajaliano Ilustre.

Su voz prologal añade al libro de Porcel lo que ningún otro podría añadir: la autoridad de quien ha dedicado la vida a la misma disciplina que Cajal —la histología—, en la misma ciudad donde empezó la travesía de las oposiciones, y desde el sillón académico que el Nobel dejó vacante. Es, literalmente, la continuidad institucional de Cajal hablando sobre cómo Cajal se hizo catedrático.

Cátedra, ciencia y tiempo

La ciencia no avanza solo por la fuerza de las ideas, sino también por su capacidad de encontrar un lugar en instituciones concretas, con sus ritmos, resistencias y equilibrios. Comprender las oposiciones de Cajal es comprender las condiciones históricas que hicieron posible —y difícil— el nacimiento de la ciencia moderna en la universidad española.

Ese párrafo, de la contracubierta del libro, vale como tesis. Y es una tesis que interpela al presente. Porque las oposiciones siguen existiendo. Las cátedras siguen convocándose. Los tribunales siguen deliberando. Y los científicos y científicas de hoy siguen tejiendo sus vidas intelectuales en la misma trama de méritos, esperas y convocatorias que tejió Cajal. El libro es, al mismo tiempo, un ensayo histórico y un documento de actualidad.

El autor: José Manuel Porcel Pérez

Nacido y formado entre Lleida y Barcelona, el Dr. José Manuel Porcel es una figura de referencia internacional en medicina pleural. Vicepresidente Primero de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), jefe de servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Arnau de Vilanova de Lleida, investigador principal del IRBLleida y ahora, desde marzo de 2026, catedrático de Medicina de la Universitat de Lleida. Ha publicado cerca de cuatrocientos artículos científicos, edita el European Respiratory Journal y ERJ Open Research, creó en el Arnau de Vilanova la primera Unidad de Pleura de España y acumula distinciones que pocos médicos españoles pueden mostrar: Premio Obieta de la Real Academia Nacional de Medicina (2020), Master del American College of Physicians (2023), Fellow del Royal College of Physicians de Londres (2025) y Medalla «Dr. José Eleuterio González» de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el máximo reconocimiento sanitario que concede esa institución mexicana (2025).

Que un médico con este recorrido decida dedicar meses de investigación a reconstruir cómo Cajal se hizo catedrático es, por sí solo, un gesto de enorme vinculación con la tradición de la que se siente heredero. El libro lleva escrito entre líneas un agradecimiento profundo a quien abrió el camino.

Ficha técnica

TítuloSantiago Ramón y Cajal. El desafío de las cátedras
AutorJosé Manuel Porcel Pérez
PrólogoAntonio Campos Muñoz
EditorialEdicions i Publicacions de la Universitat de Lleida
Año2026
Páginas118
Formato15,5 × 21,5 cm, tapa dura, ilustraciones a color
ISBN978-84-9144-606-4
Precio22,50 € (PVP 25,00 €)
Enlace editorpublicacions.udl.cat

¿Por qué Cajal? — La voz de Antonio Campos

Cerramos este artículo con un broche: la intervención de Antonio Campos Muñoz en la jornada III Salamanca por Cajal: Arte, Ciencia y Tecnología 2026, en la que responde a la pregunta que da sentido a todo lo anterior. Por qué Cajal. Por qué hoy. Por qué seguimos volviendo a él cada vez que necesitamos recordar qué es la excelencia, qué es el método, qué es la voluntad.

Comprender las oposiciones de Cajal, como propone Porcel, y escuchar a Campos preguntarse ¿Por qué Cajal? son dos caras del mismo gesto intelectual: reconocer que la ciencia se hace en instituciones concretas, con sus asperezas y sus lentitudes, y que seguir hablando de Cajal en 2026 no es nostalgia, sino una forma de pensar mejor la universidad que tenemos y la que queremos.