Dedicado a Estanislao Nistal Villán

El año 1885 se erige en la historia de España como un momento de profunda dualidad, un punto de inflexión donde la desolación de una crisis sanitaria sin precedentes convergió con el nacimiento de una nueva era científica. Fue un período de inmenso sufrimiento, marcado por la cuarta pandemia de cólera que asoló la península, dejando un rastro de muerte y dolor. Sin embargo, en medio de esta catástrofe nacional, este mismo año se convirtió en el crisol de la modernidad biomédica española. Este artículo traza una saga que se inicia en ese año cero, siguiendo dos hilos narrativos que, aunque aparentemente dispares, se entrelazan para tejer la historia de la ciencia española en el siglo XX. El primero es una tragedia íntima: la muerte de una madre en un pequeño pueblo de Aragón, un evento que alteró irrevocablemente el destino de su hijo de cinco años, Jorge Francisco Tello y Muñoz, y lo encaminó hacia el epicentro de la ciencia nacional. El segundo es un desafío científico: el encargo que recibió un joven y ambicioso catedrático, Santiago Ramón y Cajal, para combatir la epidemia, una misión que lo impulsó al campo de batalla de la inmunología naciente y lo llevó a desarrollar una de las primeras vacunas inactivadas del mundo.

Mapa de la extensión de la epidemia de cólera de 1885, publicado en el BEDS.
Mapa de la extensión de la epidemia de cólera de 1885, publicado en el BEDS.

Los acontecimientos de 1885 no quedaron confinados a ese año de dolor. Generaron una onda expansiva cuyas repercusiones se extendieron a lo largo de siete décadas, influyendo en la creación de instituciones científicas fundamentales, en la consolidación de la escuela de investigación más importante de la historia de España —la Escuela de Cajal— y, finalmente, en la dramática historia de su persecución, supervivencia y resiliencia a través de las turbulentas décadas de la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. Esta es la crónica de cómo una tragedia personal y un desafío científico se transformaron en un legado perdurable; una historia que transita del dolor individual a la resiliencia colectiva, demostrando cómo el capital humano y el ethos científico de una generación pudieron sobrevivir a la aniquilación política gracias a la previsión, la colaboración y la creación de refugios institucionales inesperados.

I. 1885: Un Año de Cólera, Ciencia y Dolor

El año 1885 fue el escenario de una confluencia de eventos que sentaron las bases para una narrativa de largo alcance en la ciencia española. La epidemia de cólera no solo fue una catástrofe de salud pública, sino también el catalizador que unió de forma indeleble el destino de la familia Tello con el de Santiago Ramón y Cajal, marcando el inicio de una relación maestro-discípulo que definiría el futuro de la neurociencia y la patología en España.

1.1. La Tragedia Fundacional: La Familia Tello y la Epidemia de 1885

La cuarta pandemia de cólera, que había reaparecido en España en 1884, alcanzó su punto más álgido y devastador en el verano de 1885. La provincia de Zaragoza fue una de las más castigadas, con condiciones sanitarias que facilitaron la propagación fulminante del Vibrio cholerae. Las ciudades y pueblos sufrían de una infraestructura deficiente, con calles sin pavimentar, falta de sistemas de alcantarillado y un suministro de agua potable a menudo contaminado por pozos negros y acequias. En este entorno de vulnerabilidad, la enfermedad se cobró más de 120,000 vidas en toda España, dejando una profunda cicatriz demográfica y social.

En el pequeño municipio balneario de Alhama de Aragón, en Zaragoza, esta tragedia nacional adquirió un rostro íntimo y personal. En 1885, la madre de Jorge Francisco Tello y Muñoz sucumbió a la enfermedad. Este lamentable suceso se convirtió en el punto de inflexión de su vida con tan solo cinco años de edad. La pérdida no solo desestructuró a la familia, sino que impulsó a su padre a tomar una decisión drástica: abandonar Aragón y trasladarse a Madrid en busca de un nuevo comienzo.

Mapa. Mortalidad y mortandad en el ámbito de la Aragón. Elaboración de Fco. Javier Lozano-Allueva a partir de los datos oficiales del Boletín de Estadística Sanitario-Demográfica de 1887.
Mapa. Mortalidad y mortandad en el ámbito de la Aragón. Elaboración de Fco. Javier Lozano-Allueva a partir de los datos oficiales del Boletín de Estadística Sanitario-Demográfica de 1887.
Mapa. Inicio de la epidemia, en el ámbito de la Aragón. Elaboración de Fco. Javier Lozano-Allueva a partir de los datos oficiales del Boletín de Estadística Sanitario-Demográfica de 1887.
Mapa. Inicio de la epidemia, en el ámbito de la Aragón. Elaboración de Fco. Javier Lozano-Allueva a partir de los datos oficiales del Boletín de Estadística Sanitario-Demográfica de 1887.

Dicho traslado, nacido del dolor y la pérdida, fue, sin saberlo, el primer paso en la construcción de un extraordinario legado científico. La decisión del padre de Tello de establecerse en la capital no fue un mero cambio geográfico; fue el acto que insertó al joven Jorge en el corazón intelectual y político de la nación. Madrid le ofreció acceso a una educación de élite, primero en el prestigioso Instituto Cardenal Cisneros y más tarde en la Facultad de Medicina de la Universidad Central. Sin la tragedia de 1885, es plausible que Tello hubiera seguido un camino completamente diferente, lejos del entorno académico que le permitiría, años más tarde, cruzar las puertas del laboratorio de Santiago Ramón y Cajal. De este modo, la epidemia de cólera, un agente de muerte, actuó como un catalizador inesperado, creando las condiciones para que el futuro sucesor de la Escuela de Cajal encontrara a su maestro. El dolor personal de la familia Tello se convirtió, por un giro del destino, en la semilla de una futura dinastía científica.

1.2. La Vacuna de Cajal: Una Controversia en los Albores de la Inmunología

Fotografías microscópicas del Vibrio Cholerae realizadas por Cajal.
Dibujos del , o , realizados por Cajal y remitidas a su amigo Jaime Ferrán y Clúa el 8 de julio de 1884. Fotografía del libro .

Mientras la familia Tello sufría su pérdida, la misma epidemia de cólera se convertía en el campo de pruebas para un joven catedrático de anatomía en Valencia, Santiago Ramón y Cajal. La Diputación de Zaragoza, alarmada por la virulencia del brote, le encomendó una misión de vital importancia: investigar el microbio causante de la enfermedad y, fundamentalmente, evaluar la eficacia y seguridad de la vacuna que su compañero, aficionado a la fotografía, el médico corberano Jaime Ferrán y Clúa estaba administrando masivamente en la región de Levante.

Apostolado de la vacuna anticolérica en 1885.
El Dr. Amalio Gimeno firmé entre el apostolado de la vacuna anticolérica en 1885. Fotografía del libro .
Personas esperando para ser vacunadas. La Ilustración española y americana
8/agosto/1885 (fragmento) (B.N.E.). Dibujo al natural por R.J. Contell, de Valencia.
Personas esperando para ser vacunadas. La Ilustración española y americana 8/agosto/1885 (fragmento) (B.N.E.). Dibujo al natural por R.J. Contell, de Valencia.

Los resultados de la investigación de Cajal fueron plasmados en su monografía de 1885, Estudios sobre el microbio vírgula del cólera y las inoculaciones profilácticas. Memoria presentada a la Excma. Diputación de Zaragoza, que comisionó al autor para estudiar la epidemia colérica y dictaminar acerca del valor de la profilaxis Ferrán. En este trabajo, Cajal no solo criticó el método de Ferrán, sino que fue pionero en el desarrollo de un concepto revolucionario: la «vacuna química». A través de sus experimentos con animales, demostró que era posible conferir inmunidad mediante la inyección de cultivos del bacilo del cólera que habían sido inactivados por calor. Su conclusión fue que la protección no provenía del microbio vivo, como proponía Ferrán, sino de «ciertos productos engendrados por éstos y no descomponibles a una temperatura elevada». Este fue uno de los primeros postulados científicos de una vacuna inactivada, un principio fundamental en la inmunología moderna.

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Este descubrimiento situó a Cajal en conflicto directo con Jaime Ferrán. La controversia no era meramente una rivalidad personal, sino un choque fundamental entre dos paradigmas científicos emergentes. Ferrán, ante la urgencia de la epidemia, representaba un enfoque pragmático, casi empírico, aplicando a gran escala una vacuna de gérmenes vivos que prometía resultados inmediatos, aunque su seguridad y eficacia no estuvieran rigurosamente demostradas. Cajal, en cambio, encarnaba el rigor del método científico experimental. Su crítica principal se centraba en la falta de un modelo animal fiable; argumentaba que, sin haber logrado reproducir de forma consistente el «cólera experimental» en animales, era científicamente imprudente y éticamente cuestionable proceder a la vacunación masiva en humanos. Sostenía que solo con un modelo animal se podrían determinar los niveles adecuados de atenuación del germen y evaluar objetivamente los efectos de la vacuna.

Como nos recuerda el sabio en sus memorias sobre sus aportaciones en Recuerdos de mi vida.

Entre otras menudencias originales, figuraban, en el orden técnico, un proceder práctico y sencillo para teñir el bacillus comma, y otro encaminado a conservar, colorear y montar definitivamente sus colonias en gelatina y agar, etc. (Citado y confirmado más adelante por Van Ermergen.)

En el orden científico, añadíamos:

  • a, un análisis comparativo minucioso de los microbios de las aguas y deyecciones, dotados, a semejanza del vírgula, de la propiedad de liquidar la gelatina;

  • b, la demostración (independientemente de Pfeiffer) de que el microbio de Koch, poco patógeno en inyección subcutánea, resulta sumamente virulento en el peritoneo del cobaya;

  • c, y sobre todo, la prueba experimental de la vacuna química, es decir, de la posibilidad de preservar a los animales de los efectos tóxicos del vírgula más virulento, inyectándoles de antemano, por la vía hipodérmica, cierta cantidad de cultivos muertos por el calor.”

A pesar de la trascendencia de sus hallazgos, la contribución de Cajal a la inmunología pasó prácticamente desapercibida en la escena internacional. El mérito del desarrollo de las vacunas inactivadas fue atribuido un año después, en 1886, a los bacteriólogos estadounidenses Daniel Salmon y Theobald Smith. Cajal, en sus memorias, atribuyó este olvido a una barrera lingüística, lamentando amargamente que «el español es una lengua desconocida de los sabios», una frustración que reflejaba el aislamiento de la ciencia española de la época.

1.3. El Legado Material del Cólera: Un Microscopio para el Futuro

La labor de Cajal durante la epidemia no solo le granjeó prestigio local, sino que también le proporcionó una herramienta que sería decisiva para su futuro. En agradecimiento por su dedicación y rigor científico, la Diputación de Zaragoza le obsequió con un «magnífico microscopio Zeiss», un instrumento que el propio Cajal describiría como la «última palabra entonces de la óptica amplificante».

Este regalo no era un mero instrumento, sino la llave a un nuevo universo de observación. La década de 1880 fue un período de innovación sin precedentes en la microscopía, gracias a la colaboración entre el óptico Carl Zeiss, el físico Ernst Abbe y el químico experto en vidrio Otto Schott. El microscopio que recibió Cajal, un modelo de última generación, incorporaba dos avances tecnológicos revolucionarios. El primero era el condensador de Abbe, desarrollado en 1870, un sistema de lentes situado bajo la platina que concentraba la luz sobre la muestra, mejorando drásticamente la iluminación y el contraste, algo esencial para visualizar estructuras teñidas débilmente. El segundo, y más importante, eran los objetivos apocromáticos, introducidos por Zeiss en 1886. Estas lentes, fabricadas con nuevos tipos de vidrio de fluorita desarrollados por Schott, corregían la aberración cromática para tres colores (rojo, azul y verde) y la aberración esférica para dos, ofreciendo una nitidez, resolución y fidelidad de color que eran inalcanzables para los objetivos acromáticos anteriores.

Autorretrato de Cajal en su laboratorio de Valencia hacia 1885, coloreado por Rafael Navarrete.
Autorretrato de Cajal en su laboratorio de Valencia hacia 1885, coloreado por Rafael Navarrete.

Este instrumento de vanguardia se convirtió en el puente tecnológico que permitió a Cajal transitar desde sus incursiones en la bacteriología hacia el campo que lo inmortalizaría: la neurohistología. La epidemia de cólera fue la circunstancia que puso en sus manos la herramienta tecnológicamente más avanzada de su tiempo. La capacidad de este microscopio para resolver los detalles más finos de las preparaciones histológicas fue precisamente lo que Cajal necesitaba para desentrañar el «enmarañado y misterioso bosque» del sistema nervioso. Así, la lucha contra una enfermedad infecciosa le proporcionó los medios materiales para revolucionar por completo nuestra comprensión del cerebro.

Estuche con una jeringa de 1885 de Ramón y Cajal, en la exposición de Madrid.
Estuche con una jeringa de 1885 de Ramón y Cajal, en la exposición de Madrid del Museo de Ciencias Naturales.

Tabla 1: La Controversia de la Vacuna contra el Cólera de 1885

CaracterísticaMétodo del Dr. Jaime FerránMétodo del Dr. Santiago Ramón y CajalMétodo de los Dres. Daniel Salmon y Theobald SmithTipo de VacunaGérmenes vivosInactivada («Química»)InactivadaPrincipio CientíficoLa inoculación de microbios vivos con virulencia reducida confiere inmunidadLa inmunidad es conferida por productos químicos estables al calor, generados por los microbios, no por el germen vivoLa inyección de los productos químicos de los microbios muertos confiere inmunidadModelo AnimalNo establecido rigurosamente; la validez del «cólera experimental» era cuestionadaConsiderado esencial para la prueba de concepto, pero Cajal concluyó que no existía un modelo animal fiable para la enfermedad humanaPalomas (para el cólera porcino)Aplicación HumanaCampañas de vacunación masiva e inmediata en la población afectada por la epidemiaAbogaba por la necesidad de ensayos previos y rigurosos en animales antes de cualquier aplicación en humanosNo aplicable directamente (investigación veterinaria)Consideraciones de SeguridadRiesgo potencial de infección por una atenuación inconsistente o reversión de la virulenciaPerfil de alta seguridad al utilizar microbios muertos, eliminando cualquier riesgo de infecciónPerfil de alta seguridadAño de Publicación188518851886Idioma de PublicaciónEspañolEspañolInglésRecepción InternacionalControvertidaPrácticamente nulaAmplia; se les atribuyó el descubrimiento

La técnica de Ferrán se apoyaba en la creencia de que todo microbio sacado de un organismo vivo y cultivado en medio artificial se atenuaba y convertía en vacuna con poder inmunizante, profiláctico y curativo.

En realidad no se trataba de vacunas, sino de caldos de cultivo que inyectaba en dosis crecientes, y lo que hizo Cajal fue repetir los experimentos, pero modificándolos “en el sentido de que inyectaba, en lugar de cultivo vivo, bacilos muertos que obraban igual, pero con peligro menor”.

Pedro Ramón y Cajal

II. El Bastión de la Salud Pública y el Legado Humano de la Escuela Cajal

2.1. Orígenes y Misión en la España de la Regeneración

La creación del [Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología de Alfonso XIII](http://Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología de Alfonso XIII), formalizada por Real Decreto el 28 de octubre de 1899, no fue un mero acto administrativo, sino la respuesta de un Estado en plena crisis de identidad a los desafíos sanitarios que amenazaban a su población. Su nacimiento se inscribe en el corazón del movimiento Regeneracionista, esa corriente intelectual y política que, tras el trauma nacional del “Desastre del 98”, clamaba por la modernización de España, por su equiparación con las naciones europeas más avanzadas y por la superación de un atraso secular que se manifestaba con crudeza en el ámbito de la salud pública. La amenaza inminente de una epidemia de peste en Oporto durante el verano de 1899 actuó como catalizador final, evidenciando la urgente necesidad de una estructura científica centralizada y eficaz para la defensa sanitaria del país.

Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología de Alfonso XIII
Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología de Alfonso XIII

El nuevo organismo no partía de cero, sino que representaba una consolidación estratégica de fuerzas. El Real Decreto que le dio vida supuso la disolución y fusión de entidades preexistentes, como el Instituto Central de Bacteriología e Higiene y el Instituto de Vacunación del Estado, unificando bajo un mismo techo la producción de agentes inmunizantes y la investigación bacteriológica. Esta centralización era fundamental para coordinar una respuesta nacional coherente frente a las enfermedades infecciosas.

La elección de su primer director fue una declaración de intenciones y una garantía de éxito. La dirección fue encomendada a Santiago Ramón y Cajal, cuya figura, ya aureolada por el prestigio internacional, confería al proyecto una autoridad científica y moral incuestionable. La presencia de Cajal al frente no solo atrajo a los más eminentes investigadores de la época, como Gustavo Pittaluga o Sadí de Buen, sino que también otorgó al Instituto el “capital simbólico” necesario para recabar apoyos políticos y superar las inevitables resistencias burocráticas.

La misión del Instituto, rebautizado en 1911 como Instituto Nacional de Higiene (INH) Alfonso XIII, era ambiciosa y multifacética. Sus objetivos fundamentales abarcaban desde la preparación y expedición de sueros y vacunas para el diagnóstico, profilaxis y tratamiento de enfermedades en humanos y animales, hasta la realización de análisis bacteriológicos y químicos de alimentos, bebidas y medicamentos. Además, asumió una labor docente crucial, impartiendo formación práctica en bacteriología a los futuros funcionarios de la Sanidad Pública, y se le encomendó la custodia y reparación del parque sanitario civil. Tras una etapa inicial en un modesto local alquilado en la calle Ferraz, el Instituto se trasladó entre 1914 y 1915 a su emblemático y definitivo edificio en la Moncloa, un símbolo arquitectónico de la aspiración modernizadora que lo había engendrado.

Instituto Nacional de Higiene (INH) Alfonso XIII
Instituto Nacional de Higiene (INH) Alfonso XIII

2.2. Fases de Desarrollo y la Tensión entre Servicio Público y Viabilidad Económica

Santiago Ramón y Cajal en un icónico autorretrato en su mesa de trabajo, c. 1905. La ubicación no es la facultad universitaria, sino su centro de investigación personal, el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, que desde 1902 estuvo alojado en el Museo Antropológico del Paseo de Atocha, 13. Fue en este laboratorio donde Cajal y sus discípulos forjaron los cimientos de la neurociencia moderna.
Santiago Ramón y Cajal en un icónico autorretrato en su mesa de trabajo, c. 1905. La ubicación no es la facultad universitaria, sino su centro de investigación personal, el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, que desde 1902 estuvo alojado en el Museo Antropológico del Paseo de Atocha, 13. Fue en este laboratorio donde Cajal y sus discípulos forjaron los cimientos de la neurociencia moderna.

La trayectoria del Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII es un fiel reflejo de las convulsiones, aspiraciones y fracasos de la España del primer tercio del siglo XX. Su historia, más que la de una simple entidad científica, funciona como un barómetro de la salud política y social de la nación.

Archivos del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII. Biblioteca Nacional de España.
Archivos del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII. Biblioteca Nacional de España.
Boletín del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII. Biblioteca Nacional de España.
Boletín del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII. Biblioteca Nacional de España.
  • Fase de Creación y Consolidación (1899-1914): Estos primeros años estuvieron marcados por una notable precariedad económica que ponía a prueba la resiliencia de sus fundadores. El presupuesto inicial era exiguo, una realidad que se materializaba en los sueldos de su personal: el propio Cajal, como director, percibía 3.000 pesetas anuales, mientras que su discípulo predilecto y futuro director, Jorge Francisco Tello, comenzaba con un salario de 1.250 pesetas. Esta escasez de fondos públicos obligó al Instituto a desarrollar una estrategia de autofinanciación, recurriendo a la venta de sus productos bacteriológicos a particulares y a la impartición de cursos de pago.³ Esta dinámica generó una tensión fundamental y constante entre su vocación de servicio público, que exigía la gratuidad de muchas de sus prestaciones, y la cruda necesidad de asegurar su viabilidad económica. La producción de suero antidiftérico, por ejemplo, se financiaba en parte con la venta de dosis a unidades militares.

  • Fase de Madurez y Auge (1914-1924): La Primera Guerra Mundial, a pesar de sus devastadoras consecuencias globales, representó un punto de inflexión para el Instituto. La interrupción de las rutas comerciales internacionales y la consiguiente dificultad para importar medicamentos desde las potencias centrales europeas actuaron como un poderoso estímulo para la producción nacional. El propio reglamento del Instituto de 1916 justificaba su necesidad por “el incremento de su producción de sueros, vacunas […] con motivo de la Guerra europea”. Este auge productivo, sumado al prestigio que le confería su nueva y moderna sede en la Moncloa, consolidó al INH como una institución de referencia no solo en España, sino también en el extranjero.² Durante esta fase, el Instituto se convirtió en el epicentro de la ciencia aplicada en España, pero su funcionamiento interno revela un modelo de “ciencia personalizada”, profundamente arraigado en la estructura de la Escuela de Cajal. El éxito no dependía de protocolos impersonales, sino de una red de lealtades y relaciones personales. La continuidad del legado de Cajal fue asegurada por su discípulo Tello. El trabajo diario recaía en figuras clave como Jorge Ramón Fañanás, hijo del Nobel y jefe de la crucial sección de tratamientos antirrábicos, o el doctor Manuel Partearroyo, quien se convirtió en un verdadero “mártir de la ciencia” al fallecer a causa de una peste pulmonar contraída mientras investigaba en el laboratorio. Esta estructura, basada en la confianza y la transmisión directa de conocimiento maestro-discípulo, fue su gran fortaleza, pero también una potencial debilidad, al depender en exceso de figuras carismáticas y de sus círculos cercanos.

Cabe apuntar que en 1923, Santiago Ramón y Cajal, el gran científico español, Premio Nobel de Medicina, lo comparaba con los mejores centros de investigación del extranjero.

Rafael Fernández vía La Razón

  • Fase de Declive y Desmantelamiento (1924-1939): El lento declive del Instituto comenzó paradójicamente en un momento de reorganización y aparente progreso de la sanidad española. La creación de la Escuela Nacional de Sanidad en 1924, aunque necesaria, supuso un duro golpe para el INH, que vio cómo se le arrebataban parte de sus funciones docentes y, con ellas, una considerable cuota de prestigio e influencia. La posterior prohibición de expedir productos bacteriológicos a particulares le privó de una fuente de ingresos que había sido vital para su supervivencia y expansión. El golpe de gracia llegó con la Guerra Civil. El edificio de la Moncloa, situado en pleno frente de Madrid, fue completamente destruido durante la contienda. Tras la guerra, el nuevo régimen decidió no reconstruirlo, y sus funciones fueron definitivamente absorbidas por otros centros, poniendo fin a una institución que había sido el buque insignia de la salud pública española durante cuatro décadas. Su aniquilación física por el mayor cataclismo nacional del siglo XX selló el destino de un proyecto nacido del impulso modernizador y destruido por la fractura del país que pretendía sanar.

2.3. La Producción de Vida: Sueros y Vacunas en Cifras

Para comprender la magnitud del impacto del Instituto Nacional de Higiene en la sociedad española, es imprescindible trascender la descripción de sus funciones y analizar los datos cuantitativos de su labor. La producción de sueros y vacunas no era una actividad marginal; era una operación a gran escala que salvó incontables vidas y representó la primera línea de defensa organizada contra las plagas que asolaban el país.

  • Rabia: La Sección de Tratamientos Antirrábicos, dirigida por Jorge Ramón Fañanás, hijo de Cajal, se erigió como un centro de referencia nacional. Diariamente, atendía a un promedio de “un centenar de personas” procedentes de casi todas las provincias españolas, con la notable excepción de Cataluña, que contaba con su propio laboratorio municipal en Barcelona. La vocación social del Instituto era evidente: el tratamiento era completamente gratuito para la inmensa mayoría, con un 95% de los pacientes presentando un certificado de pobreza. El éxito del método empleado, basado en la técnica de Hogyes, era extraordinario para la época, alcanzando una tasa de mortalidad que “no llega al uno por mil”, una de las cifras más bajas a nivel mundial y un testimonio de la excelencia técnica del centro.

  • Viruela: La lucha contra esta enfermedad fue, quizás, el esfuerzo más masivo del Instituto. La vacunación antivariólica se realizaba de forma sistemática y gratuita. En años de especial alarma sanitaria, cuando las autoridades dictaban campañas de inmunización masiva, las cifras eran asombrosas: “los vacunados aquí han pasado del millón y medio” en un solo año. Esta capacidad para movilizar recursos y atender a una porción tan significativa de la población demuestra el papel central del INH en la estructura sanitaria del Estado.

  • Difteria: El suero antidiftérico fue uno de los primeros productos clave en el arsenal terapéutico del Instituto, proporcionando por primera vez un tratamiento curativo eficaz. Aunque no se conservan cifras exactas de producción anual, los registros indican que su elaboración se autofinanciaba en gran medida mediante la venta de dosis a instituciones como las unidades militares. Se comercializaba en ampollas de 5, 10 y 25 ml, con precios respectivos de 1,50, 2,50 y 5 pesetas, lo que da una idea de su accesibilidad.

  • Paludismo (Malaria): Bajo la enérgica dirección del Dr. Sadí de Buen, la sección de Parasitología emprendió una campaña sistemática contra el paludismo, una enfermedad endémica en vastas zonas de España. La estrategia no se limitó a la investigación en Madrid; se crearon institutos antipalúdicos sobre el terreno, como el de Navalmoral de la Mata (Cáceres), una de las provincias más afectadas.⁵ Los resultados fueron tangibles: en Cáceres, la tasa de mortalidad por paludismo se redujo drásticamente, pasando de 63.4 a 41.3 por 100,000 habitantes, una clara demostración del impacto de la intervención directa en salud pública.

  • Otras Enfermedades: El Instituto también fue pionero en la producción de suero antitetánico y mantuvo líneas de investigación activas sobre el tifus y el cólera. Aunque la vacuna anticolérica fue un desarrollo atribuido principalmente al Dr. Jaime Ferrán, la amenaza del cólera fue uno de los motivos fundacionales del INH. La efervescencia productiva de la época se refleja en la actividad de laboratorios asociados, como THIRF, también dirigido por un hijo de Cajal, que entre 1920 y 1927 registró 18 sueros y 27 vacunas diferentes, abarcando tanto la salud humana como la veterinaria.

EnfermedadProducto / ServicioDatos Cuantitativos y ObservacionesTasa de Éxito / Impacto RegistradoRabiaTratamiento antirrábico (Método Hogyes)Aproximadamente 100 tratamientos diarios. Gratuito para el 95% de los pacientes. Cobertura nacional (excepto Cataluña).Mortalidad inferior al 0.1% (uno por mil), una de las más bajas del mundo.ViruelaVacunación antivariólica masivaMás de 1.5 millones de vacunados en años de alarma sanitaria. Servicio gratuito.Contribución decisiva al control de la viruela en España.DifteriaSuero antidiftéricoProducción autofinanciada por ventas. Precios: 1,50 a 5 pesetas por ampolla.Proporcionó por primera vez un tratamiento curativo eficaz contra la difteria.PaludismoLucha antipalúdica integralCreación de institutos específicos (ej. Navalmoral de la Mata). Campañas sobre el terreno.Reducción significativa de la mortalidad en zonas endémicas como Cáceres.TétanosSuero antitetánicoProducción establecida por el Instituto.Proporcionó un tratamiento específico contra el tétanos.

Recibo del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII
Recibo del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII.

2.4. Jorge Francisco Tello: El Discípulo Predilecto y Guardián del Templo

Retrato de Jorge Francisco Tello publicado en la revista Mundo Gráfico, el 10 de marzo de 1920, página 17.
Retrato de Jorge Francisco Tello publicado en la revista Mundo Gráfico, el 10 de marzo de 1920, página 17.

La figura de Jorge Francisco Tello y Muñoz (1880-1958) es inseparable de la de su maestro, Santiago Ramón y Cajal, y encarna como ninguna otra la esencia de la escuela cajaliana: una mezcla de rigor científico, lealtad personal y un destino trágico ligado a los avatares de la historia de España. Descrito como el “discípulo predilecto” y el “primer estudiante genuino de la escuela cajaliana”, Tello unió su carrera a la del Nobel desde 1902, convirtiéndose en su más fiel colaborador y en el continuador natural de su obra.

El doctor Tello nos habla de la labor que realiza el Instituto con verdadero orgullo. ¿Cómo no, si es la obra del insigne Ramón y Cajal, y él, su discípulo predilecto, es su continuador.
El doctor Tello nos habla de la labor que realiza el Instituto con verdadero orgullo. ¿Cómo no, si es la obra del insigne Ramón y Cajal, y él, su discípulo predilecto, es su continuador. .

Su trayectoria profesional es un espejo de la de Cajal. Trabajó a su lado en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, amplió estudios en el prestigioso Instituto Koch de Berlín gracias a una beca de la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), y co-publicó con el maestro manuales de referencia como el de Anatomía Patológica y el de Histología normal y de técnica micrográfica, obras que formaron a generaciones de médicos españoles. La confianza de Cajal en él era absoluta, hasta el punto de que le sucedió en los puestos de mayor responsabilidad: fue director del Instituto Nacional de Higiene, catedrático de Histología y, finalmente, tras la muerte del maestro en 1934, director del Instituto Cajal. Tello no era un simple heredero; fue nombrado “guardián del templo”, el responsable de mantener viva la llama de la escuela científica más importante de la historia de España. A su vez, Tello se erigió como maestro de una nueva generación, formando a sus propios discípulos, entre los que se contaba el hijo de Cajal, Jorge Ramón Fañanás.

Mientras el doctor Ramón Fañanás explica a nuestro compañero Barango-Solís en qué consiste el tratamiento antirrábico, un paciente se apresta a sufrir el pinchazo salvador.
Mientras el doctor Jorge Ramón Fañanás explica a nuestro compañero Barango-Solís en qué consiste el tratamiento antirrábico, un paciente se apresta a sufrir el pinchazo salvador. .

Su lealtad, sin embargo, no fue meramente pasiva o académica. Se puso a prueba de la forma más dura durante la Guerra Civil. Mientras muchos intelectuales optaban por el exilio, Tello decidió permanecer en Madrid. Su compromiso con la legalidad republicana fue inquebrantable. El gobierno legítimo lo ratificó en su cargo de director del Instituto Cajal y, en plena contienda, en 1936, Tello aceptó el nombramiento de Decano de la Facultad de Medicina de Madrid. Fue una decisión de principios, un acto de valentía cívica que sellaría su destino. Durante los años de asedio, protegió activamente el legado material y científico de Cajal, salvaguardando el Instituto de los estragos de la guerra.

La victoria del bando franquista supuso el fin de su carrera y su condena al ostracismo. Como parte del programa de depuración del profesorado universitario, Tello fue despojado de su cátedra y de todos sus cargos en 1939. Vivió el resto de sus días en un doloroso “exilio interior”, una humillación silenciosa que simboliza la tragedia de toda una generación de sabios y liberales truncada por la intolerancia. Aunque fue simbólicamente restituido en su cátedra justo antes de su jubilación forzosa, el daño era irreparable. Murió en Madrid en 1958, como un recordatorio viviente de la gloria y la tragedia de la Edad de Plata de la ciencia española.

2.5. El Ocaso del Maestro: Un Entierro Civil en una España Convulsa

El entierro de Santiago Ramón y Cajal, fallecido el 17 de octubre de 1934, trascendió el duelo por la pérdida del mayor científico español para convertirse en un acto de alta tensión política, un reflejo de la extrema polarización que desgarraba a la España de la Segunda República durante el Bienio Negro. El sepelio, descrito por múltiples fuentes como “conflictivo”, fue el último campo de batalla donde se dirimió la visión del mundo del propio Cajal: laica, liberal y civil.

En este escenario, el papel de Jorge Francisco Tello como albacea testamentario fue absolutamente central y heroico. Cuando la comitiva fúnebre se disponía a partir de la casa del Nobel, un alto mando del Ejército, en representación del poder más conservador, intentó presidir el cortejo, buscando apropiarse simbólicamente de la figura del difunto. Fue entonces cuando Tello, en un acto de notable firmeza y coraje cívico, se interpuso. Le detuvo y le mostró el último testamento del maestro, donde Cajal había dejado escrita su “voluntad de que su entierro fuera puramente civil”. Con este gesto, Tello no solo cumplía un mandato legal, sino que defendía la integridad intelectual y la coherencia vital de su maestro frente a un intento de manipulación póstuma.

Comitiva fúnebre del científico español Santiago Ramón y Cajal. Madrid, 18/10/1934. Agencia EFE.
Comitiva fúnebre del científico español Santiago Ramón y Cajal. Madrid, 18/10/1934. Agencia EFE.

La tensión, lejos de disiparse, escaló en las calles de Madrid. Una multitud de discípulos, estudiantes y ciudadanos anónimos acompañaba el féretro, que era llevado a hombros en señal de máximo respeto. Sin embargo, tras recorrer apenas unos cientos de metros, fuerzas de la Guardia de Asalto y la Guardia Civil intervinieron por la fuerza, obligando a que el ataúd fuera introducido en un furgón para continuar su trayecto, un acto que fue percibido como una humillación y una profanación del duelo popular.

La policía impidió en la Puerta de Alcalá que el féretro fuera llevado a hombros por sus discípulos hasta el Cementerio de la Almudena, ya que días antes se había producido la revolución de 1934 en Asturias, Doctor Bacteria.
Fuerzas de la y la intervinieron por la fuerza, obligando a que el ataúd fuera introducido en un furgón para continuar su trayecto, un acto que fue percibido como una humillación y una profanación del duelo popular.

La escena final en el cementerio de La Almudena fue igualmente desoladora y caótica. La tumba familiar resultó ser demasiado pequeña para el féretro, y en una muestra de la improvisación y la brutalidad del momento, “fue preciso mutilar a golpes la sencilla tumba, arrancando ornamentos y molduras”, para poder introducir el ataúd. En medio de aquella triste escena, la figura de Tello emerge de nuevo, cargada de un profundo simbolismo. El relato de los testigos es unánime y conmovedor: “Tello, con los ojos humedecidos, contemplaba la triste escena y daba órdenes para acortarla. De su mano salió el primer puñado de tierra que cayó a la fosa”. Ese puñado de tierra no era solo un rito de despedida. Era el sello final de una vida de lealtad, el acto con el que el discípulo predilecto no solo enterraba físicamente a su maestro, sino que defendía y sepultaba con él su legado laico, hasta el último y definitivo instante.

2.6. Las Heridas de la Guerra: La Tragedia Familiar de los Ramón y Cajal

La Guerra Civil Española no solo representó la destrucción del proyecto científico y modernizador que Cajal había liderado, simbolizado en la aniquilación física de su Instituto. La contienda se inscribió de la forma más brutal y dolorosa en la propia historia de su familia, infligiendo una herida irreparable a su legado humano y generacional. La tragedia no fue un único golpe, sino una catástrofe que se cebó con dos generaciones de sus descendientes varones, aniquilando la estirpe científica que parecía destinada a continuar su obra.

Cuadros de Ramón y Cajal y de su mujer SiIveria, hechos por Escolá, comprados por el Dr. Bacteria.
Cuadros de Ramón y Cajal y de su mujer SiIveria, hechos por Escolá, que acabaron en el Rastro, junto con libros y objetos del Nobel . . Finalmente fueron comprados por el .
1.- Hija Pilar. 2.- Hija Fe (Felina). 3.- Hijo Santiago. 4.- Santiago Ramón y Cajal. 5.- Esposa Silveria Fañanás. 6.- Hijo Jorge. 7.- Hija Paula. 8.- Hijo Luis
Foto de familia hacia 1889. 1.- Hija Pilar. 2.- Hija Fe (Felina). 3.- Hijo Santiago. 4.- Santiago Ramón y Cajal. 5.- Esposa Silveria Fañanás. 6.- Hijo Jorge. 7.- Hija Paula. 8.- Hijo Luis. Numeración realizada por .
Foto de familia hacia 1889. 1.- Hijo Luis. 2.- Hija Pilar. 3.- Hijo Jorge. 4.- Hija Paula. 5.- Hijo Santiago. 6.- Esposa Silveria Fañanás. 7.- Hija Fe (Felina). Legado Cajal. Instituto Cajal (CSIC), Madrid.
Foto de familia hacia 1889. 1.- Hijo Luis. 2.- Hija Pilar. 3.- Hijo Jorge. 4.- Hija Paula. 5.- Hijo Santiago. 6.- Esposa Silveria Fañanás. 7.- Hija Fe (Felina). Legado Cajal. Instituto Cajal (CSIC), Madrid. Numeración realizada por .

La familia Cajal-Fañanás ya había conocido el dolor de la pérdida. Santiago Ramón y Cajal y su esposa, Silveria Fañanás, habían sufrido la muerte prematura de su hija Enriqueta en la infancia y, en 1911, la de su hijo Santiago a los veintinueve años, un golpe devastador para el científico. Sin embargo, la escala de la tragedia que trajo consigo la guerra fue de una magnitud diferente, pues supuso la práctica extinción de su línea de sucesión directa.

Silveria Petra Josefa Fañanás García
Silveria Petra Josefa Fañanás García. SIMURG
Enriqueta Ramón Fañanás - 9918477303204201
Enriqueta Ramón Fañanás. SIMURG
Santiago y Jorge Ramón Fañanás - 9918478223604201
Santiago y Jorge Ramón Fañanás. SIMURG

El primer zarpazo de la guerra se produjo al poco de su estallido. Su hijo, Jorge Ramón Fañanás, médico como su padre y director de la sección antirrábica del Instituto Nacional de Higiene, falleció en Madrid en 1937.

La reconstrucción precisa de la muerte de Jorge Ramón Fañanás, hijo del nobel, es fundamental para comprender la magnitud de la tragedia que asoló a la familia. Aunque diversas fuentes sitúan su fallecimiento en 1936, vinculándolo implícitamente al estallido de la Guerra Civil, el testimonio directo de sus hijas, María “Mimi” y Encarnación “Nana”, aclara los hechos.  

Según la memoria familiar, Jorge Ramón Fañanás murió el 10 de enero de 1937 a causa de una fatal enfermedad pulmonar, probablemente causada o agravada por el tabaquismo, en un Madrid asediado, donde la vida estaba marcada por la escasez y la precariedad, hecho que añade una capa de desolación a la tragedia. La familia Cajal fue golpeada por las dos grandes fuerzas destructivas de la época: por un lado, la violencia política y militar que se cobraría la vida de su nieto Santiago apenas cinco meses después, y por otro, la inexorable fragilidad de la salud humana, magnificada por las terribles condiciones de vida en una capital en guerra.

**La tragedia se consumó al año siguiente, en 1937, con la muerte del nieto del Nobel, Santiago Ramón y Cajal Conejero. Hijo del recién fallecido Jorge, y por tanto huérfano de padre y madre (María Conejero López fallece el 28/03/1932), el joven Santiago falleció tras ser herido en el campo de batalla. **Su muerte en combate representa el punto final y más dramático de esta saga familiar. La Guerra Civil no solo se llevó por delante edificios e instituciones; segó la vida del hijo y del nieto del premio Nobel.

Santiago, un joven de 19 años, se alistó como voluntario en el bando nacional y falleció el 11 de junio de 1937. Una versión familiar, transmitida por su hermana, lo sitúa muriendo en el bombardeo de Guernica. No obstante, esta narrativa es cronológicamente insostenible. El bombardeo de Guernica ocurrió el 26 de abril de 1937, casi dos meses antes de la fecha de su muerte.  

La versión más precisa, relatada por su sobrina y respaldada por los hechos militares, es que fue herido en combate cerca de Vitoria y falleció tiempo después a causa de sus heridas. La fecha de su muerte, el 11 de junio de 1937, es de una importancia capital: fue el primer día de la ofensiva final y decisiva del bando nacional para la conquista de Bilbao. Vitoria era la principal base de operaciones para las tropas que lanzaron este asalto. Por tanto, es prácticamente seguro que Santiago Ramón y Cajal Conejero fue herido de muerte en los combates iniciales de esta ofensiva, en el frente de Álava-Vizcaya. Su sacrificio no está ligado al simbólico horror de Guernica, sino a la brutal realidad de una de las batallas más sangrientas y decisivas del frente norte.

Este aniquilamiento del legado familiar de Cajal es una metáfora perfecta y cruel de la destrucción del proyecto de país que la Generación de la Edad de Plata, con el propio Cajal como figura patriarcal, había intentado construir. La guerra no solo interrumpió una época de esplendor intelectual y científico; la decapitó, eliminando física y simbólicamente a sus herederos. La “gran historia” de la contienda fratricida se materializó así en la “pequeña historia” de la familia más emblemática de la ciencia española, demostrando que la barbarie no distingue entre anónimos y prohombres, y que su furia destructora puede arrasar en pocos meses el trabajo de toda una vida.

Tumba de la familia Ramón y Cajal, con inscripciones de nombres y fechas de nacimiento y fallecimiento.
Como nos aclara el , herido en combate cerca de Vitoria fue recogido por un amigo que lo llevó a su casa, donde acabó falleciendo de sus heridas, con bastantes dolores tiempo después (sin especificar el tiempo). Lo enterraron al pie de un árbol próximo y cuando acabó la guerra lo trajeron para Madrid, donde está enterrado en la Almudena, con su padre y hermanas, próximos al enterramiento de Cajal.

V. Ciencia en la Encrucijada: La Iniciativa Privada y la Guerra Civil

A medida que avanzaba el siglo XX, la Escuela de Cajal, que había florecido bajo el amparo de instituciones públicas, se enfrentó a nuevos desafíos que la obligaron a diversificarse. La necesidad de una producción industrial de medicamentos y la posterior convulsión política de la Guerra Civil española pusieron a prueba la resiliencia de esta comunidad científica, que encontró en la iniciativa privada una nueva vía de desarrollo, solo para ver cómo su mundo era devastado por la represión ideológica.

5.1. La Necesidad como Motor: La Fundación de THIRF e IBYS

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la devastadora pandemia de gripe de 1918-1919 expusieron una grave vulnerabilidad en España: su dependencia casi total de Francia y Alemania para el suministro de productos biológicos esenciales como sueros y vacunas. Esta crisis fue el catalizador para que la Escuela de Cajal diera un paso audaz hacia el sector industrial.

En la primavera de 1918, un grupo de científicos liderado por Jorge Francisco Tello y formado por sus discípulos más cercanos, entre ellos el propio hijo de Cajal, Jorge Ramón Fañanás, y Antonio Ruiz Falcó, fundó el Instituto de Inmunoterapia THIRF. El nombre era un acrónimo de los apellidos de sus fundadores (Tello, Hidalgo, Illera, Ramón, Falcó). Su misión era clara: liberar a España de la dependencia exterior y crear una capacidad de producción nacional. THIRF fue, en esencia, la Escuela de Cajal convertida en empresa.

Cuando entramos en la Sección de Bacteriología el doctor Ruiz Falcó, junto a un gran encerado lleno de signos cabalísticos, explica a sus discípulos los misterios de ese mundo pequeñísimo del microbio y de la molécula.
Cuando entramos en la Sección de Bacteriología el doctor Ruiz Falcó, junto a un gran encerado lleno de signos cabalísticos, explica a sus discípulos los misterios de ese mundo pequeñísimo del microbio y de la molécula. .

Casi simultáneamente, en 1919, nació el Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS). Esta iniciativa, aunque paralela, tuvo un origen distinto. Fue impulsada por el visionario empresario Nicolás María de Urgoiti, una figura clave en la modernización industrial y cultural de España, fundador de La Papelera Española y de medios como el diario El Sol. Urgoiti fue convencido de la viabilidad y necesidad de un laboratorio de este tipo por figuras prominentes de la órbita de Cajal, como Gustavo Pittaluga y Gregorio Marañón, quienes vieron en él la oportunidad de combinar el rigor científico con una sólida estructura empresarial.

Cartel antiguo del Instituto de Biología y Sueroterapia IBYS, con ilustraciones del edificio y el logo del instituto, destacando su enfoque en sueros, vacunas y productos farmacéuticos. Se muestra la dirección y contacto en Madrid.
Publicidad de Suero antitetánico y Antitoxina diftérica Ibys (ca. 1923).

La simbiosis entre ciencia y empresa culminó en la primavera de 1929, cuando, por iniciativa de Urgoiti, THIRF e IBYS se fusionaron. Esta unión fue estratégica: THIRF aportaba una «magnífica base técnica» y el prestigio de la Escuela de Cajal, mientras que IBYS ofrecía una «verdadera organización empresarial». La nueva entidad, que conservó el nombre de IBYS, nombró a Tello Presidente de su Consejo Técnico, consolidando así un poderoso polo científico-industrial de capital privado. Este movimiento no representó una traición a la misión pública de la Escuela de Cajal, sino su evolución lógica. Ante la incapacidad del Estado para satisfacer una necesidad nacional crítica, la red de Cajal demostró su capacidad de adaptación y su espíritu emprendedor, creando una estructura privada para cumplir un objetivo de interés público. Esta iniciativa resultaría ser, décadas más tarde, su salvación.

5.2. La Edad de Plata Truncada: La Guerra y la Depuración Sistemática

El florecimiento de la ciencia española, conocido como la «Edad de Plata», fue abruptamente interrumpido por la Guerra Civil (1936-1939) y la instauración de la dictadura franquista. El nuevo régimen se embarcó en una empresa de destrucción sistemática de todo el legado intelectual y científico asociado a la Institución Libre de Enseñanza y a la Segunda República. La herramienta legal para esta purga fue la Ley de Responsabilidades Políticas de 9 de febrero de 1939. Esta ley, de carácter retroactivo, criminalizaba cualquier actividad que hubiera apoyado al gobierno legítimo de la República desde octubre de 1934, calificándola como «subversión» o «pasividad grave». Su aplicación significaba la «muerte civil para los afectados, con sanciones que iban desde la inhabilitación profesional y la confiscación de bienes hasta la prisión y la ejecución».

![Al fondo el Instituto Nacional de Higiene y la Casa de Velázquez.

(Foto de la Biblioteca Nacional de España)](https://res.cloudinary.com/da8aa5snw/image/upload/f_auto,q_auto:good,w_900,c_limit/v1774781086/cajal/Al-fondo-el-Instituto-Nacional-de-Higiene-y-la-Casa-de-Velazquez.jpg)Al fondo el Instituto Nacional de Higiene y la Casa de Velázquez. Foto de la Biblioteca Nacional de España.

Vista parcial de la fachada principal del edificio del Instituto de Higiene Alfonso XIII gravemente dañado por los bombardeos y el fuego de artillería durante la Guerra Civil. Ciudad Universitaria de Madrid,14 marzo de 1937. Foto Albero y Segovia.
Vista parcial de la fachada principal del edificio del Instituto de Higiene Alfonso XIII gravemente dañado por los bombardeos y el fuego de artillería durante la Guerra Civil. Ciudad Universitaria de Madrid,14 marzo de 1937. Foto Albero y Segovia. .

La depuración universitaria no fue un simple castigo político; fue un proyecto ideológico. El objetivo, en palabras de sus impulsores, era la «recristianización y la renacionalización» de la universidad, extirpando cualquier vestigio de liberalismo, laicismo o pensamiento crítico para construir una «universidad nacional católica». Uno de los principales ejecutores de esta purga en la Facultad de Medicina de Madrid fue el catedrático Fernando Enríquez de Salamanca y Danvila. Nombrado juez instructor, su ideología, reflejada en sus escritos, era la de un catolicismo tradicionalista y reaccionario, profundamente hostil al espíritu modernizador y europeísta que representaban figuras como Cajal y sus discípulos. Enríquez de Salamanca personificaba el nuevo orden que buscaba desmantelar la obra de toda una generación de científicos.

5.3. Víctimas de la Intolerancia: Casos de Estudio en la Persecución

La red científica tejida en torno a Cajal, Tello y los laboratorios IBYS se convirtió en un objetivo principal de la depuración franquista. Los expedientes abiertos contra sus miembros revelan la naturaleza arbitraria y vengativa de la represión:

  • Jorge Francisco Tello: A pesar de haber permanecido en Madrid durante toda la guerra para proteger el Instituto Cajal, fue acusado por Enríquez de Salamanca de ser un «ateo práctico y librepensador» y de haber colaborado con el «gobierno marxista» al aceptar el cargo de Decano de la Facultad de Medicina. A pesar de los numerosos testimonios a su favor, fue separado de su cátedra y solo fue rehabilitado en el curso 1949-50, apenas siete meses antes de su jubilación forzosa.

  • Antonio Ruiz Falcó: Como director de IBYS, fue acusado de «izquierdista» y de pertenecer a una asociación de médicos liberales que Enríquez de Salamanca tildó de «entidad masónica». Sin embargo, Ruiz Falcó logró una defensa exitosa. Demostró su adhesión al «Alzamiento», aportó testimonios de que había ocultado a personas de derechas en las instalaciones de IBYS e incluso de su pertenencia a la Falange clandestina. Contra la recomendación del juez instructor, el Ministerio resolvió su reintegro sin sanción alguna.

  • Gregorio Marañón: Figura intelectual de primer orden y socio de IBYS, fue acusado de haber contribuido a crear el «clima revolucionario» que llevó a la República. Aunque se había distanciado del Frente Popular y exiliado en París, fue expedientado. Se investigaron sus finanzas y se le incautaron 74 acciones de IBYS. Finalmente, gracias a su prestigio y a apoyos influyentes dentro del nuevo régimen, fue absuelto en 1943 y reintegrado en todos sus cargos.

  • Sadí de Buen Lozano: Fundador de IBYS y una de las figuras más importantes de la sanidad pública republicana, su destino fue el más trágico. Fue apresado en Córdoba en julio de 1936 por las fuerzas sublevadas y fusilado la noche del 2 al 3 de septiembre. Su asesinato, de gran repercusión en Europa, simboliza la brutalidad extrema de la represión.

  • Gustavo Pittaluga: Cofundador de IBYS y figura clave de la ciencia española, se exilió en Cuba. Allí se convirtió en el primer presidente de la Unión de Profesores Universitarios en el Exilio (UPUEE), liderando la comunidad científica republicana en el destierro.

Estos casos ilustran el espectro de la represión: desde la ejecución sumaria y el exilio forzoso hasta la humillación profesional y la lucha por la supervivencia dentro de la nueva España.

Tabla 2: La Depuración Franquista de la Red Científica Cajal-Tello e IBYS

CientíficoAcusaciones PrincipalesJuez Instructor PrincipalResultado del ExpedienteDestino Posterior en IBYS****Jorge F. Tello (Director, Inst. Cajal; Fundador, THIRF)Colaboración con el «gobierno marxista», ateísmo, liberalismo, ser Decano en Madrid durante la guerra.Fernando Enríquez de SalamancaSeparado de la cátedra hasta 1949.Continuó como Presidente del Consejo Técnico.Antonio Ruiz Falcó (Director, IBYS)Izquierdismo, pertenencia a asociación liberal («masónica»), alegrarse del triunfo del Frente Popular.Fernando Enríquez de SalamancaAbsuelto y reintegrado sin sanción.Continuó como Director del laboratorio.Gregorio Marañón (Socio fundador, IBYS)Contribuir al «clima revolucionario», pertenencia a la Agrupación al Servicio de la República, apoyo a la URSS.Leonardo de la Peña, Vallejo NájeraAbsuelto en 1943; bienes (acciones de IBYS) incautados y luego devueltos.Continuó como socio y miembro del Consejo Técnico.Sadí de Buen Lozano (Socio fundador, IBYS)Ser un alto cargo de la sanidad republicana.N/A (Fuerzas sublevadas)Ejecutado por fusilamiento en septiembre de 1936.N/AGustavo Pittaluga (Socio fundador, IBYS)Lealtad a la República.N/AExiliado en Cuba.N/A**Tomás Alday Redonet** (Jefe de Farmacología, IBYS)Pertenencia al comité revolucionario de IBYS, afiliación a UGT.Fernando Enríquez de SalamancaExpediente sobreseído en 1944.Continuó como Jefe de la sección de Farmacología.

VI. Un Refugio en la Autarquía: El Papel del Instituto IBYS en la Posguerra

Tras la devastación de la Guerra Civil, el panorama científico español se sumió en un largo período de aislamiento y control ideológico. Sin embargo, en medio de este desierto intelectual, una institución privada se convirtió en un oasis inesperado, un arca de Noé que permitió la supervivencia de una parte crucial del capital científico de la Edad de Plata.

6.1. La Ciencia en el Desierto Franquista

La política del primer franquismo se definió por la autarquía, un intento de autosuficiencia económica que tuvo su correlato en el ámbito científico. Se impuso una «autarquía científica» que promovía una ciencia de carácter eminentemente práctico, nacionalista y subordinada a los intereses del Estado y la ideología del nacionalcatolicismo. Se cortaron los lazos con la comunidad científica internacional que habían sido cuidadosamente cultivados durante las décadas anteriores.

La manifestación más clara de esta ruptura fue el desmantelamiento de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), el motor de la modernización científica española. En su lugar, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), una institución concebida no para fomentar la ciencia libre, sino para reconstruir el sistema de investigación bajo la óptica de «la nueva España». El Instituto Cajal, la joya de la corona de la JAE, fue absorbido por el CSIC. Su dirección fue arrebatada a Jorge Tello y entregada a figuras afines al nuevo régimen, rompiendo la línea sucesoria de la Escuela. El propio Legado Cajal, el tesoro material de sus investigaciones, quedó en una situación precaria, desatendido y en riesgo.

6.2. IBYS como Arca de Noé Científica

En este contexto de purgas y control estatal, el Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS) emergió como una excepción singular. A diferencia de las universidades y centros públicos, esta empresa privada no llevó a cabo ninguna depuración interna por motivos políticos. Por el contrario, y con la evidente tolerancia o autorización de las autoridades franquistas, se convirtió en un «refugio de los científicos depurados de sus puestos de trabajo». IBYS funcionó como un santuario donde el talento científico perseguido por el régimen pudo continuar trabajando, investigando y produciendo.

Esta política de acogida permitió la supervivencia profesional de figuras de primer nivel que, de otro modo, habrían sido silenciadas. Los casos son emblemáticos:

  • Francisco Grande Covián (1909-1995): Discípulo directo de Juan Negrín, una de las figuras más denostadas por el franquismo, fue inhabilitado para ocupar cargos universitarios y de confianza. IBYS lo acogió en 1940, creando para él la sección de Vitaminas y Hormonas. Fue en los laboratorios de IBYS donde Grande Covián pudo continuar la línea de investigación que lo convertiría en una autoridad mundial en nutrición y metabolismo, especialmente en el estudio del colesterol. Publicó numerosos trabajos en la Revista IBYS y fue autor de la monografía Las vitaminas (1942) en la colección «Manuales IBYS».

  • Enrique Moles (1883-1953): Considerado uno de los químicos más importantes de España, fue encarcelado y despojado de su cátedra y de todos sus cargos. Tras su liberación, encontró en IBYS un lugar donde trabajar como asesor técnico desde 1943 hasta su muerte, diez años después. Allí pudo continuar investigando y publicando, como demuestra su artículo «El peroxhidroxido de magnesio» en la Revista IBYS de 1946.

  • Faustino Cordón (1909-1999): Tras pasar por la cárcel y trabajar en los laboratorios Zeltia, se incorporó a IBYS en 1945. Allí dirigió el departamento de investigación, centrándose en la inmunología y sentando las bases de su original teoría sobre la biología evolutiva.

La historia de IBYS en la década de 1940 demuestra un fenómeno extraordinario: la preservación del capital científico a través de la iniciativa privada en un momento de destrucción de las estructuras públicas. El régimen franquista pudo desmantelar las instituciones de la Edad de Plata, pero no pudo aniquilar por completo el capital humano. La red de la Escuela de Cajal, gracias a su previsión al crear una estructura empresarial robusta antes de la guerra, demostró una resiliencia asombrosa. IBYS no fue solo una empresa farmacéutica; se convirtió en el vehículo para la continuación de una escuela científica por otros medios, un arca que salvó del diluvio ideológico a algunos de los mejores cerebros del país.

6.3. Resistencia a través de la Publicación

La labor de IBYS como refugio no se limitó a ofrecer empleo. A través de sus publicaciones, mantuvo viva una llama de discurso científico riguroso en un panorama cultural dominado por la propaganda y la censura. La Revista IBYS, que reanudó su publicación en 1942, es el mejor ejemplo de esta resistencia intelectual.

Portada de la revista IBYS de 1952, dedicada a Santiago Ramón y Cajal. Presenta el título
Portada de un libro publicado por el Instituto de Biología y Sueroterapia (I.B.Y.S.) en 1952, en homenaje a Santiago Ramón y Cajal, con texto que menciona la fecha del primer centenario de su nacimiento.
Retrato de Santiago Ramón y Cajal, el notable neurocientífico español, observando a través de un microscopio, acompañado de una bibliografía que destaca su vida y obra.

En su editorial de reaparición, la revista se presentó como una “prolongación natural” de su etapa anterior a la guerra, sin hacer ninguna concesión ni “servil adulación al nuevo orden reinante”, una postura de independencia casi única en la España de la época. La revista, junto con las colecciones Manuales IBYS y Biblioteca IBYS de Ciencias Biológicas, se convirtió en una plataforma crucial para que los científicos depurados, como Grande Covián y Moles, pudieran difundir sus investigaciones.

La valentía de la publicación se manifestó de forma explícita en la necrológica que dedicó a Enrique Moles en 1953. En un momento en que Moles seguía siendo una figura proscrita por el régimen, la revista no solo lamentó que se viera “separado de sus discípulos y reducido en sus posibilidades de continuar su labor de investigación”, sino que citó elogios de figuras del exilio como Blas Cabrera y concluyó con una frase desafiante: “sirva su ejemplo de estímulo para cuantos sinceramente se preocupan por la elevación del nivel científico en nuestra Patria”. Este acto no era solo un homenaje a un colega; era una sutil pero inequívoca declaración de principios y un acto de resistencia cultural frente a la mediocridad impuesta por el régimen.

VII. Epílogo: Una Vida a la Sombra de un Gigante, Jorge Ramón Fañanás (†1937)

La historia de la Escuela de Cajal no estaría completa sin detenerse en la figura de Jorge Ramón Fañanás, el hijo del maestro. Su vida, aunque breve, encapsula la promesa y la tragedia de su generación. No fue un mero apéndice de la biografía de su padre, sino un científico competente por derecho propio, un eslabón crucial en la cadena de transmisión del legado cajaliano.

Formado en el epicentro de la ciencia española, el Instituto Nacional de Higiene, y bajo la tutela directa de su padre, Fañanás se especializó en bacteriología y se convirtió en una figura respetada en la sanidad pública, llegando a ser Subdirector del Instituto Nacional de Sanidad. Sin embargo, su contribución más significativa fue su papel como cofundador de los laboratorios THIRF en 1918. Su participación, junto al “discípulo predilecto” Jorge Tello, simboliza la unión del legado intelectual y biológico de Cajal en un proyecto de soberanía nacional.

Jorge Ramón Fañanás
Jorge Ramón Fañanás henchido y sonriente en el centro, entre Tello (a su izquierda) y su admiradísimo Padre.

La muerte de Jorge Ramón Fañanás en 1937, en pleno asedio de Madrid, lo convierte en una víctima directa de la guerra. Su final prematuro le ahorró la humillación de la depuración que sufrieron casi todos sus colegas, pero también lo borró de la narrativa de la posguerra, dominada por las historias de exilio y resistencia. Su destino representa la forma más brutal de destrucción de la ciencia: la aniquilación física del talento. Si Tello encarna la “muerte civil” del científico, Fañanás representa su muerte literal. Su historia es un recordatorio de que, antes de que el franquismo pudiera purgar a la ciencia española, la propia guerra ya la estaba desangrando.

Banquete celebrado en Madrid, en 1926. Sentados, de izquierda a derecha: José Mª Villaverde, Francisco Tello, Santiago Ramón y Cajal, el professor polaco Szymonowicz y el professor francés Raoul M. May. De pie, de izq. a dcha.: Miguel Gayarre, Domingo Sánchez, Jorge Ramón Fañanás, José G. Vadillo y Fernando de Castro. / Archivo Científico Fernando de Castro.
Banquete celebrado en Madrid, en 1926. Sentados, de izquierda a derecha: José Mª Villaverde, Francisco Tello, Santiago Ramón y Cajal, el professor polaco Szymonowicz y el professor francés Raoul M. May. De pie, de izq. a dcha.: Miguel Gayarre, Domingo Sánchez, , José G. Vadillo y Fernando de Castro. / Archivo Científico Fernando de Castro.

Conclusión: Dolor, Resiliencia y el Legado Perenne de una Escuela Científica

La historia que comenzó en 1885 con la muerte de una madre anónima en la desolación de una epidemia de cólera se despliega a lo largo de siete décadas para revelar una compleja saga de dolor, innovación, persecución y, finalmente, una asombrosa resiliencia. El hilo conductor de esta narrativa es la supervivencia de un ethos científico, el de la Escuela de Cajal, que demostró una capacidad de adaptación y perseverancia que trascendió las catástrofes personales y las convulsiones políticas.

El año 1885 fue el catalizador. La tragedia personal de la familia Tello puso a Jorge Francisco Tello en el camino de Santiago Ramón y Cajal, asegurando la continuidad de la escuela científica más importante de España. Simultáneamente, el desafío científico que la epidemia supuso para Cajal no solo lo llevó a ser pionero en el desarrollo de vacunas inactivadas, sino que también le proporcionó la herramienta tecnológica —el microscopio Zeiss— que sería fundamental para sus futuros descubrimientos en neurociencia. El dolor y la ciencia de aquel año estaban, desde su origen, inextricablemente unidos.


Retrato fotográfico de Santiago Ramón y Cajal poco antes de su fallecimiento. / Jorge Zockoll.
Buen estado de conservación. Fecha de valoración: 20/06/2007
Clasificación específica: Documental
Depositado para su custodia en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC 2023-06-08
Fotografía adherida a un segundo soporte de cartón. Medidas: 268x200 mm. Anotaciones manuscritas con tinta azul en el reverso: "izquierda". Suciedad superficial./ Moderada metalización de la plata en los bordes./ Pérdidas leves de emulsión./ Manchas de adhesivo.
Número de inventario Gamundi: 00116
Número de referencia: LC01906 http://simurg.csic.es/view/9918477340104201/retrato-fotografico-de-santiago-em-ramon-y-cajal-em-poco-antes-de-su-fallecimiento?q=must,any,contains,jorge%20ram%C3%B3n%20y%20cajal&offset=20&limit=50&sort=-metadata.25_year.es.keyword&sort=-metadata.26_numero.es.keyword&q=filter,parents,equals,2059502
Retrato fotográfico de Santiago Ramón y Cajal poco antes de su fallecimiento. / Jorge Zockoll.

Esta escuela, forjada en las instituciones públicas de la Edad de Plata, demostró una visión extraordinaria al extender su misión al sector privado con la creación de los laboratorios IBYS. Esta iniciativa, nacida de la necesidad de autosuficiencia nacional, no fue una desviación de su vocación pública, sino su complemento industrial. Fue esta estructura dual la que le confirió una resiliencia inesperada. Cuando la Guerra Civil y la depuración franquista desmantelaron sistemáticamente las instituciones científicas del Estado, el Instituto IBYS se transformó en un arca que protegió a una parte crucial del capital científico de la Edad de Plata.

Jorge Francisco Tello Foto: Purificación Rodríguez. Archivo Antonio Pedro Rodríguez Pérez
Jorge Francisco Tello. Foto: Purificación Rodríguez. Archivo Antonio Pedro Rodríguez Pérez

El legado final de estos grandes científicos y trabajadores es inmenso y tangible. A través de su perseverancia, consiguieron transformar la ciencia fundamental en aplicaciones que salvaron incontables vidas. Desde los primeros sueros y vacunas desarrollados en el Instituto Nacional de Higiene y en IBYS, hasta la producción a gran escala de penicilina y otros antibióticos a través de la fundación de Antibióticos S.A., esta generación de científicos construyó desde la nada una industria farmacéutica nacional. Su trabajo no solo combatió las epidemias de su tiempo, sino que dejó una infraestructura y un conocimiento que protegieron a millones de personas en las décadas venideras. La historia que comenzó con el dolor de una epidemia culminó, gracias a su esfuerzo, en la salvación de muchas más.

Bibliografía

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  • Santiagoramonycajal.org. “Jorge Francisco Tello y Muñoz (1880-1958)”. Publicado el 30 de julio de 2025.

  • Ramón y Cajal, Santiago. Recuerdos de mi vida: Historia de mi labor científica. Alianza Editorial, 1981.

  • Ramón y Cajal, Santiago. Estudios sobre el microbio vírgula del cólera y las inoculaciones profilácticas. Tipografía del Hospicio Provincial, 1885.

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  • Martín Prieto, Dayron, y Jessica Castellanos Labarcena. “Investigaciones de Santiago Ramón y Cajal sobre el cólera”. Morfovirtual2012, Primer Congreso Virtual de Ciencias Morfológicas.

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  • Pimentel, Juan. Fantasmas de la ciencia española. Marcial Pons, 2020.

  • “El microscopio de Cajal: Crónica de un Instrumento y Testimonio de una Época”. Artículo de investigación interna, 2024.

  • “Un Arca Contra la Tempestad: El Instituto IBYS, la Lucha Antiinfecciosa y la Salvaguarda de la Ciencia Española durante la Dictadura Franquista”. Artículo de investigación interna, 2024.

  • “Vida Jorge Ramón Fañanás (†1937): Una vida a la sombra de Cajal y en el crisol de la guerra”. Artículo de investigación interna, 2024.

SIMURG

En recuerdo del Dr. Jorge Ramón Fañanás

Dibujo científico de Jorge Ramón Fañanás, astrocitos de la capa de los granos del cerebelo. Rabia. Método de Río Hortega.

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Dibujo científico de Jorge Ramón Fañanás, neuroglia protoplasmática de la zona molecular de cerebelo de perro. Rabia. Método de Río Hortega.

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Dibujo científico de Jorge Ramón Fañanás, neuroglia protoplásmica de la zona molecular de cerebelo de conejo.

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Dibujo científico de Jorge Ramón Fañanás, pies vasculares neuróglicos. Rabia. Método de Río Hortega.

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Dibujo científico de Jorge Ramón Fañanás, neuroglia protoplásmica de la zona molecular de cerebelo humano.

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Dibujo científico de Jorge Ramón Fañanás, célula de neuroglia de gran tamaño de la sustancia blanca del cerebelo. Rabia. Método Del Río Hortega.

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