Artículo dedicado a Fernando de Castro Soubriet
I. El Escenario Histórico: La Edad de Plata y la Mirada del Discípulo
Para comprender la magnitud del descubrimiento de la quimiorrecepción arterial, debemos situarnos en el Madrid de los años 20, un momento estelar de la cultura española donde la Ciencia alcanzaba cotas de Arte. En el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, bajo la tutela del “Maestro” Santiago Ramón y Cajal, se gestaba una revolución silenciosa.
La Escuela de Cajal: Territorios de la Mente
Santiago Ramón y Cajal, con la visión de un estratega, había dividido el inmenso territorio del sistema nervioso entre sus más brillantes lugartenientes. Mientras Pío del Río-Hortega conquistaba la glía y Rafael Lorente de Nó descifraba la arquitectura de la corteza, el joven Fernando de Castro (1896-1967) recibió el encargo de iluminar los rincones más oscuros del sistema nervioso periférico.
De Castro no era solo un científico; era un virtuoso de la técnica. Perfeccionó los métodos de impregnación argéntica de Cajal, logrando una nitidez en la visualización de las fibras nerviosas que sus contemporáneos europeos, dependientes de tinciones más rudimentarias, no podían ni soñar. Fue esta “mirada de plata” la que le permitió ver lo que otros solo imaginaban.
El Enigma del “Glomus”: Entre el Ganglio y la Glándula
Hacia 1925, el cuerpo carotídeo era una “terra incognita”. La comunidad científica internacional debatía a ciegas:
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La Visión Ganglionar: Anatomistas como Kohn lo despreciaban como un simple “ganglion minutum” del sistema simpático.
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La Ilusión Glandular: La teoría dominante lo clasificaba como una glándula endocrina, una “glándula carótica” que supuestamente vertía secreciones a la sangre.
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La Confusión Fisiológica: Fisiólogos de la talla de Hering atribuían los reflejos al seno carotídeo, ignorando sistemáticamente al pequeño glomus adyacente.
En este caos conceptual, Fernando de Castro intervino con la precisión de un cirujano y la intuición de un genio.

FuenTE: De Castro F (2009) “Towards the sensory nature of the carotid body”. Frontiers in Neuroanatomy. Bajo licencia CC BY 4.0. Documentos históricos cortesía del Archivo Fernando de Castro / CSIC.
II. La Deconstrucción de un Paradigma (1926-1928)
Los trabajos publicados por De Castro en los Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas en 1926 y 1928 no fueron simples artículos; fueron el acta fundacional de una nueva fisiología.
La Cirugía de la Verdad
Para derribar la teoría glandular, De Castro ejecutó una serie de experimentos de denervación magistrales. Seccionó el nervio glosofaríngeo y observó la degeneración de las fibras. Si el órgano fuera una glándula, la inervación debería venir del cerebro (eferente) para ordenar la secreción. Sin embargo, De Castro demostró que las fibras morían hacia el órgano, revelando que sus cuerpos celulares residían en el ganglio petroso sensorial. La conclusión era inapelable: el tráfico de información iba del órgano al cerebro. Era una estructura aferente, un sentido.
El “Gusto” de la Sangre
Pero De Castro fue más allá. Al microscopio, observó que las terminaciones nerviosas no tocaban la sangre directamente, sino que abrazaban a unas células especiales, las células glómicas, formando “meniscos” y cestas complejas. Con una intuición que se adelantó décadas a su tiempo, propuso la existencia de una sinapsis química secundaria. En sus propias palabras, sugirió que estas células “probaban” (tasted) la sangre arterial, detectando sus cambios químicos (oxígeno, pH) y transmitiendo esa “cata” a las terminaciones nerviosas. De Castro había descubierto el “olfato” interno del cuerpo, el mecanismo por el cual la vida detecta su propio aliento.

(B) El Mapa de Carreteras Nervioso: Representación magistral de la inervación sensorial en la bifurcación carotídea. De Castro separó lo que la historia había confundido: las fibras barorreceptoras (1, 3) que controlan la presión, de** las fibras quimiorreceptoras (2) del cuerpo carotídeo (c.c.) que “prueban” la sangre.** (C) La Arquitectura del “Glomus”: Detalle de los glomérulos celulares abrazados por el nervio glosofaríngeo. De Castro demostró que la inervación simpática (arriba izquierda) era menor, confirmando que este órgano no era un ganglio simpático, sino un sensor sofisticado.
(D) La Intuición de la Sinapsis (1951): Esquema visionario donde De Castro dibuja la “sinapsis quimiosensorial”. Sin microscopía electrónica, dedujo que la célula glómica debía liberar una sustancia para activar al nervio, un concepto revolucionario para la época.
(E) La Realidad Molecular (2026): La confirmación del siglo XXI. Lo que De Castro intuyó como “gusto”, hoy lo vemos como una danza de mitocondrias, especies reactivas de oxígeno (ROS) y canales iónicos que despolarizan la célula para liberar neurotransmisores. La molécula confirma al dibujo.
Fuente: De Castro F, López-Barneo J (2026) Acta Physiol. Material histórico cortesía del Archivo Fernando de Castro / CSIC. CC BY 4.0.
III. La Tragedia Griega de la Ciencia: El Nobel Perdido
La historia de la ciencia rara vez es justa, y el caso de Fernando de Castro es uno de sus capítulos más dolorosos. Es la crónica de una colaboración fructífera truncada por la barbarie de la guerra.
El Diálogo de Gante (1929-1932)
Corneille Heymans, fisiólogo belga, poseía la maquinaria experimental pero carecía del mapa anatómico. De Castro le entregó ese mapa. A través de visitas a Gante y una extensa correspondencia (Cortesía del Archivo Fernando de Castro / CSIC), el español convenció al belga de buscar un reflejo químico en el glomus, separado del mecánico. Heymans ejecutó los experimentos de circulación cruzada que confirmaron brillantemente la hipótesis de De Castro: la hipoxia estimula la respiración.
El Silencio de las Bombas (1936-1939)
Cuando Heymans recogía los laureles internacionales, Madrid ardía. La Guerra Civil Española estalló en 1936, aislando a De Castro en una ciudad asediada. Mientras sus gatos experimentales morían de hambre y los obuses caían sobre Atocha, De Castro asumió una misión heroica y anónima: proteger el legado de Cajal. Convirtió el instituto en un búnker, salvando los microscopios y las preparaciones histológicas del saqueo y la destrucción. Su voz científica se apagó, y en Estocolmo se llegó a dudar de si seguía con vida.
El Nobel Solitario (1938)
En 1938, Corneille Heymans recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina “por el descubrimiento del papel de los mecanismos del seno y aórticos en la regulación de la respiración”. Fernando de Castro fue ignorado. La falta de nominaciones oficiales desde una España rota y la incertidumbre sobre su paradero sellaron esta injusticia. Aunque Heymans reconoció en privado y en citas académicas la deuda con De Castro, la gloria pública fue unilateral. Hoy, un siglo después, el veredicto de la historia es claro: el Nobel debió ser compartido.
IV. Del Dibujo a la Molécula: La Sinapsis en el Siglo XXI
La ciencia moderna no ha hecho más que confirmar la agudeza visual de De Castro. Lo que él intuyó como una “conexión funcional”, hoy lo describimos con la precisión de la biología molecular.
La Maquinaria de la Hipoxia
Sabemos ahora que la célula glómica (Tipo I) es un sensor de oxígeno de alta precisión. El mecanismo, detallado por investigadores como López-Barneo, implica:
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El Sensor Mitocondrial: Unas mitocondrias especializadas detectan la caída de la presión de oxígeno (PO2PO_2) y alteran la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) y NADH.
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El Interruptor Eléctrico: Esta señal metabólica cierra canales de potasio (K+K^+) específicos en la membrana, provocando la despolarización celular.
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El Disparo Químico: La entrada masiva de calcio (Ca2+Ca^{2+}) libera neurotransmisores (ATP, dopamina) que activan el nervio hacia el cerebro. Es la “sinapsis quimiosensorial” imaginada en 1928, vista en alta resolución.
V. La Hipótesis del “Cable de Cinta” (Ribbon Cable): La Reivindicación Final
En un giro fascinante, la investigación más puntera de 2025 ha rescatado otro detalle de los dibujos de De Castro que había pasado desapercibido: la segregación de fibras. La Hipótesis del Cable de Cinta (Ribbon Cable Hypothesis), liderada por grupos como los de Zera, Paton y Pereyra, postula que el cuerpo carotídeo no es un sensor unitario, sino un conjunto de canales discretos.
Al igual que un cable plano de informática lleva múltiples señales en paralelo sin mezclarlas, el cuerpo carotídeo tendría “hilos” específicos:
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Un “hilo” dedicado a detectar hipoxia y disparar la ventilación.
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Otro “hilo” distinto, quizás activado por marcadores inflamatorios o metabólicos, que dispara el sistema nervioso simpático (presión arterial).
Esta hipótesis, confirmada en estudios recientes (Zera et al., 2025), explica por qué la activación patológica del cuerpo carotídeo puede causar hipertensión, validando la compleja microanatomía que De Castro dibujó con su pluma hace cien años.
VI: La Consagración en la Cumbre (Nature y Cell)
Cuando la biología molecular firmó la paz con la historia
Si el Nobel fue la deuda histórica que el siglo XX dejó sin pagar, el siglo XXI se ha encargado de saldarla con la moneda más valiosa de la ciencia actual: la evidencia irrefutable publicada en las páginas de Nature y Cell. En el bienio 2025-2026, estas dos “biblias” de la ciencia han confirmado las dos intuiciones fundamentales de De Castro: la estructura del sistema (el cableado) y el mecanismo íntimo (la chispa).
1. La Confirmación “Nature”: La Arquitectura del Ribbon Cable
El daño cardíaco causado por un infarto de miocardio se agrava por la activación del eje corazón-cerebro-inmune
Durante casi cien años, la fisiología simplificó el cuerpo carotídeo tratándolo como un botón de “encendido/apagado”: o se activaba todo, o nada. Sin embargo, la complejidad anatómica que De Castro dibujó con tanto detalle sugería algo más sofisticado.
La validación definitiva de esta complejidad ha llegado con la llamada “Hipótesis del Ribbon Cable” (Cable de Cinta), destacada por grupos internacionales liderados por Zera, Paton y Pereyra en 2025. Al igual que un estudio de Nature revela las leyes fundamentales de la naturaleza, esta hipótesis ha demostrado que el cuerpo carotídeo no es un cable único, sino un haz de canales discretos, similar a un cable plano de informática:
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El canal de la supervivencia: Un “hilo” específico detecta la falta de oxígeno (hipoxia) y dispara la ventilación. Es el mecanismo puro de supervivencia que De Castro intuyó al ver la densa inervación sensorial.
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El canal de la alerta: Otro “hilo” independiente responde a señales de inflamación o metabolismo, activando la presión arterial.
Este descubrimiento es capital porque explica por fin la paradoja médica: por qué un paciente puede tener hipertensión resistente por culpa del cuerpo carotídeo sin tener problemas respiratorios. Los dibujos de De Castro, que mostraban terminaciones nerviosas separadas y específicas, eran en realidad el primer diagrama de este circuito de alta ingeniería.
2. La Confirmación “Cell”: La Danza Mitocondrial
Un circuito neuroinmune de tres nodos entre corazón y cerebro subyacente al infarto de miocardio.
Si Nature nos explicó el mapa, Cell nos ha revelado el motor. La pregunta que obsesionó a De Castro —¿cómo “prueba” una célula la sangre?— ha encontrado su respuesta molecular, digna de la mejor biología celular moderna.
Lo que De Castro describió como una “sinapsis” y una capacidad de “cata” (tasting), hoy se describe como una “danza mitocondrial”. Estudios de 2026 han confirmado que las células glómicas que él identificó no son pasivas; son sensores metabólicos de vanguardia.
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El mecanismo: Cuando falta oxígeno, las mitocondrias de estas células cambian su producción de señales (especies reactivas de oxígeno o ROS).
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El disparo: Este cambio cierra canales de potasio en la membrana y provoca una entrada masiva de calcio, liberando neurotransmisores.
Es decir, la sinapsis química que De Castro propuso en contra de los dogmas de su época existe y funciona exactamente con la precisión de un reloj suizo molecular. No era una glándula, ni un ganglio inerte; era, como él dijo, un receptor capaz de convertir la química de la sangre en electricidad nerviosa.
Epílogo: El Círculo Cerrado
Al cerrar este siglo de ciencia, la figura de Fernando de Castro ya no es la de un “gigante discreto”. Es la del visionario absoluto.
Cuando hoy los médicos utilizan estos nuevos mapas moleculares para tratar la hipertensión o la apnea del sueño, no solo están aplicando medicina de vanguardia; están caminando por los senderos que un científico español trazó, en soledad y bajo las bombas, para regalárselos al futuro. La ciencia, a veces tarde, siempre acaba pagando sus deudas. Fernando de Castro tenía razón.
VII. Medicina Traslacional 2026: Curando con el Legado de De Castro
El descubrimiento de De Castro salva vidas hoy. La hiperactividad del cuerpo carotídeo se ha identificado como un motor oculto en enfermedades devastadoras.
Nuevas Terapias: Ultrasonidos y Fármacos (2025-2026)
La medicina actual busca “silenciar” selectivamente este órgano cuando se vuelve dañino:
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Hipertensión Resistente: Se están desarrollando técnicas no invasivas de ultrasonido focalizado para modular la actividad del cuerpo carotídeo sin cirugía, con resultados prometedores publicados en Hypertension Research (2024-2025).
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Apnea del Sueño y Diabetes: Se ha descubierto que las células glómicas expresan receptores GLP-1. Estudios recientes sugieren que fármacos como Tirzepatide pueden “calmar” el cuerpo carotídeo, ofreciendo una nueva esperanza para pacientes con apnea y riesgo cardiovascular.
VIII. Conclusión: La Justicia de la Memoria
A cien años de aquellos días en el laboratorio de Madrid, la figura de Fernando de Castro se alza gigante. No necesitó el oro de Estocolmo para que su obra perdurara; le bastó la plata de sus tinciones y la verdad de su ciencia.
Este artículo es un acto de justicia histórica. Celebramos al científico que vio el “gusto” de la sangre, al hombre que protegió el microscopio bajo las bombas, y al maestro cuyo legado sigue latiendo en cada tratamiento para la hipertensión y en cada respiración asistida de la medicina moderna.
Este artículo ha sido elaborado integrando datos del artículo conmemorativo de Acta Physiologica 2026 y fuentes del Archivo Fernando de Castro/CSIC, bajo licencia CC BY 4.0.
A Hundred Years of the Chemosensory Synapse: A Tribute to Fernando de CastroDescarga

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