Jesús Martínez Frías CSIC y Reales Academias de Ciencias y Doctores de España

Es un hecho bien conocido que a Cajal, además de sus extraordinarias investigaciones y legado científico en relación con el cerebro, le maravillaba todo lo relacionado con la naturaleza y el universo. Sobre esto último, como ya se ha indicado en diversas publicaciones y tuve la oportunidad de explicar y subrayar en la magnífica Jornada Homenaje a nuestro gran genio, celebrada en 2025 en Salamanca, hay pruebas más que evidentes.

Estas no solo se refieren a su interés personal por la temática (se compró un telescopio que, en aquella época le costó 15.000 pesetas y realizó anotaciones en el libro Memorias de un Astrónomo, de Flammarion, entre otras actividades que le vinculaban con el espacio). Yendo más allá, también se entrelazan, a través de un hilo invisible, con las diversas conexiones de Cajal sobre aspectos planetarios y astrobiológicos (Adserias, 2025a y b, Martínez-Frías, 2025a y b).

El telescopio de Cajal del Instituto Cajal
El telescopio de Cajal del Instituto Cajal
Memorias de un Astrónomo de Flammarion repleto de anotaciones de Cajal
Memorias de un Astrónomo de Flammarion repleto de anotaciones de Cajal

La proyección de Cajal se ha extendido (y se sigue extendiendo) más allá de las fronteras de la Tierra, principalmente en tres ámbitos: el transbordador espacial Columbia, la Luna y el cinturón de asteroides (Martínez-Frías, 2025a). Específicamente, en relación con la Luna, que es el tema que nos ocupa, la figura de Cajal ya se ha proyectado de manera importante hacia nuestro satélite: Cajal es un pequeño cráter lunar de impacto, de 9 km de diámetro, que se encuentra en la parte norte del Mare Tranquilitatis. Relativamente aislado, se localiza a medio camino entre Sinas (al sur) y Vitruvius (al norte). Tiene forma cónica, con una profundidad de 1,8 km, por lo que su ladera presenta una pendiente media de aproximadamente el 40%. Su denominación fue aprobada por la IAU en 1973 (Martínez-Frías, 2025a).

Fig. 1: Izqda: Localización del cráter Cajal en la Luna. Dcha: imagen del cráter obtenida por la cámara LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter). Créditos: NASA. 
Fig. 1: Izqda: del cráter Cajal en la Luna. Dcha: del cráter obtenida por la cámara LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter). Créditos: NASA.

A pesar de la complejidad geopolítica actual, es casi inmediata nuestra vuelta tripulada a la Luna este mismo año con el programa Artemisa. Si todo va según lo planeado, la misión Artemisa II será la primera en llevar humanos a orbitar la Luna, programada tentativamente para febrero o abril de 2026, con un futuro aterrizaje tripulado (Artemisa III), para 2027 o después, dependiendo de los avances y retrasos, consolidando así una presencia humana sostenible en el espacio. 

Artemis o Artemisa​ es un programa internacional de vuelo espacial tripulado, liderado por la NASA, junto con varias empresas privadas de vuelos espaciales de EE. UU. y ocho importantes agencias asociadas; Agencia Espacial Europea (ESA), Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), Agencia Espacial Canadiense (CSA), Agencia Espacial de Israel (ISA), Agencia Espacial Australiana (ASA), Agencia Espacial Italiana (ASI), Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y la Agencia Espacial del Reino Unido (UKSA). Se desarrolla en varias etapas (hasta diez fases) y en 2026 ya nos encontramos en la fase II (Artemisa I se inició en 2022).

Específicamente, Artemisa II enviará a cuatro astronautas a orbitar la Luna, pero sin aterrizar, marcando el regreso de humanos al espacio lunar por primera vez en décadas tras las misiones del programa Apolo, incluyendo a la primera mujer y persona afroamericana. Artemisa II se considera una misión de prueba que llevará a los cuatro astronautas elegidos (Fig.2): Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch (especialista de misión) y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, también especialista, a un viaje de ida y vuelta en el que orbitarán una vez la Luna para después, de acuerdo con lo planificado, regresar a la Tierra unos 10 días después.

Fig. 2: Tripulación de Artemisa II. Créditos: NASA.
Fig. 2: Tripulación de Artemisa II. Créditos: NASA.

La NASA, como suele ser habitual en algunas de sus misiones, ha abierto la posibilidad de enviar nombres a la Luna, incorporándolos como parte de la misión, en una tarjeta SD que formará parte de la sonda Orión que volará y orbitará nuestro satélite. Si todo va bien, el lanzamiento tendrá lugar de manera inminente y el nombre de Cajal no podía faltar (Fig.3).

Fig.3: Tarjeta de embarque (oficial), facilitada por la NASA, certificando los nombres que volarán (y la orbitarán) la Luna con Artemisa II, en este caso, el de nuestro afamado Nobel.

Personalmente, me pregunto si cuando Cajal con su telescopio dirigía, curiosa y apasionadamente, su mirada a la superficie de nuestro satélite, podría imaginarse que él mismo daría nombre a uno de sus cráteres. Incluso más ¿qué pensaría al saber que él mismo formaría parte de la primera misión tripulada, que orbitaría la Luna decenios después?

Esta sencilla tarjeta de embarque pretende ser un tributo a nuestro colosal genio español y un elemento más que demuestra que la figura y el legado de Cajal trascienden las fronteras de nuestro planeta con nuevas proyecciones hacia el cosmos, que seguirán en el futuro. Artemisa III (prevista para 2027) será la misión que tendrá como uno de sus objetivos aterrizar (de nuevo) humanos en la superficie lunar, un hito fundamental para la exploración lunar a largo plazo y también, de manera más estratégica, la preparación para futuras misiones tripuladas a Marte. Si todo va bien, Cajal también estará en ellas. Al menos, ese es mi compromiso personal como investigador y como cajaliano.