Prólogo: 2026, el año de la justicia poética y la soberanía epistémica

En el vasto lienzo de la historia cultural de España, el año 2026 marcará un hito de justicia poética e histórica. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, bajo el título “El universo freudiano de Dalí”, abrirá sus puertas a una exploración que trasciende la pintura para adentrarse en la arquitectura misma del pensamiento humano. Sin embargo, para nosotros, custodios de la memoria del hombre que dibujó el alma de las neuronas, este evento posee una trascendencia mayor: la consagración definitiva de Santiago Ramón y Cajal no solo como el “Padre de la Neurociencia”, sino como una figura tutelar indispensable en la vanguardia artística del siglo XX.

Este artículo no es una mera crónica expositiva. Es una invitación a mirar a través del microscopio y del lienzo simultáneamente. Es un viaje para comprender cómo la ciencia española, encarnada en la voluntad indomable de don Santiago, ejerció una “Soberanía Epistémica” que iluminó, desde la “Colina de los Chopos”, los abismos oníricos de Salvador Dalí. Aquí, la histología se eleva a la categoría de Arte Mayor, y la razón biológica de Cajal dialoga, en un combate de titanes, con el psicoanálisis de Freud.

I. El Thyssen como Escenario: La Consagración de la “Estética Cajaliana”

1.1 La arquitectura de una obsesión

Del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027, Madrid será testigo de una tesis curatorial audaz. Comisariada por el catedrático Jaime Brihuega, la exposición “El universo freudiano de Dalí” no se limita a colgar cuadros; despliega una narrativa psicológica en siete actos. Desde los traumas infantiles hasta el misticismo nuclear, la muestra desentraña cómo Dalí utilizó la teoría psicoanalítica como mapa para su “Método Paranoico-Crítico”.

1934 - Salvador Dalí - El destete del mueble-alimento
1934 - Salvador Dalí - . © Salvador Dalí, Fundación Gala-Salvador Dalí / VEGAP, Madrid.

Pero lo que otorga a esta muestra su carácter excepcional es su constelación de “artistas de referencia”. El museo ha entendido que Dalí no surgió del vacío. Su universo visual se nutrió de gigantes. Y allí, entre los nombres de Picasso, Max Ernst o Yves Tanguy, resplandece el de Santiago Ramón y Cajal. No como un intruso científico, sino como un maestro de la forma.

1.2 La belleza trágica de la histología

La inclusión de obras de Cajal junto a El destete del mueble-alimento valida una verdad que Fernando de Castro, el discípulo joven del Maestro, profetizó con emoción en 1966:

Estoy convencido de que si alguna vez se hiciera una exposición de los dibujos histológicos de Cajal, producirían pasmo entre los artistas… A Leonardo Da Vinci… con seguridad que le habrían entusiasmado.

Fernando de Castro

En el Thyssen, los visitantes descubrirán que la “selva impenetrable” de la materia gris, dibujada con tinta china y paciencia infinita por Cajal, prefiguró los paisajes desérticos y las formas biomórficas del surrealismo. La neurona de Purkinje, con su ramaje barroco y solitario, no es solo un dato anatómico; es un grito estético sobre la soledad del individuo, una metáfora visual que Dalí, con su sensibilidad de radar, captó al vuelo.

II. La Residencia de Estudiantes: El Laboratorio de la Vanguardia

Para comprender cómo la neurociencia impregnó el surrealismo, debemos trasladarnos al epicentro intelectual de la España de los años 20: la Residencia de Estudiantes. Allí se produjo una ósmosis única en Europa.

2.1 Cajal, el Zeus tutelar

Santiago Ramón y Cajal no era una figura abstracta para la Generación del 27; era el presidente de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), el organismo rector de la Residencia. Su presencia moral e intelectual impregnaba los pasillos. Cajal encarnaba el ideal del “sabio”, una figura que combinaba el rigor positivista con una curiosidad humanística voraz. Su influencia creó un ecosistema interdisciplinar único en Europa, donde la ciencia no estaba aislada en torres de marfil, sino que era el “aire” que respiraban poetas como Federico García Lorca y artistas como Salvador Dalí.

En aquellos años dorados, Santiago Ramón y Cajal no era solo un científico laureado; era el presidente de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), el organismo que daba aliento y vida a la Residencia. Su presencia moral impregnaba los pasillos donde jóvenes debatían apasionadamente.

2.2 Luis Buñuel: La Correa de Transmisión Entomológica

Un vector crucial en esta transmisión de conocimiento fue Luis Buñuel. Antes de convertirse en el cineasta iconoclasta del surrealismo, Buñuel cursó estudios de ingeniería agrónoma y entomología, trabajando en el Museo de Ciencias Naturales bajo la órbita de la JAE y de discípulos de Cajal como Pío del Río Hortega. Buñuel actuó como el catalizador que llevó la fascinación por el microscopio, la morfología de los insectos y la estructura celular al grupo de la Residencia. Por tanto, el ojo que cortaría la luna en Un perro andaluz aprendió primero a diseccionar la realidad mirando insectos bajo la tutela de la JAE. Buñuel no solo trasladó datos; trasladó una forma de mirar: fría, precisa y cruel.

Fue Buñuel quien introdujo a Dalí y Lorca en la observación de la “hermosura de lo pequeño”. Las sesiones de microscopía y las discusiones sobre la vida de las hormigas y otros insectos no eran pasatiempos triviales; eran lecciones de morfología que revelaban un mundo oculto, regido por leyes feroces y formas alienígenas, un mundo que resonaba perfectamente con la búsqueda surrealista de una realidad superior o “surrealidad”.

III. Cajal Literario: “Dr. Bacteria” y la Poética de lo Microscópico

Para establecer la conexión textual precisa entre Cajal y el imaginario daliniano, debemos sumergirnos en la faceta menos conocida del Nobel: su obra literaria de ciencia ficción. Bajo el pseudónimo de “Dr. Bacteria”, Cajal publicó Cuentos de vacaciones (1905), subtitulado “Narraciones seudocientíficas”.

3.1 Cuentos de vacaciones: La Ciencia Ficción como Vehículo Filosófico

Cajal, con una modestia quizás fingida, describió estos relatos como “causeries pseudo-filosóficas” de “desmañado estilo” y “empalagosos lirismos”. Sin embargo, estos cuentos constituyen un documento excepcional donde la observación científica se transmuta en metáfora existencial. Los relatos circulaban entre los residentes de la “Colina de los Chopos” como literatura de vanguardia, ofreciendo una visión del mundo donde lo biológico determinaba lo social y lo psicológico.

3.2 “La casa maldita”: El Epicentro Textual

El cuento “La casa maldita” es fundamental para nuestra investigación. En él, el protagonista, un científico llamado Julián (alter ego de Cajal), se enfrenta a dilemas que entrelazan el amor, la ciencia y la fatalidad biológica.

3.2.1 Las Pestañas: De lo Humano a lo Vibrátil

En “La casa maldita”, encontramos una dualidad en el uso del término “pestañas” que prefigura la ambigüedad visual de Dalí.

  • La Pestaña Macroscópica (Romántica): Cajal describe a la protagonista femenina, Inés, con un lenguaje que idealiza la forma humana: “sus grandes ojos verdes encuadrados de largas pestañas y la frondosidad de sus cabellos”. Aquí, la pestaña es el marco de la belleza, el límite de la mirada seductora.

  • La Pestaña Microscópica (Vibrátil): Sin embargo, es en sus descripciones histológicas —integradas en el tejido narrativo de sus cuentos y ensayos— donde Cajal realiza el salto semántico radical. Describe los cilios de los epitelios (como en la laringe o la tráquea) utilizando el término “pestañas vibrátiles”. Escribe con una prosa cargada de lirismo científico: “pestañas vibrátiles que, por virtud de secretos impulsos, ondean, cual campo de espigas, al soplo de brisa vernal”.

Esta metáfora es crucial. Al llamar “pestañas” a los cilios microscópicos y dotarlos de “secretos impulsos”, Cajal antropomorfiza la célula y, simultáneamente, mecaniza lo humano. Las “pestañas” ya no son solo adornos oculares; son sensores, antenas biológicas que “tantean” el entorno, movidas por fuerzas invisibles.

3.2.2 Las Hormigas: La Metáfora de la Voluntad Anulada

En Cuentos de vacaciones, y en su ensayo Las sensaciones de las hormigas (1921), Cajal muestra una obsesión por el himenóptero que va más allá de la taxonomía. En “La casa maldita” y otros escritos, las hormigas aparecen como modelos de organización social, pero también de crueldad y determinismo.

Cajal hace referencia explícita a la hormiga amazona (Polyergus rufescens), conocida por su comportamiento esclavista. Escribe:

Aún recuerdo con regusto agradable mis observaciones de la vida de las hormigas, particularmente de la temible Amazona… las hormigas rojas o esclavistas cuando salen a campaña pillan los hormigueros de sus homogéneas negras, arrebatando y secuestrando a las infelices larvas.

En el contexto literario, Cajal utiliza a la hormiga para reflexionar sobre la libertad y el “secuestro de la voluntad” que imponen las estructuras sociales (o biológicas) sobre el individuo. Agradece a sus maestros haber preservado su voluntad del “secuestro” de las “hormigas rojas” de la mediocridad o el dogma. Para Cajal la hormiga representa el triunfo de la masa sobre el individuo (algo que Cajal temía), mientras que para Dalí es la disolución de la materia. Dicho de otro modo, para Cajal, la hormiga era el terror al autómata colectivo; para Dalí, el terror a la muerte física. Ambos miedos se tocan en lo instintivo.

IV. Conexión I: La Entomología del Horror y la Estructura

La influencia de estas lecturas y del ambiente cajaliano en Salvador Dalí se manifiesta en una apropiación y transformación radical de los motivos científicos. Dalí toma el dato biológico de Cajal y lo pasa por el filtro de su neurosis freudiana.

4.1 De la Etología de Cajal a la Putrefacción de Dalí

Mientras Cajal observaba a las hormigas con la fascinación analítica de quien ve en ellas una maquinaria social perfecta (aunque cruel), Dalí las convierte en el símbolo absoluto de la putrefacción y el miedo a la muerte.

  • El Trauma Infantil: Dalí relata en su autobiografía (y en textos como “La liberación de los dedos”) un episodio traumático de su infancia: ver un lagarto (o un murciélago, según la versión) siendo devorado vivo por hormigas. Esta imagen se grabó en su psique.

  • La Síntesis Visual: En obras maestras como La persistencia de la memoria (1931), las hormigas no se derriten como los relojes; pululan sobre el reloj naranja cerrado, devorando el tiempo metálico como si fuera carne orgánica. En El gran masturbador (1929), las hormigas ascienden por el rostro, buscando los orificios, colonizando el cuerpo del deseo.

  • La Conexión Cajaliana: La descripción de Cajal en Cuentos de vacaciones sobre las “tribus nómadas de hormigas cazadoras” que encuentran un “refectorio en los cadáveres humanos” resuena con una precisión macabra en la obra de Dalí. Es plausible sostener que la lectura de estos textos científicos, filtrada por la sensibilidad hipersensible de Dalí, validó su fobia personal, elevándola a categoría estética. La hormiga cajaliana (esclavista, devoradora, organizada) se convierte en la hormiga daliniana (agente del caos y la disolución de la forma).

4.2 El Ojo, la Pestaña y el Cilio

La obsesión de Dalí por el ojo y las pestañas —visible en La persistencia de la memoria (el monstruo dormido con largas pestañas) o en la escena del ojo cortado de Un perro andaluz— encuentra un eco profundo en la histología de Cajal.

  • Pestañas como Sensores: Las pestañas del “monstruo blando” de Dalí no son pelo inerte; tienen una cualidad táctil, insectoide, casi independiente. Se asemejan a las “pestañas vibrátiles” (cilios) que Cajal describía ondulando y respondiendo a “secretos impulsos”. 

  • El Ojo Compuesto: La fascinación de Cajal por la retina y el ojo de los insectos (“algo increíblemente estupendo… un laberinto celular”, describe en sus memorias ) prefigura la fragmentación visual del surrealismo. Dalí, al igual que Cajal, descompone la visión. Si Cajal demostró que la retina no es un espejo pasivo sino un centro de procesamiento complejo, Dalí demostró que la visión artística es una construcción paranoica activa, no una mera recepción de luz.

V. Conexión II: La Arquitectura de lo Blando y el Citoesqueleto

Una de las aportaciones más innovadoras de la investigación vinculada a la exposición de 2026 es la correlación entre la biología celular de Cajal y las “estructuras blandas” de Dalí.

5.1 La Morfología del Deseo: Conos de Crecimiento y Muletas

¿Qué vio el joven Dalí en los atlas de Cajal que circulaban por la Residencia? Vio la justificación biológica de sus propias obsesiones:

  • El Citoesqueleto y la Muleta: Cajal demostró que la forma de la neurona depende de su esqueleto interno (citoesqueleto). Cuando este falla, la célula colapsa. Dalí, obsesionado con “lo blando” (soft structures), eliminó ese esqueleto interno en sus figuras y tuvo que sustituirlo por un esqueleto externo: la muleta. La muleta daliniana es, en esencia, un citoesqueleto externalizado; el soporte artificial necesario para sostener una realidad biológica que se derrite. La muleta daliniana es la respuesta artística a la fragilidad celular que Cajal dibujó.

Le spectre du Sex-Appeal (El espectro del sex-appeal)Le spectre du Sex-Appeal (El espectro del sex-appeal)

  • El horror y la maravilla de lo blando: Las formas que Cajal dibujaba —conos de crecimiento, espinas dendríticas, axones serpenteantes— poseían una cualidad orgánica, visceral y “blanda” que fascinaría a Dalí. Los famosos “relojes blandos” tienen un parentesco morfológico innegable con las delicadas estructuras nerviosas que, sin el soporte del citoesqueleto (o de la muleta daliniana), colapsarían.

Título original: Le sommeil
Colección particular
Técnica: Óleo ( 51 x 78 cm.)
Escrito por: Miguel Calvo Santos***Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertaR.***Título original: Le sommeil. Técnica: Óleo (51 x 78 cm.)

  • El Cono de Crecimiento como Ariete del Deseo: Cajal descubrió el “cono de crecimiento” en la punta de los axones, describiéndolo poéticamente como un “ariete blando y flexible” que avanza tanteando el entorno. Las formas estiradas, protuberantes y táctiles que emergen de los cuerpos en cuadros como El gran masturbador son hermanos visuales de estos conos de crecimiento: es el deseo biológico buscando su objeto (su sinapsis) en el vacío.

Visage du Grand Masturbateur (Rostro del Gran Masturbador)Visage du Grand Masturbateur (Rostro del Gran Masturbador)

  • La fragmentación de la realidad: Frente a la continuidad monótona, Cajal demostró que estamos hechos de unidades individuales (neuronas) separadas por abismos (sinapsis). Esta “soledad contigua” resonaba con la visión moderna y fragmentada del mundo que el cubismo y el surrealismo intentaban capturar.

5.2 El Leucocito como Musa de lo Amorfo

Si el cono de crecimiento explicaba el deseo que avanza, el leucocito (glóbulo blanco) explicó a Dalí la naturaleza de la materia misma. En los laboratorios de la JAE, Dalí y sus compañeros observaron cómo estas células globosas no tenían una arquitectura rígida, sino que fluían, estirándose y contrayéndose para atravesar los tejidos (diapédesis).

Las famosas formas globosas y viscosas dalinianas no son caprichos estéticos; son leucocitos gigantes. Dalí elevó a escala monumental la propiedad biológica de la célula ameboide: la capacidad de perder la forma para sobrevivir. Lo que Cajal dibujó como un mecanismo de defensa inmunológica, Dalí lo pintó como la angustia de una realidad que se derrite.

VI. El Gran Cisma: La Razón Biológica (Cajal) vs. La Interpretación Onírica (Freud)

Mientras Dalí idolatraba a Freud, Cajal mantenía una guerra intelectual secreta y encarnizada contra el vienés. Este es el corazón dramático de nuestra historia, revelado en toda su magnitud por documentos recuperados recientemente.

6.1 “Mentiras Colectivas”: La cruzada de Cajal contra el Psicoanálisis

Cajal y Freud, estrictos contemporáneos, representaban dos visiones opuestas del alma humana. Freud apostaba por el simbolismo oculto y la represión sexual. Cajal, apóstol del positivismo, consideraba el psicoanálisis una charlatanería, tildando las teorías freudianas de “mentiras colectivas” (collective lies).

Para Cajal, el cerebro no era un teatro de fantasmas reprimidos, sino una máquina biológica precisa. “Conocer el cerebro… equivale a descubrir el curso material del pensamiento”, sentenció.

6.2 El Diario de Sueños: Un experimento olvidado

Para refutar a Freud con pruebas, Cajal emprendió un experimento íntimo: un diario de sueños. Desde 1918 hasta su muerte en 1934, registró minuciosamente 103 sueños propios, analizándolos con la frialdad de un patólogo.

Este manuscrito tiene su propia historia de leyenda. Cajal, temiendo quizás el escándalo o considerando la obra inacabada, se lo confió en su lecho de muerte a su amigo y psiquiatra, el Dr. José Germain Cebrián. El texto sobrevivió a la Guerra Civil viajando en la maleta del exilio de Germain por Europa, oculto como un tesoro, hasta ser finalmente publicado en 2014 bajo el título Los sueños de Santiago Ramón y Cajal.

Portada del libro Los sueños de Santiago Ramón y Cajal: Sus teorías sobre el ensueño desde la crítica a las teorías oníricas de Freud

6.3 La anatomía de la pesadilla

En este diario, Cajal desmonta la “realización de deseos” de Freud. Sus análisis son de una lógica aplastante:

  • El sueño de los pantalones: Cajal sueña que está en una recepción diplomática y se le caen los pantalones. ¿Angustia de castración freudiana? En absoluto. Cajal anota que simplemente se había destapado en la cama y el frío en las piernas provocó la alucinación onírica.

  • El sueño de la hija ahogada: Una pesadilla recurrente donde intenta salvar a su hija del mar. Lejos de buscar culpas edípicas, Cajal lo analiza como una reacción a la opresión torácica y la dificultad respiratoria de la vejez.

  • La soledad del genio: En sus últimos años, acosado por el insomnio que combatía con veronal y sulfonal, Cajal registra sueños marcados por la nostalgia y el abandono. En una carta desgarradora a un amigo, escribe: “Mi vejez y mi deplorable salud han hecho que todos mis amigos me abandonen”. Sus sueños no eran deseos reprimidos, eran el eco de una mente brillante atrapada en un cuerpo que se apagaba (“Impresiones de un arteriosclerótico”, subtituló con ironía).

La ironía final es que, al obsesionarse tanto en refutar a Freud, Cajal terminó validando la importancia de los sueños, aunque fuera desde la trinchera de la biología.

VII. Londres, 1938: La síntesis final en el cráneo de un caracol

El clímax de la exposición del Thyssen es el encuentro entre Salvador Dalí y Sigmund Freud en Londres, el 19 de julio de 1938, orquestado por Stefan Zweig. Un Freud anciano y enfermo, exiliado por el nazismo, recibe al joven Dalí.

Dalí, en un trance de adoración, dibuja al psicoanalista. Y es aquí donde la sombra de Cajal emerge con una fuerza poética arrolladora. Dalí exclama: “¡El cráneo de Freud es un caracol! Su cerebro tiene forma de espiral, ¡para ser extraído con una aguja!”.

Salvador Dalí Psicoanálisis, Freud con cabeza de caracol
Salvador Dalí. 1938. . .

Incluso ante el padre del psicoanálisis, la mirada de Dalí sigue siendo cajaliana. Ve “espirales”, ve estructuras biológicas (como la cóclea o el bulbo olfatorio que Cajal dibujó magistralmente). Dalí aplicó el software de Freud (la teoría paranoica) sobre el hardware de Cajal (la forma biológica).

VIII. Conclusiones para la Eternidad: Cajal, Faro de la Modernidad

La exposición de 2026 nos brinda una oportunidad histórica. No debemos ver a Cajal en el Thyssen como un mero acompañante, sino como el cimiento oculto de la modernidad visual española.

Nuestras “Ideas Fuerza” para este hito:

  • La Soberanía Epistémica: Reivindicamos que la ciencia española no fue periférica. Cajal generó un conocimiento (episteme) tan potente que desbordó los vasos de la medicina para inundar el arte. España exportó estructura y visión al mundo. España exportó conocimiento estructural al mundo.

  • Un Patrimonio en Peligro: La historia del manuscrito de los sueños, salvado del olvido por el exilio, nos recuerda la fragilidad de nuestro legado. Si el mundo celebra a Cajal en el Belvedere de Viena y en el Thyssen, España tiene la obligación moral de materializar el Museo Nacional Cajal y de las Neurociencias.

  • Repetimos: El Museo Nacional Cajal es una urgencia. Si el Thyssen, el Belvedere de Viena y el MoMA reconocen a Cajal como un creador visual de primer orden, ¿cómo puede España seguir postergando un Museo Nacional dedicado a su figura? Esta exposición es el argumento definitivo ante las instituciones. Por tanto, la ciencia y el arte ya han dictado sentencia en el Thyssen: Cajal es universal. Ahora le toca al Estado estar a la altura de su propia historia. El Museo Nacional no es una petición, es una deuda de honor.

  • La Ética de la Verdad: Frente a la posverdad y las interpretaciones subjetivas (tan freudianas a veces), Cajal nos recuerda la ética de la realidad tangible. Su crítica a los sueños nos enseña que, a veces, la verdad es más sencilla, más biológica y más humana que la fantasía.

  • El Humanismo Científico: Cajal nos enseña que la ciencia no está reñida con el arte. Su vida fue una búsqueda de la verdad total, ya fuera en el ocular del microscopio o en la oscuridad del sueño.

Méditation sur la harpe (Meditación sobre el arpa)
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Que cada visitante que se detenga ante un dibujo de Cajal en el Thyssen sienta que no está viendo un esquema médico, sino el mapa del tesoro de nuestra propia humanidad, trazado por la mano más firme y la mente más lúcida que ha dado nuestra historia. Que cuando las puertas del Thyssen se abran en octubre de 2026, el espíritu de Don Santiago esté allí, no como un invitado, sino como el anfitrión invisible de la modernidad.

Santiago Ramón y Cajal: Prez y Gloria de España. Ayer, hoy y siempre.