Un Contexto de Contrastes: La España de 1923
En febrero de 1923, cuando Albert Einstein pisó suelo español, llegó a un país de profundas contradicciones. Por un lado, España vivía la llamada “Edad de Plata” de la ciencia y la cultura, un período de intenso anhelo de modernización y convergencia con Europa. Instituciones como la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), presidida por el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, impulsaban una renovación académica sin precedentes. Por otro lado, el país se encontraba sumido en la “Crisis de la Restauración”, una era de inestabilidad política, agudas luchas sociales, auge de los nacionalismos y los sangrientos fracasos de la Guerra de Marruecos. El pistolerismo ensangrentaba las calles de Barcelona y, apenas seis meses después de su visita, el general Miguel Primo de Rivera daría un golpe de Estado que de forma abrupta pondría fin a este convulso período.

En este escenario de ebullición, la llegada de Einstein, ya convertido en un icono global tras la confirmación de su teoría de la relatividad y la obtención del Nobel de Física de 1921, fue mucho más que un evento científico. Se convirtió en un símbolo de progreso, un catalizador de debates y un fenómeno mediático que cautivó a una sociedad ávida de referentes.
La Invitación: Un Esfuerzo por la Modernidad
La visita de Einstein no fue casual, sino el resultado de un esfuerzo concertado por la élite científica española para conectar con la vanguardia europea tal y como nos recuerda Mètode.
Albert Einstein había sido invitado a España por el matemático Julio Rey Pastor, quien le contactó en Berlín en la primavera de 1920. En julio le escribió una carta formal donde hablaba en nombre del Institut d’Estudis Catalans —con una propuesta firme— y de la Junta para Ampliación de Estudios, de la que esperaba tener igualmente una reacción positiva. En un principio, Einstein aceptó, pero pocos días después se desdijo, aduciendo muchos compromisos.
En verano de 1921, el ingeniero Esteban Terradas Illa le escribió para recordarle la invitación y entonces Einstein le respondió que podría realizar su estancia en España en el curso 1922–1923. Terradas, catedrático en Barcelona, miembro de la Academia de Ciencias y Artes y del Instituto de Estudios Catalanes, había estado en un segundo plano en la primera invitación, pero ahora tomó el protagonismo, dado que su amigo Rey Pastor había sido contratado en la Universidad de Buenos Aires. Terradas, junto al físico Blas Cabrera, fue uno de los primeros portavoces de la física einsteiniana, inicialmente por lo que concernía la naturaleza de la radiación.


Einstein llegó a Barcelona el 22 de febrero de 1923. Había tomado un tren en Marsella, después de desembarcar en Tolón. Venía de Palestina, en una visita que había estado llena de emociones. Antes, había ido a Japón a realizar una gira de conferencias que despertaron una gran expectación: en la Universidad de Keio Einstein habló durante seis horas —con un descanso de una hora— ante 2.000 personas. En el viaje de ida a Japón, mientras embarcaba, le comunicaron que le habían concedido el premio Nobel de Física correspondiente a 1921 (el de 1922 fue para Niels Bohr). Desde Singapur, envió un telegrama anunciando su llegada a Barcelona.
Barcelona (22 de febrero - 1 de marzo): El Héroe del Pueblo
La llegada de Albert y Elsa Einstein a Barcelona el 22 de febrero fue, cuanto menos, caótica. El científico había olvidado enviar un telegrama concretando su llegada, por lo que nadie los esperaba en la Estación de Francia. Tras no encontrar a su anfitrión, Esteban Terradas (cuya hija había fallecido trágicamente cinco días antes), el matrimonio se alojó en una modesta pensión de La Rambla, el Hotel Cuatro Naciones, en lugar del lujoso Hotel Colón que les habían reservado. Una vez localizados, sus anfitriones lo encontraron en la habitación del hotel, sentado en la cama, tocando tranquilamente el violín.


En Barcelona, Einstein fue percibido como un héroe popular y un símbolo de renovación cultural. Impartió tres conferencias en el Palacio de la Diputación sobre la relatividad especial, la general y sus investigaciones recientes.

Y una cuarta en la Real Academia de Ciencias y Artes sobre las consecuencias filosóficas de su teoría.

A pesar de que la entrada costaba 25 pesetas y de que hablaba en una mezcla de alemán y francés, las salas se abarrotaron. El público, aunque en su mayoría no entendía sus complejas explicaciones, estaba fascinado por la “palabra mágica” que prometía reformar los viejos conceptos.

Su agenda fue intensa y variada. Realizó excursiones turísticas al monasterio de Poblet y a las iglesias de Tarrasa. Visitó proyectos pedagógicos innovadores como la Escuela del Mar y el Grupo Escolar Baixeras.

En un gesto de sensibilidad social, se reunió con el líder del sindicato anarquista CNT, Ángel Pestaña, a quien recomendó la lectura de Spinoza. Fue agasajado con sardanas en la Escuela Industrial y con una memorable cena en casa del profesor Rafael Campalans.

En su diario, Einstein resumió su estancia con satisfacción: “Mucha fatiga, pero gente muy amable (Terradas, Campalans, Lana…), canciones populares, bailes, Refectorium. ¡Ha sido agradable!”.

La Cena Relativista: Un Homenaje con Ingenio y Humor
Uno de los actos más memorables de su estancia en Barcelona fue la cena ofrecida en su honor la noche del 27 de febrero en la residencia del profesor ingeniero, físico y político Rafael Campalans, en la calle Rosselló. La velada, cocinada por la propia madre de Campalans, fue un derroche de ingenio, un homenaje que mezclaba la alta cultura con el humor popular.

El menú, impreso en letra gótica, fue redactado en lo que la prensa de la época bautizó como “latín relativista”, y cada plato era una broma científica o filosófica.
«El menú acaba estableciendo el tiempo y el espacio de la cena: la calle Rosselló 168 y las segundas calendas de marzo.»

/ Coena in honorem Doctoris Einstein Pontificis scientiarum
{firma autógrafa} Albert Einstein 1923
/ Scientia a priori
Solida
• Cannulae Fizeauniensis
• Penaei Caramote et Mollusci Gaussensis cum jure Magonensi in perihelio
• Fabae Laurentzianae catalaunice transformate
• Phasianus nycthemerus Minkowskiensis, quatriplex dimentiones
• Homo platonicus secundum Diogenem cum jure Michelsoniense
• Continuos Euclidianus glaciatus
• Encasadae Furni Sancti Jacobi et Saccharea edulia Weyliensia, simultanea
• Fructus Galilei
Liquida
• Castrum Remedii gravitatorium
• Xeres Thii Josephi inertialis
• Malum parvum cum Doppler effectu
• Xampanyus relativisticus Codorniuensis deflectenslucem
• Caffea sobraliensis cum spirituosibus liquoribus et vectoribus tabacalibus
Tempus locale
• II Kalendas Martii, Anno XLIV Erae Einsteinianae [1923]
Locus
• Aedibus Campalani, studiosi catalaunici Barcino-nensis
/ Cena en honor del doctor Einstein Pontífice de la Ciencia
{Firma autógrafa} Albert Einstein 1923.
/ Ciencia a priori
Sólidos
• Canelones a la Fizeau
• Langostinos y mejillones a la Gauss con salsa mayonesa en el perihelio
• Habas a la Lorentz transformadas a la catalana
• Faisán plateado a la Minkowski en cuatro dimensiones
• Hombre platónico según Diógenes con salsa a la Michelson
• Helado continuo euclídeo
• Enquesadas, del Horno de Sant Jaume, y repostería a la Weyl, simultáneas
• Fruta de Galileo
Líquidos
• Castell del Remei gravitatorio
• Jerez inercial Tío Pepe
*• Manzana pequeña con efecto Doppler *
• Champagne Codorniu relativista que deflecta la luz
• Café de Sobral con licores espirituosos y vectores de tabaco
Tiempo local
• Día segundo antes de las calendas de marzo del año XLIV de la era Einsteiniana [1923]
Lugar
Residencia de Campalans, estudioso catalán de Barcelona
SCIENTIA A PRIORI (Ciencia a priori)
Sólidos:
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Cannulae Fizeauniensis: Canelones a la Fizeau (un guiño al físico francés que midió la velocidad de la luz).
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Penaei Caramote et Mollusci Gaussensis cum jure Magonensi in perihelio: Langostinos y mejillones a la Gauss con salsa mayonesa en el perihelio (aludiendo a la geometría no euclidiana y a la explicación de Einstein sobre la órbita de Mercurio).
-
Fabae Laurentzianae catalaunice transformate: Habas a la Lorentz transformadas a la catalana (en referencia a las transformaciones de Lorentz, clave en la relatividad).
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Phasianus nycthemerus Minkowskiensis, quatriplex dimentiones: Faisán plateado a la Minkowski en cuatro dimensiones (un homenaje al concepto de espacio-tiempo de su antiguo profesor).
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Homo platonicus secundum Diogenem cum jure Michelsoniense: Pollo con salsa a la Michelson (recordando la burla de Diógenes a la definición de hombre de Platón —“un bípedo sin plumas”— y el crucial experimento de Michelson-Morley).
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Continuos Euclidianus glaciatus: Helado continuo euclídeo (una broma sobre el abandono de la geometría euclidiana en sus teorías).
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Encasadae Furni Sancti Jacobi et Saccharea edulia Weyliensia, simultanea: Enquesadas del Horno de Sant Jaume y repostería a la Weyl, simultáneas (un pastel de queso fresco y un guiño al matemático Hermann Weyl y al concepto de simultaneidad).
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Fructus Galilei: Fruta de Galileo.
Líquidos:
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Castrum Remedii gravitatorium: Vino Castell del Remei gravitatorio.
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Xeres Thii Josephi inertialis: Jerez inercial Tío Pepe.
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Malum parvum cum Doppler effectu: Sidra (manzana pequeña con efecto Doppler).
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Xampanyus relativisticus Codorniuensis deflectens lucem: Champagne Codorniu relativista que deflecta la luz (bromeando con la curvatura de la luz).
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Caffea sobraliensis cum spirituosibus liquoribus et vectoribus tabacalibus: Café de Sobral con licores y puros (vectores de tabaco), en honor al lugar de Brasil donde se confirmó su teoría durante el eclipse de 1919.
Entre los invitados estaban el cónsul de Alemania, Ulrich von Hassell, y su mujer, Ilse von Tirpiz, altos funcionarios del Ayuntamiento de Barcelona y los colegas que le organizaron el viaje y la cena, Lassaleta y Lana Sarrate.
La velada estuvo amenizada por la música del guitarrista Regino Sáenz de la Maza quien ejecutó bellísimas composiciones de guitarra, la soprano Andreua Fornells que cantó una selección de canciones de la tierra y el trío Barcelona interpretó piezas escogidas de su mejor repertorio. Einstein firmó una copia del menú como recuerdo.

El 1 de marzo, cuando se marchó de Barcelona, estuvo acompañado por, entre otros, el cónsul de Alemania, Ulrich von Hassell, y el alcalde accidental de Barcelona, Enrique Maynés y Gaspar.

Madrid (1 - 11 de marzo): Honores, Intelectualidad y un Cuento de Hadas
El mismo 1 de marzo, Einstein llegó a Madrid, donde la recepción fue mucho más formal y protocolaria. Se alojó en el Hotel Ritz y pronunció sus conferencias en la Universidad Central. La visita fue económicamente muy provechosa para él; por el conjunto de la gira española se acordó un pago de 7.000 pesetas, una cifra muy elevada para la época. Solo por sus conferencias en Madrid recibió 3.500 pesetas, el equivalente al salario anual de un catedrático. De hecho, se conserva un recibo firmado por él mismo el 3 de marzo por un importe de 4.022,95 pesetas por una de sus ponencias.
CONMEMORACIÓN del CENTENARIO de la VISITA de A. EINSTEIN a ESPAÑA en 1923. Más información.
Su audiencia estaba compuesta por la élite intelectual y política del país, incluyendo a figuras como Gregorio Marañón, Ramón Gómez de la Serna, Julio Palacios, Pío Baroja, Antonio Machado, Manuel Machado, María de Maeztu, Eugenio d’Ors, José Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Manuel B. Cossío y D. Miguel de Unamuno y Jugo.
El Anfitrión: Blas Cabrera, Padre de la Física Española
Si en Barcelona la figura clave fue Terradas, en Madrid el anfitrión principal fue Blas Cabrera y Felipe (1878-1945), considerado el padre de la física moderna en España. D. Blas estudió el bachillerato en La Laguna. A continuación se desplazó a Madrid, donde comenzó a estudiar derecho, siguiendo la tradición familiar. Sin embargo, conoció a Santiago Ramón y Cajal, que lo convenció para dejar derecho y estudiar ciencias. Así, se licencia en Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Central de Madrid, y se doctoró en ciencias físicas en 1901, con la siguiente tesis: “Sobre la variación diurna de la componente horizontal del viento” , y se le nombró catedrático cuatro años más tarde.
Director del prestigioso Laboratorio de Investigaciones Físicas, Cabrera era el físico español más relevante de su tiempo y uno de los pocos que había introducido y comprendido en profundidad la teoría de la relatividad, publicando ese mismo año su obra Principio de relatividad. Como nos recuerda SINC, fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Española de Física y Química, y los Anales de esta institución le sirvieron de plataforma para publicar sus primeros trabajos. Sus experimentos sobre electromagnetismo en el Laboratorio de Investigaciones Físicas le estaban convirtiendo en un experto mundial en la materia, pero sintió la necesidad de perfeccionarse en el extranjero.
Con el apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios, viajó en 1912 a Zurich (Suiza), donde conoce a Einstein y comienza su amistad. El objetivo del viaje era aprender las técnicas más avanzadas en los laboratorios del gran sabio del magnetismo de aquella época, Pierre Weiss. La llegada no fue nada fácil.
Según narra Cabrera en una carta, Moles, que también estaba pensionado en el centro, le explicó que tenía que haber solicitado la matrícula con antelación, por lo que el físico español fue a ver al profesor Weiss: “Me dijo que le era imposible darme sitio para trabajar porque tenía el laboratorio completamente lleno”.
Afortunadamente, después de la incertidumbre inicial, el físico español demostró su valía y el maestro puso a su disposición los medios y un local para trabajar: “El profesor me visita dos o tres veces al día, proponiéndonos nuevos problemas a resolver, que seguramente no podrán todos ser abordados durante nuestra estancia aquí”. Así fue, y la colaboración entre los dos científicos se prolongaría durante más de dos décadas.
El 4 de marzo de 1923, la sintonía entre ambos fue inmediata. En la Real Academia de Ciencias, Cabrera pronunció un discurso de bienvenida que conmovió a Einstein. El genio alemán anotó en su diario que había escrito una respuesta al discurso y, según crónicas de la época, afirmó: “Vuestras palabras han llegado a lo más hondo de mi corazón porque demuestran la forma consciente y cariñosa con que habéis estudiado el trabajo de mi vida”.

La relación entre ambos no fue un mero formalismo de anfitrión e invitado, sino un encuentro entre pares. El respeto de Einstein por Cabrera fue tal que, años más tarde, él y Marie Curie apadrinaron la entrada del físico español en el selecto club de la ciencia mundial: las Conferencias Solvay. Cabrera participó en la VI (1930) y VII (1933) ediciones, codeándose con la élite de la física. Una icónica fotografía del congreso de 1930 lo muestra sentado en primera fila entre los premios Nobel Richardson y Niels Bohr, a escasos metros de Einstein, Marie Curie, Planck, Heisenberg y Schrödinger, un testimonio visual de la cima internacional que alcanzó la ciencia española durante la Edad de Plata, antes de que la Guerra Civil lo truncara todo, condenando a Cabrera a morir en el exilio en México.
**VI Edición de la Conferencias Solvay: Cabrera fue uno de los 26 participantes, entre los que ya había 12 Premio Nobel de Física. **

VII Edición de la Conferencias Solvay dedicada al magnetismo, especialidad del físico español.

Encuentros en la Cumbre: Cajal, el Rey y Ortega
Además de Cabrera, Einstein se reunió con las más altas figuras del país.
Como nos cuenta Alejandro Alagón para el Diario del Alto Aragón, el encuentro con D. Santiago Ramón y Cajal tuvo lugar en su domicilio de Madrid el 5 de marzo de 1923, a las 20.30 de la tarde, tras una conferencia sobre la relatividad impartida en la Sociedad Matemática Española.
J. Montes Santiago señala que fue un pariente de Einstein llamado Kuno Kochertaler, la persona que le acompañó a casa de Cajal. No existen fotografías del momento, que fue breve, ni se conocen demasiados detalles de la conversación. Ramón y Cajal tenía entonces 71 años, padecía las secuelas de la malaria que contrajo en Cuba y se veía aquejado por una sordera que dificultaba sus conversaciones.
A pesar de que en esa época ya no se prodigaba en público debió sentir una emoción especial al recibir al genio alemán.
Albert Einstein tenía referencias de Ramón y Cajal desde unos 20 años antes y se sintió interesado por sus hallazgos en los tejidos neuronales, en especial a raíz de la concesión del Nobel de Medicina en 1906. Precisamente en esa época Einstein daba a conocer esos artículos revolucionarios en que daba a conocer su Teoría de la Relatividad, aunque en ese momento fueran ignoradas por las autoridades científicas de ese momento. Tanto Einstein como Cajal fueron dos investigadores que reunían tres claves decisivas para lograr un éxito, que en palabras de Eduardo Punset son en primer lugar su integridad, en segundo la capacidad de ser unos provocadores por refutar esos principios considerados inamovibles pero que ellos cuestionaban por ser erróneas y en tercer lugar la capacidad para divulgar sus logros mediante las tecnologías más modernas de su tiempo. Ambos revolucionaron la ciencia de su tiempo: Cajal con el estudio de las conexiones neuronales, en el interior del cerebro humano y Einstein con sus aportaciones sobre la relación espacio tiempo y la desviación gravitatoria de la luz.
Dado que Einstein no hablaba español es muy probable que ambos hablaran en francés y que contaran con la presencia de un interlocutor. Albert Einstein dejaría constancia del encuentro en sus diarios con las palabras: “Visita con Cajal, increíble cabeza anciana. Gravemente enfermo.”
La frase de Einstein, parco en palabras en sus ‘Diarios’, muestra una sincera emoción por el encuentro. El encuentro entre los dos premios Nobel, los científicos más citados de la historia en sus respectivos campos, fue un momento estelar, aunque otras fuentes citan que posiblemente se debió gracias a Blas Cabrera, uno de los más próximos al Nobel alemán y a la vez devoto del Nobel español: “A él debo cuanto soy o pueda significar en el porvenir”. Como nos señala José María Serrano Sanz en el Heraldo de Aragón.

El 7 de marzo fue recibido por el rey Alfonso XIII. Einstein anotó: “Audiencia con el rey y la reina madre. […] El rey, sencillo y digno, me produjo admiración”. El monarca lo nombró miembro de la Real Academia de Ciencias y fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Central. De aquel acto queda esta curiosa fotografía en la que casi todos los asistentes, incluido el rey, aparecen con los ojos cerrados, mientras que Einstein es el único que los mantiene abiertos.

S.M. el Rey le nombra miembro de la Real Academia de las Ciencias y el biólogo marino Odón de Buen le hace una sorprendente propuesta: encabezar una expedición para estudiar el eclipse de sol que tendrá lugar en México en septiembre de ese año.


“La visita a Madrid llegaba a su fin. Quedaba un fin de semana de tiempo no programado que dejó a los Einstein libertad para visitas familiares y para volver al Prado”, apunta Thomas F. Glick.
Como vemos a pesar de tener programados tantos actos Einstein que, además de la ciencia era un enamorado del arte, la literatura —aseguró que Los hermanos Karamazov de Dostoievski y El Quijote de Cervantes eran, para él, obras cumbres—, y la música, tuvo tiempo para escaparse del hotel Palace en el que se alojaba y visitar en tres ocasiones distintas el Museo del Prado.

Einstein en la Colina de los Chopos: Una Tarde en la Residencia de Estudiantes
La visita de Einstein a Madrid tuvo uno de sus momentos culminantes en un lugar que era, en sí mismo, un universo en ebullición: la Residencia de Estudiantes. Situada en la que entonces se conocía como la Colina de los Chopos, la Residencia no era un simple alojamiento universitario; era el corazón intelectual de la Edad de Plata española, un crisol de la vanguardia donde la ciencia, el arte y la literatura convivían en un diálogo constante y fructífero. Por sus pasillos y jardines transitaban las mentes científicas más brillantes junto jóvenes que definirían la cultura española del siglo XX, como Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel Portolés. La llegada de Einstein a este epicentro de modernidad, el 9 de marzo de 1923, no fue solo una conferencia más, sino un acontecimiento simbólico que conectó la vanguardia española con la mayor revolución científica del momento.

El evento central de su visita a la Residencia fue la conferencia titulada “Resumen de las teorías de la relatividad”. El acto fue organizado por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), la institución madre de la Residencia, y presentado por una de las figuras más influyentes de la época: el filósofo José Ortega y Gasset. Ortega no solo introdujo al genio alemán, sino que también actuó como su traductor, convirtiéndose en el puente indispensable entre el complejo pensamiento de Einstein, expresado en su lengua materna, y una audiencia ávida de conocimiento.
Más allá de la conferencia formal, la visita de Einstein a la Residencia incluyó una tertulia con el propio Ortega y Gasset y otros intelectuales. Este formato, más íntimo y discursivo, era característico del ambiente de la institución y permitió un intercambio de ideas más directo. Para los residentes, aquella tarde no fue solo la oportunidad de ver a una celebridad mundial, sino de presenciar en directo cómo se forjaba el pensamiento del nuevo siglo.
Un Cuento de Hadas en Toledo
El momento culminante de su estancia en la capital fue una excursión a Toledo el 6 de marzo, guiado por José Ortega y Gasset y el historiador del arte **Manuel B. Cossío**. La experiencia lo dejó maravillado, como reflejó en su diario: “Viaje a Toledo camuflado con muchas mentiras. Uno de los días más hermosos de mi vida. Cielo radiante. Toledo es como un cuento de hadas”.


Zaragoza (12 - 14 de marzo): Un Final Inesperado y el Alma Española
La visita a Zaragoza no estaba en el itinerario oficial. Fue fruto de la audaz iniciativa de un grupo de profesores de la universidad, encabezados por el físico Jerónimo Vecino, que abordaron el tren de Einstein en su paso por la ciudad y lo convencieron para que hiciera una parada.

En apenas 50 horas, Einstein impartió dos conferencias sobre la relatividad en el Paraninfo de la Universidad, visitó el laboratorio de Investigaciones Bioquímicas de Antonio de Gregorio Rocasolano —cuyos trabajos sobre el movimiento browniano conectaban directamente con una de las obras de 1905 de Einstein—. Visitó la basílica del Pilar, la Lonja —de la que salió entusiasmado—, la Aljafería y la Seo. También le dió tiempo de asistir al Teatro Principal para ver ‘La Viejecita’, zarzuela cómica de Miguel Echegaray de éxito en esos días. Como nos recuerda Zaragoza Guía en su magnífico artículo.

El lunes 12 de marzo de 1923, a las 6 de la tarde, a las dos horas escasas de su llegada, Einstein pronunció en francés en el Aula Magna de la Facultad de Medicina y Ciencias (hoy edificio Paraninfo) su primera conferencia, que trató sobre su** teoría de la relatividad**. Con la sala abarrotada, expuso sus teorías en un acto de gran relieve académico que estuvo presidido por el rector de la Universidad de Zaragoza Ricardo Royo Villanova.

La visita culminó con la celebración de su 44º cumpleaños, el 14 de marzo. En el Casino Mercantil brindó con vino espumoso y, en una fiesta en el consulado alemán, tocó el violín y fue agasajado con jotas aragonesas. Se dice que el gesto lo emocionó profundamente, hasta el punto de besar en la frente a una de las jóvenes cantantes y fotografiarse con ella. Fue entonces cuando afirmó que “hasta el momento actual, solo en Zaragoza había percibido las palpitaciones del alma española”. Una de las anécdotas más recordadas es la de la pizarra que utilizó en su segunda conferencia; el rector pidió conservarla como una reliquia, pero con el tiempo su rastro se perdió, dando lugar a un misterio que perdura.

Einstein impartió un discurso en alemán, en el que mostró su preocupación por la República de Weimar que, tras la derrota alemana en la I Guerra Mundial, se encontraba en una profunda crisis económica y social y en el que expresaba «su confianza de que se llegue a salvar la crisis de Alemania para hacer posible la urgentemente necesaria reconstitución de Europa».
La noche anterior a abandonar la ciudad, el cónsul alemán en Zaragoza, Gustavo Freudenthal, le invitó a cenar a su vivienda en el Coso y le organizó una pequeña fiesta. Einstein no se separaba de su violín cuando viajaba, y ofreció un pequeño concierto a los postres, acompañado de una joven pianista zaragozana, Trinidad Castillo.

Einstein partió en el tren rápido de la tarde con destino a Bilbao el 14 de marzo de 1923. Recibió 575 pesetas por cada conferencia y 250 pesetas más para gastos.
El Encuentro Intelectual: Ortega y la Relatividad
Más allá de las anécdotas, el viaje de Einstein a España propició un fascinante encuentro de ideas, especialmente con José Ortega y Gasset. En 1923, Ortega publicó El tema de nuestro tiempo, una obra donde desarrollaba su filosofía del “perspectivismo” y la “razón vital”. Ortega argumentaba que no existe una verdad única y absoluta, sino que la realidad se compone de infinitas perspectivas, cada una anclada en la “circunstancia” vital de un individuo. La verdad completa solo podría ser la suma de todas estas perspectivas.
Esta filosofía resonaba profundamente con la revolución científica de Einstein. Así como Ortega demolía la “razón pura” y abstracta del racionalismo, Einstein había demolido los conceptos absolutos de espacio y tiempo de Newton, demostrando que dependían del estado de movimiento del observador. Ambos, desde la física y la filosofía, estaban articulando una nueva visión del mundo donde la realidad no es una entidad fija e independiente, sino algo que se define en relación con el sujeto que la observa. Su encuentro en Madrid y su paseo por Toledo no fueron solo un acto social, sino el diálogo —explícito o implícito— entre dos de las mentes que estaban definiendo la sensibilidad del siglo XX.
El Legado de un Viaje Relativo
La visita de Einstein a España fue un acontecimiento social de primer orden. La prensa siguió cada uno de sus movimientos, y su figura se convirtió en tema de conversación en los cafés y objeto de caricaturas. Anécdotas como la de una vendedora de castañas en Madrid que le gritó “¡Viva el inventor del automóvil!” ilustran la enorme brecha entre su fama y la comprensión real de su obra.
Desde un punto de vista estrictamente científico, el impacto directo fue limitado; no se abrieron nuevas líneas de investigación a raíz de sus conferencias. Sin embargo, su efecto cultural fue inmenso. La visita aumentó de forma espectacular la percepción pública del valor de la ciencia y contribuyó a integrar a España en el debate intelectual europeo, dejando una huella imborrable en una sociedad que se asomaba, con esperanza y zozobra, a la modernidad.

Aportación del Académico D. Jesús Martínez Frías
Todas las religiones, artes y ciencias son ramas del mismo árbol.
Albert Einstein
Las Aportaciones de Einstein a las Ciencias de la Tierra 🌍
Aunque es mundialmente célebre por su “Annus Mirabilis” y sus revolucionarias teorías en la física, el impacto de las ideas de Albert Einstein no se limitó a ese campo. El artículo “A review of the contributions of Albert Einstein to Earth Sciences” destaca que Einstein también realizó contribuciones significativas y específicas a las Ciencias de la Tierra, las cuales son poco conocidas y se encuentran dispersas. Estas aportaciones se pueden clasificar en tres áreas fundamentales: la geodinámica, el catastrofismo geológico y la geomorfología fluvial.
1. Geodinámica: El Desplazamiento de la Corteza Terrestre
La principal contribución de Einstein en este campo está ligada a su apoyo a la controvertida teoría del
Desplazamiento de la Corteza Terrestre (Earth Crust Displacement o ECD), propuesta por Charles Hapgood.
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La teoría de Hapgood: Sugería que la litosfera terrestre (la corteza rígida) podía, en ocasiones, deslizarse como una sola pieza sobre la astenosfera (la capa interior más plástica). El mecanismo propuesto era la acumulación de enormes masas de hielo en las regiones polares, cuyo peso y distribución asimétrica generarían un impulso centrífugo por la rotación de la Tierra. Al alcanzar un punto crítico, este impulso provocaría el deslizamiento de la corteza, desplazando los polos hacia el ecuador.
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El interés de Einstein: Einstein quedó “electrizado” por la idea de Hapgood, calificándola de “original, de gran simplicidad y de gran importancia para todo lo que se relaciona con la historia de la superficie terrestre”. Sin embargo, a pesar de su apoyo, mantenía ciertas reservas, dudando de que el peso del hielo fuera suficiente para mover la corteza y de que esta pudiera deslizarse con facilidad sobre las capas internas.
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Perspectiva actual: Hoy en día, la teoría de la tectónica de placas ha eclipsado en gran medida la hipótesis de Hapgood. El artículo señala que la teoría ECD no explica satisfactoriamente fenómenos como la isostasia (el equilibrio de la corteza sobre el manto) y es contraria al conocimiento geológico actual.
2. Catastrofismo Geológico: El Caso Velikovsky
Einstein también se involucró en los debates sobre el catastrofismo, la teoría de que la Tierra ha sido afectada por eventos violentos, rápidos y de alcance global. Su participación se centró en la obra de Immanuel Velikovsky.
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La teoría de Velikovsky: En su libro Mundos en Colisión, Velikovsky proponía que eventos catastróficos descritos en textos antiguos fueron causados por un cometa eyectado por Júpiter, que tras pasar cerca de la Tierra y Marte y provocar estragos, se estabilizó en una órbita para convertirse en el planeta Venus.
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La evolución de la opinión de Einstein: A lo largo de casi una década de correspondencia, la postura de Einstein sobre Velikovsky evolucionó notablemente:
Escepticismo inicial: Admitía que habían ocurrido catástrofes de origen extraterrestre, pero negaba que Venus pudiera ser la causa, considerando los argumentos de Velikovsky “muy débiles” frente a las leyes de la mecánica astronómica.
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Defensa del debate científico: Se mostró crítico y enfadado con la “intolerancia y arrogancia” de algunos científicos que atacaron a Velikovsky con prejuicios y argumentos no científicos. Esto le llevó a su famosa afirmación: “catástrofes sí, Venus no”.
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Apoyo al derecho a disentir: El artículo concluye que el “apoyo” de Einstein no fue una aceptación científica de las ideas de Velikovsky, sino una defensa de su derecho como científico a cuestionar el modelo establecido y proponer alternativas.
3. Geomorfología Fluvial: La Formación de los Meandros 🏞️
Quizás su aportación más sólida y vigente en este campo fue su explicación sobre la formación de los meandros en los ríos, publicada en un artículo científico en 1926.
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La “paradoja de la taza de té”: Einstein fue el primero en articular cómo un flujo helicoidal (o secundario) es el responsable de la formación y migración de las curvas de un río. Lo explicó con un sencillo experimento: si se remueve el líquido en una taza de té, las hojas del fondo no se van hacia los bordes por la fuerza centrífuga, sino que se acumulan en el centro. Esto ocurre porque la fricción en las paredes y el fondo frena el líquido, creando un movimiento circular secundario que barre el fondo hacia el centro y sube por los lados.
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Aplicación a los ríos: En un río, este mismo flujo helicoidal provoca que el agua de la superficie, que va más rápido, sea empujada hacia la orilla exterior (cóncava) de la curva, aumentando la erosión en ese punto. La inercia de este flujo hace que el punto de máxima erosión se desplace ligeramente aguas abajo, provocando que el meandro no solo se amplifique, sino que también migre lentamente a lo largo del cauce.
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Perspectiva actual: El artículo afirma que, si bien su explicación sobre la amplificación del meandro a través del flujo secundario es esencialmente correcta y sobrevive hasta hoy, su idea de que la fuerza de Coriolis es la que inicia el meandro es considerada, en la mayoría de los casos, insignificante. A pesar de su validez, esta contribución de Einstein ha sido ampliamente ignorada en la literatura posterior sobre el tema.
CONMEMORACIÓN del CENTENARIO de la VISITA de A. EINSTEIN a ESPAÑA en 1923
BLAS CABRERA y la CIENCIA ESPAÑOLA ante ALBERT EINSTEIN y la RELATIVIDAD. Más información.



Bibliografía
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AEMET Blog. (2023, 29 de julio). «Algunos comentarios a propósito del centenario de la visita de Einstein a España».
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Alagón, Alejandro (a través del Diario del Alto Aragón). Crónica citada sobre el encuentro entre Einstein y Cajal.
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Archivo General de la Administración (AGA). Fuente de la fotografía de la visita de Einstein al Laboratorio de Investigaciones Físicas.
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Archivos de Albert Einstein, Universidad Hebrea de Jerusalén. Fuente de una de las fotografías de la celebración del cumpleaños de Einstein en Zaragoza.
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Barcelona Memory. (s.f.). «Einstein en Barcelona».
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El Cronista. Fotografías de los actos en Madrid.
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Elías, Carlos (2007). «La cobertura mediática de la visita de Einstein a España como modelo de excelencia periodística». Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, 183(728), pp. 899-909.
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El Noticiero. Diario de Zaragoza que cubrió la visita del científico el 13 de marzo de 1923.
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Escuela de Industriales UPM. (2015, 23 de diciembre). «Albert Einstein en la Escuela de Ingenieros Industriales». Flickr.
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