Dedicado a Francisco Collía.
Ideal de la ciencia. —Puesto que vivimos en pleno misterio, luchando contra fuerzas desconocidas, tratemos en lo posible de esclarecerlo. No nos desaliente la consideración de la pobreza de nuestro esfuerzo ante los magnos e innumerables problemas de la vida. Concluida la ardua labor, seremos olvidados, como la semilla en el surco; pero algo nos consolará el considerar que nuestros descendientes nos deberán parte de su dicha y que, gracias a nuestras iniciativas, el mundo, es decir, aquella minúscula parte de la Naturaleza, objeto de nuestros afanes, resultará un poco más agradable e inteligible.
Introducción: a la sombra luminosa del maestro
En el gran lienzo de la historia de la ciencia universal, hay figuras que, por su colosal envergadura, acaparan la luz de su época. Santiago Ramón y Cajal es, indiscutiblemente, el sol en torno al cual orbitó la neurociencia moderna. Sin embargo, el triunfo definitivo de la doctrina de la neurona —la revelación de que el cerebro no es una red difusa, sino un bosque de células individuales— no fue una conquista solitaria. Requirió de voluntades férreas, de talentos inasequibles al desaliento que se atrevieran a descender a las trincheras más oscuras de la anatomía comparada. En esta epopeya del intelecto humano, la figura de don Domingo Sánchez y Sánchez (1860-1947) emerge no como un mero colaborador, sino como el principal paladín de Cajal en el estudio microscópico del sistema nervioso de los invertebrados.
Transformar un paradigma científico universal exige pruebas universales. Cajal necesitaba un investigador de pulso firme, de paciencia monacal y de un rigor empírico inquebrantable para doblegar a las especies más refractarias a las tinciones histológicas. Domingo Sánchez, forjado en la dureza del campo charro y templado en las selvas primarias de Filipinas, aportó la prueba de cargo que derribó definitivamente las hipótesis reticularistas. Este artículo rinde tributo a su vida: una odisea de resiliencia, polimatía y devoción absoluta por la verdad científica, que merece ser esculpida con letras de oro en los anales de la Escuela Histológica Española.
El crisol rural: las raíces de un “castellano viejo” (1860-1885)
Para comprender la asombrosa tenacidad de Domingo Sánchez, es indispensable viajar a sus orígenes. Nació el 1 de noviembre de 1860 en Fuenteguinaldo, una bella y recia localidad salmantina situada en las estribaciones fronterizas con Portugal. Lejos de los privilegios aristocráticos de los científicos centroeuropeos de la época, Sánchez vino al mundo en el seno de una familia de modestos agricultores.
Durante su infancia, las exigencias de la supervivencia le obligaron a compaginar una escolarización precaria con las arduas labores agrícolas y el pastoreo incesante en las dehesas. Este contacto telúrico con la naturaleza hostil moldeó en él una complexión de “castellano viejo”, robusta e incansable, y una capacidad de observación fenomenológica excepcional. Sus inicios académicos fueron tardíos, pero revelaron un talento deslumbrante. Bajo el tutelaje y la visión del párroco local, don José Rodero, el joven pastor abandonó el rebaño para ingresar en el Instituto de Ávila. Allí, su intelecto brilló con luz propia, coronando su bachillerato con una nota media de sobresaliente y la anhelada mención de honor.
Su paso por la educación secundaria fue deslumbrante: en junio de 1881 obtuvo su título de Bachiller mediante oposición, logrando la calificación de Sobresaliente, el Premio Extraordinario y el Título de Honor. Movido por una inagotable sed de conocimiento, emprendió el monumental esfuerzo económico y vital de trasladarse a Madrid, matriculándose en la Licenciatura de Ciencias Naturales (la Biología de su tiempo), carrera que concluyó brillantemente en junio de 1885. En las aulas de la Universidad Central, la curiosidad del muchacho de Fuenteguinaldo comenzó a estructurarse bajo el rigor de la taxonomía y la morfología comparada, afilando las herramientas que pronto pondría a prueba en los confines del mundo.
La epopeya filipina: el naturalista indomable (1885-1898)
Apenas obtenido su título, en 1885 emprendió una travesía que alteraría su destino: marchó al archipiélago de Filipinas ostentando el modesto cargo de “auxiliar zoológico”. Durante los siguientes quince años, su vida adoptaría tintes de auténtica novela de aventuras. Su misión era recolectar especímenes para el Museo de Historia Natural de Madrid y para la grandiosa Exposición General de Filipinas de 1887.
A diferencia del naturalista de salón, Sánchez se internó en lo más profundo de las selvas primarias de Luzón, visitando misiones aisladas y rancherías remotas. Soportó estoicamente las fiebres, las fatigas extremas y los múltiples peligros de la selva tropical. Su secreto radicaba en su profunda calidad humana y en su admirable fortaleza. El profesor José Manuel Reverte Coma, quien llegaría a conocerle en los pasillos del Instituto Cajal, dejó un testimonio fidedigno y revelador sobre el carácter y el impacto que el salmantino causó en las islas, relatando textualmente que Sánchez:
“… durante su estancia de 15 años en tierras filipinas, tierra a la que amó entrañablemente y que recordó toda su vida, tanto la capital del Archipiélago como en las ciudades y pueblos del interior, rancheras y misiones aún en los campos y bosques, mostró en todo momento tan gran afecto por los naturales que su figura se hizo muy popular entre la población aborigen, sabiendo infundir confianza y respeto a las personas que le trataron. Sus rasgos de valor, su fuerte complexión de castellano viejo, de salmantino formado en las faenas del campo, le permitió soportar estoicamente toda clase de incomodidades y fatigas, arrostrando peligros que despertaron la admiración del filipino del campo que sabe reconocer a un baquiano inmediatamente”.
José Manuel Reverte Coma
Su labor en Filipinas fue titánica. En el ámbito de la entomología económica, se enfrentó a la devastación de los cafetales publicando en 1890 su magistral obra de 90 páginas, la Memoria sobre un insecto enemigo de los cafetos, donde descifró la biología del escarabajo perforador Xylotrechus quadripes. Su inmersión en aquel ambiente fue total, superando trances mortales como un gravísimo ataque de viruelas hemorrágicas que llevó a la prensa local a publicar, erróneamente, la noticia de su fallecimiento. En paralelo a su supervivencia, cartografió la mastozoología insular, culminando en 1898 con su monumental tesis doctoral en Ciencias: Consideraciones particulares sobre las especies de mamíferos del Archipiélago filipino.
Ilustración del escarabajo perforador (Xylotrechus quadripes): Dibujo extraído de su detallada monografía sobre entomología agrícola y plagas en Filipinas. Disponible a través de Frontiers in Neuroanatomy.
Además, su incansable curiosidad polímata lo llevó a ejercer audaces labores de antropología física sobre el terreno. Lejos de las comodidades del gabinete, Sánchez recolectó más de 400 cráneos humanos y material osteológico. Llegó a adentrarse en territorios hostiles de las montañas del norte de Luzón, conviviendo con los bravíos igorrotes, para extraer muestras directamente de sus recónditos osarios insepultos en las cuevas. En una ocasión, tras recolectar en sigilo ocho cráneos y embarcarlos en el vapor Churruca rumbo a Manila, sobrevivió a un pavoroso tifón (baguío) en el golfo de Lingayen que a punto estuvo de hundir la embarcación y sepultar el fruto científico de sus arriesgadas expediciones.
La ruina y la reinvención
Sin embargo, el destino somete a los más grandes a las pruebas más crueles. Un pavoroso incendio en la Inspección General de Montes en Manila redujo a cenizas casi la totalidad de su inabarcable obra recolectora, años de sufrimiento en la selva devorados por las llamas, salvándose apenas unas pocas cajas de insectos. Para cualquier hombre, esto habría significado la capitulación; para Sánchez, fue el catalizador de una reinvención heroica. Comenzó sus estudios de Medicina en la Universidad de Manila.
Su etapa final en el Pacífico coincidió con el colapso del imperio. Lejos de amedrentarse ante el clima bélico de 1896, su lealtad lo llevó a encuadrarse en las milicias de los voluntarios de San Miguel para defender Manila. Tras el desastre de 1898, Domingo Sánchez retornó a la península envuelto en la melancolía de los “Últimos de Filipinas”. Instaló a su familia definitivamente en un modesto piso en el número 98 de la calle Atocha en Madrid (vivienda que ocuparía hasta su muerte) y finalizó de inmediato sus estudios médicos en la Universidad Central de Madrid, licenciándose con Sobresaliente el 2 de julio de 1900.
El encuentro providencial: la forja de la doctrina de la neurona
Fue en los sombríos pasillos del laboratorio del Hospital de San Carlos donde el destino de Domingo Sánchez se entrelazó para siempre con el de Santiago Ramón y Cajal. El maestro aragonés enfrentaba en aquel momento el asedio intelectual de la escuela reticularista europea, cuyo último gran bastión inexpugnable era el sistema nervioso de los invertebrados. Cajal necesitaba desesperadamente demostrar que las redes ganglionares de los insectos y anélidos no eran un continuo indiferenciado, sino que estaban formadas por neuronas individuales.
Sección horizontal de un ganglio medio de Haemopis sanguisuga. (V) Cápsula externa; (C) Ídem interna; (A) Cordón longitudinal anterior; (B) Ídem posterior; (M, M’) Nervios anteriores atravesados por fibra independiente (A) y haces (T, T’); (N, N′) Ídem posteriores atravesados por fibras (P) y haces (U); (B-D) Células del foco anterolateral izquierdo; (E) Ídem del derecho; (I, J) Ídem de las laterales mediales o interradiculares; (F) Ídem del posterolateral derecho; Ídem del izquierdo; (G, M) Ídem del central posterior; (L) Haz longitudinal impar; (R, P) Fibras coordinadas anteriores y posteriores (Sánchez, 1912)
Las sales de cromo y plata, milagrosas en vertebrados, fracasaban sistemáticamente ante las impermeables corazas de quitina de los artrópodos. Fue entonces cuando Cajal reconoció en el endurecido médico y biólogo salmantino al paladín perfecto. Sus primeros pasos neurohistológicos en el laboratorio del maestro, antes incluso de terminar la licenciatura médica, se habían centrado pioneramente en la estructura histológica de los moluscos, escrutando el intrincado divertículo de la bolsa copulatriz del caracol (Helix aspersa). En paralelo, en 1902 coronó su brillantez médica defendiendo su tesis doctoral titulada Concepto fundamental de la menstruación (calificada con Sobresaliente). Afinado su pulso microscópico con estas preparaciones, Sánchez transmutó su destreza de cazador selvático en la precisión insuperable del microcirujano para acometer la epopeya de los insectos. Modificando magistralmente las fórmulas químicas, logró lo imposible: que las tinciones argénticas revelaran el bosque neuronal de las especies más desafiantes.
Las publicaciones de Sánchez se convirtieron en auténticas sentencias de muerte para el reticularismo. Aisló las ramificaciones dendríticas de las sanguijuelas —estudio en dos partes publicado entre 1909 y 1912 considerado una obra maestra de la minuciosidad— y trazó el maravilloso desarrollo embrionario de las células fotorreceptoras en la mariposa de la col (Pieris brassicae, 1919).
Conjunto ligeramente esquematizado que comprende las porciones profundas (lámina ganglionar del perióptico, quiasma intermediario, retina profunda o epióptico, quiasma interno y lóbulo óptico) del aparato visual de una crisálida de Pieris brassicae capturada a principios de marzo. Los haces nerviosos se identifican con letras mayúsculas (1917; Sánchez, 1922a).
Sus soberbios diagramas de la retina de la mosca azul de la carne, realizados junto a Cajal, figuran hoy entre las cumbres del arte científico mundial.
Esquema destinado a mostrar el curso probable de las corrientes en la retina de la abeja. (A) bastones; (B) segunda neurona visual (monopolar gigante); (C) corpúsculo ganglionar (tercera neurona visual); (B, C) centrífugas cortas; (M, S) célula T o célula de conexión interzonal; (F, G) dendritas basales destinadas a articularse con las fibras centrífugas (Ramón y Cajal y Sánchez, 1915)
Aún más asombroso, su agudeza visual se anticipó a la microscopía electrónica. Sánchez y Cajal describieron formaciones tubulares intracelulares basándose en preparaciones ópticas extraordinarias, un hallazgo que hoy es considerado como una asombrosa y pionera observación preliminar de la existencia real del aparato de Golgi en los invertebrados, así como del sistema lisosomal y el retículo endoplasmático.
El arte del científico: los dibujos en Simurg y el Legado Cajal
El virtuosismo de Sánchez no se limitó a su destreza técnica frente a los reactivos, sino que floreció en un pulso artístico deslumbrante a la hora de retratar el microcosmos. En la actualidad, el fondo de dibujos e imágenes científicas perteneciente al Legado Cajal (Instituto Cajal, CSIC) conserva joyas de incalculable valor de su puño y letra, muchas de ellas accesibles para su admiración mundial en portales de colecciones digitales como Simurg.
Entre estos tesoros visuales sobresale el meticuloso dibujo científico en el que cartografió las redes nerviosas de la abeja (Apis) impregnadas mediante el caprichoso método de Golgi-Cajal. El rigor de Sánchez no solo quedaba plasmado en el trazo anatómico, sino en las minuciosas anotaciones manuscritas a grafito con las que documentaba cada preparación histológica.
En uno de sus formidables estudios sobre el lóbulo óptico de la mosca, dejó constancia literal del método y la óptica empleada: “Musca- formol-Golgi-Prep 2, fila 2º corte 3? / Prisma de Leitz, Obj. 6. lon: 170- / Extr. int. del lóbulo óptico-”.
Incluso en las directrices de edición para la imprenta, su nivel de autoexigencia era total, como se lee de su propio puño y letra en los márgenes de sus diagramas sobre los ojos de los insectos: “quitar 1/4 / siluetar el borde / superior y los laterales / por las líneas de lapiz”. Estos trazos a lápiz y tinta china negra, testigos mudos de horas interminables de vigilia, certifican que Sánchez compartió con el maestro aragonés no solo la genialidad empírica, sino también esa asombrosa habilidad estética, tan característica de la Escuela Histológica Española, para dotar de belleza al rigor anatómico.
El corpus neurohistológico y la coautoría con Cajal

Para dimensionar el impacto de sus contribuciones, la mayor parte de ellas dadas a la luz en los célebres Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Madrid (posteriormente conocidos como Trabajos del Instituto Cajal), es imprescindible asomarse a su evolución bibliográfica. Aunque don Domingo firmó en solitario la inmensa mayoría de sus hallazgos, la monumental monografía de 1915 sobre los centros ópticos de los insectos ostenta el honroso mérito de llevar estampada la coautoría de Santiago Ramón y Cajal y Domingo Sánchez. Este hito representa un tributo palpable del profundo respeto, casi devocional, que el gran maestro profesaba por la sagacidad de su discípulo salmantino, a quien inmortalizó explícitamente en las páginas de su autobiografía, Recuerdos de mi vida, dejando constancia escrita de la capital importancia y brillantez de estas investigaciones conjuntas sobre la retina de los artrópodos.
AñoTítulo de la obraAutoría1890Memoria sobre un insecto enemigo de los cafetosDomingo Sánchez1898-1900Los mamíferos de Filipinas (Tesis en Ciencias Naturales)Domingo Sánchez1901Nota sobre el divertículo de la bolsa copulatriz o vesícula seminal del Helix aspersa Müll.Domingo Sánchez1902Concepto fisiológico de la menstruación (Tesis en Medicina)Domingo Sánchez1904Un sistema de finísimos conductos intraprotoplásmicos hallados en las células del intestino de algunos isópodosDomingo Sánchez1904-1905Concepto fundamental de la menstruaciónDomingo Sánchez1904Contribución al estudio de los aparatos tubulares endocelulares de los invertebradosDomingo Sánchez1907L’appareil reticulaire CAJAL-FUSARI des muscles striésDomingo Sánchez1908El Laboratorio biológico marino de Baleares y su inauguraciónDomingo Sánchez1908El método de CAJAL en el sistema nervioso de los invertebradosDomingo Sánchez1909El sistema nervioso de los hirudíneos (Parte I)Domingo Sánchez1911Sobre los ganglios linfáticos de los hirudíneosDomingo Sánchez1912El sistema nervioso de los hirudíneos (Parte II)Domingo Sánchez1913Consideraciones críticas sobre el estado actual de la AntropometríaDomingo Sánchez1913Sobre la estructura íntima de la fibra muscular de los invertebradosDomingo Sánchez1913Sobre las terminaciones nerviosas motrices de los insectosDomingo Sánchez1913Sobre la revelación y fijación de huellas dactilares invisiblesDomingo Sánchez1915Contribución al conocimiento de los centros nerviosos de los insectos. I: Retina y centros ópticosS. Ramón y Cajal y D. Sánchez1916Resumen de un curso de Antropología criminalDomingo Sánchez1916Datos para el conocimiento histogénico de los centros ópticos de los insectos. Evolución de algunos elementos retinianos del Pieris Brassilicae L.Domingo Sánchez1918Sobre ciertos elementos aisladores de la retina periférica del Pieris Brassicae L.Domingo Sánchez1919Sobre el desarrollo de los elementos nerviosos de la retina periférica del Pieris Brassicae L.Domingo Sánchez1920Sobre la existencia de un aparato táctil en los ojos compuestos de las abejasDomingo Sánchez1920Sobre el artículo “La obra de CAJAL y el descubrimiento de LECHA-MARZO”Domingo Sánchez1921Sobre la evolución de las neuronas retinianas en los lepidópterosDomingo Sánchez1921Un cráneo humano prehistórico de Manila (Filipinas)Domingo Sánchez1921Sobre la estructura de los centros nerviosos de los insectosS. Ramón y Cajal y D. Sánchez1922Sobre el uso de utensilios de piedra en España en el siglo XXDomingo Sánchez1922Investigaciones sobre la histólisis de los centros nerviosos de algunos insectos y su influencia en la metamorfosisDomingo Sánchez1922Las dos clases de neuronas fotosensibles de los ojos compuestos de los insectos y sus probables funcionesDomingo Sánchez1923Los esqueletos yacentes del Museo Antropológico. Un nuevo sistema de montaje de esqueletosDomingo Sánchez1923Action spécifique des bâtonnets rétiniens des insectesDomingo Sánchez1923L’histolyse dans les centres nerveux des insectesDomingo Sánchez1924Influence de l’histolyse des centres nerveux des insectes aux métamorphosesDomingo Sánchez1924El descubrimiento de la histólisis en los centros nerviosos de los insectosDomingo Sánchez1925Influencia de la histólisis de los centros nerviosos de los insectosDomingo Sánchez1925L’histogenèse dans les centres nerveux des insectes pendant les métamorphosesDomingo Sánchez1925Informe relativo a los huesos, utensilios y otros materiales procedentes de Tabernes de Valldigna (Valencia)Barras de Aragón y D. Sánchez1926Relaciones entre los ojos de las orugas y los de las mariposasDomingo Sánchez1926La histogénesis en los centros nerviosos de los insectos durante la metamorfosisDomingo Sánchez1926Estilizaciones prehistóricas conservadas en utensilios usados en los tiempos actualesDomingo Sánchez1926Curso breve de investigaciones biológicas realizado en el Laboratorio biológico marino de MálagaDomingo Sánchez y Jorge Ramón1927Consideraciones preliminares sobre los materiales recogidos por el P. César Morçan, agustino, en el dolmen de Castro-Enríquez (Salamanca)Domingo Sánchez1927-1928Les agents histolysants du système nerveux des insectesDomingo Sánchez1928Breve bosquejo de la labor científica del Dr. D. Santiago Ramón y Cajal sobre investigación biológicaDomingo Sánchez1928Algunos cráneos procedentes de cavernas de las islas Calamianes (Filipinas)Domingo Sánchez1929Los agentes histolizantes del sistema nervioso de los insectosDomingo Sánchez1930¡Salus tibi Magister!Domingo Sánchez1930El cerebro de una mujer microcéfala muerta en el Manicomio de CiempozuelosDomingo Sánchez1931El Excmo. Sr. D. Manuel Antón Ferrándiz. Nota biográficaDomingo Sánchez1931Un nuevo sistema craniométrico ideado por ÁNGEL SÁNCHEZ HERRERO y dado a conocer por su padre, DOMINGO SÁNCHEZ Y SÁNCHEZÁngel Sánchez Herrero y D. Sánchez1931Les agents histolysants du système nerveux dans la queue des têtardsDomingo Sánchez1932Dos nuevos tipos de máquinas neumáticas y algunas consideraciones sobre el vacíoDomingo Sánchez1933Contribution à la connaissance de la structure des corps fungiformes (calices) et de leurs pédicules chez la blatte (Stylopyga Blata orientalis L.)Domingo Sánchez1934Algunas consideraciones sobre las causas y el mecanismo de la histólisis del sistema nerviosoDomingo Sánchez1935Contribution à l’étude de l’origine et de l’évolution des certaines types de névroglie chez les insectesDomingo Sánchez1936Cajal. Discurso leído en la sesión necrológica celebrada el 14 de mayo de 1935Domingo Sánchez1936-1937Une cellule géante trouvée dans le lobe cérébral des abeillesDomingo Sánchez1936-1937Sur le centre antenno-moteur ou antennaire postérieur de l’abeilleDomingo Sánchez1937Datos para el conocimiento de la estructura de los cuerpos fungiformes (cálices y sus pedículos en la cucaracha Stylopyga Blatta orientalis L.)Domingo Sánchez1940-1941Contribution à la connaissance des centres nerveux des insectes. Nouveaux apports sus la structure du cerveau d’abeilles (Apis melifica)Domingo Sánchez1943Contribuciones para la investigación biológica. Primera parte: Los tropismos, los reflejos y los instintos. Su génesis y su realizaciónDomingo Sánchez1944Contribuciones para la investigación biológica. Segunda parte: Los desplazamientos de los animales. EmigracionesDomingo Sánchez1945Contribuciones para la investigación biológica. Tercera parte: Participación del sistema nervioso para la realización de los instintosDomingo Sánchez2024 (póstuma)Memoria de las exploraciones y excavaciones en Irueña (Campañas 1933 y 1934)Domingo Sánchez
El retorno a los orígenes: las excavaciones arqueológicas en el Castro de Irueña
La inagotable polimatía de Domingo Sánchez no conoció el reposo. Ya en la venerable etapa de su madurez, su inmenso amor por la tierra salmantina que lo vio nacer le impulsó a adentrarse activamente en la arqueología de campo. Durante los años 1933 y 1934, dirigió de manera pionera campañas de excavación en el imponente yacimiento vetón del Castro de Irueña, situado en su Fuenteguinaldo natal.
El patrimonio de este milenario asentamiento encierra historias formidables. Entre sus vestigios más icónicos se encontraba la célebre «Yegua de Irueña», un magnífico toro o verraco celtibérico de origen vetón. Según ha quedado documentado en los registros históricos del lugar, esta imponente escultura de granito se hallaba partida en dos y medio enterrada, debido a que in illo tempore los mozos del entorno, convencidos ciegamente de que albergaba un tesoro en su interior, la volaron con dinamita. Ante un legado arqueológico fragmentado por el abandono de los siglos y la ignorancia, Sánchez aplicó en las trincheras del castro el mismo rigor y sistematicidad descriptiva que utilizaba en la poyata del laboratorio, redactando un minucioso testimonio de todos sus hallazgos.
Este valiosísimo documento historiográfico, que permaneció extraviado en los laberintos del tiempo, ha sido recientemente rescatado del olvido. Gracias a la tenaz y encomiable labor de la Asociación de Amigos del Castro de Irueña, y muy singularmente a la meticulosa labor de transcripción llevada a cabo por José María Andrés Andrés, el Centro de Estudios Mirobrigenses (CEM) logró publicar a principios del año 2024 la obra Memoria de las exploraciones y excavaciones en Irueña (Campañas 1933 y 1934). Este hito no solo recupera el imaginario mítico-mágico del antiguo castro vetón, sino que salda una deuda histórica ineludible con el ilustre investigador que documentó sus primeros grandes secretos estructurales.
Su inagotable devoción por estos yacimientos no decayó ni siquiera con los estragos de la posguerra. Según atestiguan sus propias memorias, el 25 de octubre de 1939, con el país recién salido de la contienda civil, Domingo Sánchez acudió a la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria para presentar formalmente dos trabajos adicionales sobre sus descubrimientos en Irueña, demostrando un compromiso inquebrantable con la ciencia y el patrimonio histórico hasta el último aliento.
Devoción al maestro y testamento vital (1934-1947)
El profundo respeto y lealtad que Domingo Sánchez sentía por don Santiago quedó maravillosamente evidenciado tras el fallecimiento del Nobel. El 14 de mayo de 1935, durante la sesión necrológica celebrada por la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria en memoria de Cajal, un conmovido Domingo Sánchez se encargó de pronunciar y publicar el discurso principal. A lo largo de dicho tributo, Sánchez rehusó atribuirse mérito alguno en las grandes victorias neurohistológicas y se refirió repetidamente al genio aragonés llamándolo mi “eximio maestro” e “ilustre sabio”, exaltando por encima de todo su “genial” y trascendental obra científica y asumiendo plenamente su rol de leal discípulo.
El magisterio de Domingo Sánchez fue, a su vez, aclamado por sus pares. Su vasto intelecto lo elevó a las más altas instituciones, siendo nombrado Académico Numerario tanto en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales como en la Real Academia Nacional de Medicina. En el ámbito antropológico, no solo fue pilar fundacional y miembro destacado de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria sino que ejerció un cargo institucional de máximo peso: fue el primer conservador del Museo de Antropología de Madrid, ocupando este puesto ininterrumpidamente durante dos décadas (1911-1931), donde destacó como un fiel y abnegado colaborador del ilustre antropólogo Manuel Antón. De igual modo, desde 1902 hasta su jubilación en 1931, ejerció como Conservador del Museo de Ciencias Naturales y como profesor de Física en la Escuela Superior de Artes y Oficios (posterior Escuela Superior del Trabajo), impartiendo incluso clases de Antropología Criminal en el Instituto Español Criminológico entre 1914 y 1916.
Dentro del Instituto Cajal, ejerció como su fiel bibliotecario y guardián de la ortodoxia metodológica. Tras la dolorosa pérdida del maestro Cajal en 1934, y durante la terrible noche de la Guerra Civil que desmanteló la ciencia española y forzó el exilio de brillantes discípulos como Río Hortega e Isaac Costero, un anciano y venerable Sánchez permaneció anclado a su laboratorio madrileño. Soportó los años de escasez manteniendo viva la llama de la Escuela, acudiendo diariamente a su puesto de investigación casi hasta el final de su vida.
Fiel a su inveterada y profunda modestia charra, en el ocaso de sus días redactó sus memorias bajo un título que destila genialidad e ironía: “Historia vulgar algo novelesca de un naturalista médico español”. Al calificarla de “vulgar”, restaba importancia a su inmensa genialidad, atribuyéndola solo a la paciencia del campesino; pero al tildarla de “novelesca”, reconocía el milagro de una existencia dedicada en cuerpo y alma a desentrañar los secretos de la vida. Sánchez había concebido inicialmente esta autobiografía para abarcar su trayectoria hasta los setenta y cinco años, pero, asolado por la tragedia contemporánea, a la avanzada edad de ochenta y dos años sintió la imperiosa necesidad moral de añadir un conmovedor epílogo. En estas páginas finales realizó un crudo, sincero y doloroso repaso de los oscuros años transcurridos durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, dejando un testamento de hondo calado humanista.
Con profunda amargura ante la sinrazón bélica y la barbarie, dejó escrita en este epílogo una reflexión existencial desoladora sobre el aparente fracaso del progreso humano:
Los acontecimientos de que vengo haciendo mención causaron en mi ánimo deplorable efecto. En algunos momentos me sentía desfallecer pensando en la ineficacia y el desdén con que suelen acogerse en nuestra patria los resultados de la paciente labor científica y el fracaso, al menos aparente, de la civilización y la cultura. Si después de tantos siglos de trabajos, de tantos esfuerzos de inteligencia, no hemos llegado a resolver los conflictos más que a tiros y cañonazos, podríamos preguntar: ¿Para qué sirven la inteligencia, la razón, la cultura, la civilización?…
Don Domingo Sánchez y Sánchez sobre la Guerra Civil
Asimismo, observando la contienda mundial, lamentaba la pérdida de su antiguo optimismo al comprobar que «la humanidad sigue odiándose» y que, pese a los anhelos de concordia y fraternidad, en las esferas de poder parecía reinar «la ambición, la crueldad, la envidia, la falta absoluta de caridad».
A pesar de haber perdido casi por completo mi antiguo optimismo, abrigaba la esperanza de que la humanidad reflexionara modificando el criterio de destrucción, de odio, ambiciones y venganzas que parecía dominarla por otro basado en un espíritu de convivencia amistosa, de tolerancia mutua, de justicia más o menos pacífica. Pero también esa esperanza, esa última esperanza, podríamos decir, está fracasando. La humanidad sigue odiándose, aborreciéndose. Aun cuando no falten personas amantes de la paz, la concordia y la fraternidad, entre las cuales creo encontrarme, el sentir general parece ser muy distinto. Entre las gentes directoras de las masas humanas parece dominar la ambición, la crueldad, la envidia, la falta absoluta de caridad.
Don Domingo Sánchez y Sánchez sobre la II Guerra Mundial
Autobiografía de Don Domingo Sánchez y Sánchez
Este inestimable documento autobiográfico, que detalla de primera mano los entresijos de la ciencia biomédica de la época, estuvo a punto de perderse en el olvido. Afortunadamente, gracias al empeño de su discípulo el Dr. Reverte Coma en preparar la edición y a la disposición de su hijo Francisco, que tras el fallecimiento de su padre, puso a disposición de los Amigos del Castro de Irueña la maqueta para terminar la corrección y publicarla. En un acto de estricta justicia histórica, la obra fue presentada formalmente al público el 20 de abril de 2019 en el Salón de Actos de la Mancomunidad Alto Águeda por el profesor José María Andrés Andrés. A pesar de los sinsabores existenciales narrados en sus últimas páginas, el tramo final de la vida de Domingo Sánchez estuvo jalonado de justísimos honores que reconocían su inmensa talla: el 29 de marzo de 1944 le fue concedida la Encomienda con placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio y, poco después, el 23 de junio de aquel mismo año, el Ayuntamiento de Fuenteguinaldo saldó su deuda afectiva aprobando, de forma unánime y orgullosa, su nombramiento como Hijo Predilecto.
Su memoria manuscrita se cerró definitivamente con una última y evocadora anotación fechada el 19 de diciembre de 1945, dedicada, como no podía ser de otro modo, al maestro: la inauguración del Museo de don Santiago Ramón y Cajal. Apenas un año después, Domingo Sánchez y Sánchez se apagó en Madrid el 4 de enero de 1947, a los ochenta y seis años de edad. Su nombre, que quizás quedó oscurecido temporalmente por la colosal sombra internacional de Cajal, exige hoy ser restituido al altar de los gigantes. Sin su perseverancia en la selva filipina, sin su pulso de orfebre ante el microscopio y sin su inquebrantable fe en el rigor empírico, la doctrina de la neurona habría carecido de uno de sus pilares maestros. En cada preparación histológica de un invertebrado, en cada minúscula sinapsis revelada bajo el haz de luz, perdurará siempre el espíritu indomable de don Domingo, el sabio charro que enseñó a la humanidad a contemplar las estrellas del microcosmos a través de la impenetrable jungla celular.
Como justo colofón a su memoria, es de justicia recordar que, si bien el I Salamanca por Cajal y la Ciencia rindió un merecido homenaje a don Pío del Río Hortega, en su segunda edición se propuso y quiso rendir tributo a Domingo Sánchez. Aunque finalmente las circunstancias no lo permitieron y la dedicatoria recayó en don Pedro Ramón y Cajal, no nos olvidamos de nuestro colosal científico. Sirva este artículo de sentido tributo a don Domingo Sánchez y Sánchez y a la inestimable labor del profesor José María Andrés. Asimismo, queremos expresar nuestro agradecimiento a Adela Serrano Herrera y Juan Manuel Espinosa Sánchez por su fundamental artículo en Frontiers in Neuroanatomy, y al catedrático José Ramón Alonso, quien supo inculcarnos la admiración total para Cajal, su equipo y sus legados.
Archivo digital: fotografías e ilustraciones científicas
A continuación, se recopilan los enlaces directos para la consulta y admiración de parte del inmenso legado gráfico y fotográfico del investigador Domingo Sánchez y Sánchez:
- Fotografía de Domingo Sánchez y Sánchez: Retrato recuperado (publicado originalmente en el diario ABC en julio de 1929). Disponible a través de Frontiers in Neuroanatomy: Enlace a la imagen

- Dibujos científicos de preparaciones de Apis (abeja): Manuscrito original en tinta y grafito por Domingo Sánchez. Legado Cajal, CSIC (Simurg): Enlace al visor digital
- Dibujo científico de Acridium (saltamontes): Detalle tisular por Domingo Sánchez. Legado Cajal, CSIC (Simurg): Enlace al visor digital
- Dibujo científico de una mosca: Estudio del lóbulo óptico por Domingo Sánchez. Legado Cajal, CSIC (Simurg): Enlace al visor digital
- Dibujo científico de ojos de insectos: Diagramas de la retina estructural por Domingo Sánchez. Legado Cajal, CSIC (Simurg): Enlace al visor digital
- Diagrama de la retina de la mosca azul de la carne: Ilustración en coautoría (bluebottle fly, Ramón y Cajal y Sánchez, 1915). Disponible a través de Frontiers in Neuroanatomy: Enlace a la imagen
Bibliografía
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Blog oficial dedicado a D. Domingo Sánchez y Sánchez. (https://dondomingosanchez.blogspot.com/)
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Blog Asociación Amigos del Castro de Irueña. Artículos sobre las excavaciones y memorias de D. Domingo Sánchez. (http://amigosdeiruena.blogspot.com/)
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Bibliografía
Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas de la Universidad de MadridDescarga



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