Introducción: Más Allá de la Sombra del Nobel

La historia de la ciencia española está dominada, con justa razón, por la figura monumental de Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1906. Sin embargo, en la construcción de su legado científico y en la rica crónica de su familia, emerge otra figura de extraordinaria importancia: su hermano menor, Pedro Ramón y Cajal (1854-1950) del que realizamos una completa biografía. Médico, investigador pionero y colaborador indispensable, la vida de Pedro ha permanecido a menudo en lo que se ha descrito como la “prolongada sombra de su hermano”. No obstante, su biografía no es la de un mero asistente, sino la de un científico y clínico de primera magnitud, cuya trayectoria estuvo marcada por una audacia y una resiliencia que rivalizan con las de cualquier personaje de ficción.

Alrededor de una vida tan dramática se han tejido, inevitablemente, una serie de anécdotas y leyendas que combinan hechos documentados con posibles exageraciones y mitos familiares. La presente investigación responde a una consulta específica que busca verificar varias de estas afirmaciones extraordinarias: una devoción particular a la Virgen del Pilar nacida de la gratitud por sobrevivir a eventos mortales; un castigo naval arcaico y brutal; una condena a muerte por fusilamiento en Sudamérica; y un papel decisivo en la gestión de los restos mortales de su célebre hermano.

Este artículo se propone acometer una investigación crítica y exhaustiva para separar los hechos históricos de la leyenda. El objetivo no es solo confirmar o desmentir estas afirmaciones, sino contextualizarlas, analizar su origen y comprender por qué se han adherido tan firmemente a la biografía de Pedro Ramón y Cajal. Al hacerlo, este análisis busca rescatar su figura de la simplificación y restituirla a su justa dimensión: la de un aventurero, un superviviente, un pionero de la medicina clínica en Aragón y una pieza fundamental en el triunfo universal de la Doctrina de la Neurona. La investigación se estructurará en tres partes, abordando metódicamente su odisea en Sudamérica, la naturaleza de su fe religiosa y su verdadero papel en el legado familiar, para ofrecer un retrato definitivo y basado en la evidencia.

Parte I: La Odisea Sudamericana – Entre la Aventura y la Ejecución

La juventud de Pedro Ramón y Cajal no fue la de un académico convencional, sino una forja de carácter a través de la rebelión, el exilio y el peligro extremo. Los relatos de sus años en Sudamérica constituyen el fundamento de su leyenda personal, y un análisis detallado de estos eventos es crucial para comprender la formación de su personalidad y la veracidad de las anécdotas que lo rodean.

El Vuelo de un Rebelde: El Viaje a Bordo del Queen

La odisea de Pedro comenzó con un acto de rebelión juvenil. En 1871, a los 17 años (aunque algunas fuentes sugieren que tenía 15), tras suspender una asignatura y temiendo la reacción de su severo padre, Justo Ramón Casasús, tomó una decisión radical. En lugar de enfrentar la ira paterna, huyó de casa. Su fuga no fue un arrebato pasajero; se trató de una ruptura total que lo llevó primero a Burdeos, Francia. Allí, sin dinero, se embarcó como polizón en el velero Queen, con destino a Sudamérica, iniciando un exilio autoimpuesto que se prolongaría durante siete años. Este período, lejos de ser un simple interludio aventurero, fue la etapa más formativa de su vida, un crisol que lo transformaría profundamente.

Análisis de un Castigo: La Afirmación de “Pasar por la Quilla”

Una de las anécdotas más dramáticas de su travesía es el castigo que supuestamente recibió al ser descubierto como polizón. Una fuente biográfica relata vívidamente que fue sometido al arcaico castigo de “pasar por la quilla” (keelhauling), una práctica naval extremadamente peligrosa y a menudo mortal. Según este relato, fue arrastrado bajo el casco del barco de un lado a otro.

Sin embargo, un análisis crítico de esta afirmación exige cautela. En primer lugar, el keelhauling era un castigo militar formal, principalmente de las armadas holandesa y británica en siglos anteriores, y su aplicación en un velero civil en la década de 1870 es históricamente improbable. En segundo lugar, otras fuentes describen el episodio de forma más ambigua. Una de ellas menciona que, tras ser apresados, los polizones fueron castigados, pero no especifica la naturaleza del castigo. Otra, con un lenguaje más florido, habla de que sufrió una “violenta caricia de los moluscos” que violentaban sus carnes, lo que podría ser una metáfora o una descripción de un castigo diferente, como ser arrastrado por el costado del buque.

La existencia de estas versiones menos específicas y la improbabilidad histórica del keelhauling en este contexto sugieren que la historia, en su forma más extrema, es probablemente un embellecimiento legendario. Es casi seguro que Pedro fue castigado severamente por su infracción, pero la afirmación de haber sido pasado por la quilla debe ser clasificada como una anécdota que, si bien captura la brutalidad de su experiencia, carece de verificación y probablemente exagera el hecho real para aumentar su dramatismo. Este patrón de un núcleo factual rodeado de detalles legendarios se repetirá, demostrando cómo se construyen las biografías heroicas.

El Guerrillero, el Secretario y el Pelotón de Fusilamiento

A diferencia de la anécdota del castigo naval, los eventos que rodearon su participación en conflictos armados y su condena a muerte están sólidamente documentados y confirman la naturaleza extraordinaria de su juventud.

Al llegar a Uruguay, Pedro se encontró con un país sumido en la inestabilidad política de la llamada «Revolución de las Lanzas». Sin dudarlo, se enroló en las filas revolucionarias del caudillo Timoteo Aparicio. Su papel inicial fue el de soldado, participando en escaramuzas y siendo herido en el abdomen en una de ellas, lo que le dejó una cicatriz permanente. Su destino, sin embargo, cambió gracias a una habilidad poco común entre los combatientes de la pampa: sabía leer y escribir. Esta aptitud le valió el nombramiento como secretario personal del general Aparicio, un puesto de confianza que lo situó en el centro del movimiento insurgente.

La culminación de su odisea fue tan dramática como su inicio. Tras siete años de peripecias, Pedro y un compañero italiano decidieron desertar. Para ello, cometieron un acto de grave felonía: robaron el caballo y la pistola del propio coronel Aparicio. Fueron capturados rápidamente, juzgados sumariamente por traición y condenados a la pena capital: la muerte por fusilamiento.

Su salvación llegó en el último momento y gracias a una cadena de intervenciones consulares. La familia de su compañero italiano, que mantenía comunicación con él, se enteró de la sentencia e imploró la ayuda del cónsul italiano. Este, a su vez, alertó a su homólogo español sobre la inminente ejecución de un ciudadano español. La intervención diplomática conjunta logró detener la ejecución y asegurar su liberación y posterior regreso a España. Este episodio, uno de los más increíbles de su biografía, está confirmado por múltiples fuentes y valida una de las afirmaciones centrales de la consulta.

La aventura sudamericana no fue una mera anécdota juvenil, sino la experiencia fundamental que moldeó su carácter. El acto inicial de rebelión contra una figura paterna formidable demostró una independencia de espíritu poco común. Sobrevivir a dificultades extremas —castigos severos en el mar, heridas de combate y una condena a muerte evitada por poco— le inculcó una resiliencia y una autoconfianza excepcionales. Las fuentes biográficas establecen una conexión directa entre estas vivencias y su posterior carrera, afirmando que esta odisea “forjó su carácter, resiliencia y perspectiva única” y le proporcionó la “autoconfianza que explica su audacia posterior, como el cambio de especialidad de histología a ginecología”. Por lo tanto, su disposición futura para ser pionero en campos médicos innovadores, como la introducción de la biopsia sistemática y la radioterapia en Aragón, y para realizar investigaciones científicas originales, puede entenderse como una consecuencia psicológica directa de estas experiencias formativas. Aprendió a navegar el riesgo extremo y a confiar en su propio juicio, rasgos que definirían toda su vida profesional.

Parte II: Fe, Fortuna y el Ferrocarril – Devoción a la Virgen del Pilar

La fe religiosa de Pedro Ramón y Cajal y su devoción particular a la Virgen del Pilar constituyen otro pilar de su biografía personal. Las historias que vinculan esta fe a la supervivencia milagrosa de accidentes mortales son clave para entender su mundo interior, pero requieren un análisis cuidadoso para distinguir entre la creencia personal, la anécdota familiar y el hecho verificable.

Un Vínculo Aragonés: La Fe de los Cajal

Para comprender la devoción de Pedro, es imprescindible situarla en su contexto cultural. La Virgen del Pilar no es una advocación mariana más; es el símbolo religioso y de identidad más profundo de Zaragoza y de todo Aragón. La devoción a “la Pilarica” está arraigada en la historia de la región desde al menos el siglo XIV. Para una familia aragonesa como los Ramón y Cajal, esta fe formaba parte de su tejido cultural.

Más allá del contexto general, la fe católica personal de Pedro está bien documentada. Su obituario, publicado en la prensa de la época, destaca que “falleció cristianamente”, y los relatos biográficos lo describen como un hombre de profundas convicciones religiosas. Esta base de creencia personal es el terreno fértil sobre el que crecieron las historias de intervención divina en su vida.

El Incidente del Tren: ¿Milagro o Mito Fundacional?

La anécdota central que une su fe con su fortuna es un supuesto accidente de tren. Según una detallada fuente biográfica, el origen de su especial devoción a la Virgen del Pilar se remonta a un suceso ocurrido a su regreso de Sudamérica. Mientras viajaba en tren hacia Zaragoza, se bajó en una parada para almorzar. Justo en ese momento, se produjo una explosión en el tren que podría haberle costado la vida. Atribuyó su asombrosa supervivencia a la intervención directa de la “amada Virgen”. Otra fuente menciona una historia similar, aunque menos precisa, hablando de un “descarrilamiento o una explosión” del que se salvó milagrosamente.

Este relato es poderoso y explicativo, pero se enfrenta a un problema fundamental: la falta de corroboración externa. A pesar de la existencia de registros de accidentes ferroviarios en España durante esa época, la investigación de la documentación disponible no ha arrojado ninguna evidencia de un accidente de tren con una explosión cerca de Zaragoza en o alrededor de 1878, el año del regreso de Pedro. Los accidentes documentados en la región no coinciden con los detalles de la anécdota.

Por lo tanto, el incidente del tren debe ser clasificado como una anécdota familiar plausible pero no verificada, o quizás como un mito fundacional de su devoción personal. Esto no significa que la historia sea falsa, sino que su estatus es el de un relato personal o familiar transmitido oralmente, no el de un suceso históricamente documentado. La historia en sí misma es un hecho de su biografía (era algo que se contaba sobre él y que él mismo pudo haber creído y relatado), pero el evento carece de la confirmación externa que sí tienen sus aventuras en Sudamérica. Su principal valor no es como hecho histórico, sino como ilustración de la profundidad y la naturaleza personal de su fe.

La intensa devoción de Pedro a la Virgen del Pilar, cristalizada en la anécdota del tren, puede interpretarse como una respuesta psicológica a una vida marcada por la supervivencia a traumas extraordinarios. Su biografía está jalada por una serie de experiencias cercanas a la muerte que sí son verificables: combates, una condena a muerte y castigos brutales en alta mar. Es un fenómeno psicológico común que los supervivientes de traumas intensos busquen un significado superior o atribuyan su supervivencia a la intervención de un poder trascendente. La historia del tren, sea factual o una narrativa simbólica construida a posteriori, encaja perfectamente en este patrón. Funciona como el evento catalizador que da un nombre y un rostro —el de la Virgen del Pilar— a la fuerza protectora que él sentía que lo había guiado a través de todas sus pruebas. De este modo, su fe no sería meramente un producto de su herencia cultural aragonesa, sino una convicción forjada y magnificada en el fuego de su propia y excepcional historia de supervivencia.

Parte III: El Legado de los Hermanos – La Tumba de Santiago y el Papel de Pedro

La última parte se refiere a un asunto familiar y de legado: el supuesto papel de Pedro en la gestión del entierro de su hermano Santiago. Este punto, a diferencia de las leyendas de aventuras, se adentra en la historia documentada de la familia y del tenso clima político de la España de los años treinta, permitiendo una refutación clara y basada en evidencia.

La relación entre los hermanos se mantuvo extraordinariamente estrecha hasta el final. De hecho, tras la muerte de su esposa Silveria en 1930, Santiago encontró consuelo y cuidado en su familia de Zaragoza. Durante los últimos años de su vida, era habitual que pasara largas temporadas, especialmente los meses de octubre y noviembre, en la casa familiar de la calle Joaquín Costa, 12, al cuidado de sus hermanas y en compañía de Pedro. Esta cercanía hace aún más relevante analizar por qué, a pesar de este vínculo, Pedro no fue la figura central en la gestión de los arreglos finales de su hermano.

El Último Reposo de un Sabio

Para abordar esta cuestión, es fundamental establecer los hechos básicos del fallecimiento y sepultura del Nobel. Santiago Ramón y Cajal murió en su palacete de la calle Alfonso XII de Madrid el 17 de octubre de 1934.

Portada del diario

Artículo del periódico La libertad: Desgracia Nacional: Su capacidad intelectual se mantuvo intacta hasta los últimos momentos de vida. En la última cuartilla escrita 4 horas antes de morir a su discípulo Tello escribió: “Estoy afónico, no puedo leer, ni comer y las fuerzas agotan…”. Doctor Bacteria.

Fue enterrado en el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, también en Madrid, en una tumba sencilla que comparte con su esposa, Silveria Fañanás García. La ubicación exacta de la sepultura está documentada: Meseta 2, Cuartel 1-PF, Manzana 112.

Proceso del entierro de Santiago Ramón y Cajal, donde se observa una multitud en la calle de Niceto Alcalá-Zamora mientras el féretro pasa.La policía impidió en la Puerta de Alcalá que el féretro fuera llevado a hombros por sus discípulos hasta el Cementerio de la Almudena, ya que días antes se había producido la revolución de 1934 en Asturias, Doctor Bacteria.

Tumba de Santiago Ramón y Cajal en el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, Madrid, con inscripciones visibles en la lápida.
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Tumba de Santiago Ramón y Cajal y su esposa Silveria Fañanás en el Cementerio de La Almudena, con flores sobre la lápida.

Un detalle crucial, a menudo omitido en los relatos hagiográficos, es que el entierro fue un evento “conflictivo”. La policía impidió que el féretro fuera llevado a hombros por sus discípulos y admiradores, y la inhumación misma fue complicada, requiriendo que se mutilara la tumba a golpes para poder introducir el ataúd.

Testamentos Contradictorios y el Papel del Albacea

La raíz de este conflicto y la clave para desmentir el papel de Pedro se encuentra en los testamentos de Santiago. A lo largo de su vida, Cajal modificó sus últimas voluntades en tres ocasiones, reflejando una evolución en su pensamiento. En un codicilo final, redactado poco antes de morir, el sabio expresó un deseo inequívoco: quería un entierro puramente civil. Esta voluntad chocaba con los deseos de parte de su familia y con el ambiente conservador del “bienio negro” de la Segunda República.

Aquí reside el punto central: la persona legalmente responsable de ejecutar la última voluntad de Santiago, su albacea testamentario (albacea), no fue su hermano Pedro. Aunque en su primer testamento Santiago sí había nombrado a Pedro como albacea, posteriormente cambió de parecer, considerando que la escasa diferencia de edad entre ambos —apenas dos años— no lo hacía aconsejable para un encargo de tan larga duración. El encargado final de esta difícil tarea fue su discípulo más cercano y hombre de confianza, el Dr. Jorge Francisco Tello Muñoz. Fue Tello quien, como albacea, tuvo que navegar la compleja situación. Mostró el testamento a las autoridades militares que pretendían presidir el cortejo para demostrar el deseo de un entierro civil, pero finalmente, ante las presiones y el contexto, se tomó la decisión de proceder con un entierro católico en el cementerio de La Almudena. Las crónicas del evento describen a un Tello compungido, dando órdenes durante la difícil inhumación y arrojando el primer puñado de tierra a la fosa.

En todos los relatos detallados sobre el entierro, los testamentos y las decisiones que se tomaron, Pedro Ramón y Cajal está notablemente ausente. Su residencia y su activa práctica clínica en Zaragoza, sumadas a la naturaleza inesperada del fallecimiento de Santiago, hacen improbable que él y sus hermanas pudieran llegar a tiempo para participar en la organización de las exequias en Madrid.

Veredicto y Aclaración

Con base en la evidencia documental, la afirmación de que Pedro Ramón y Cajal gestionó el traslado o el entierro de su hermano en La Almudena es incorrecta.

  • No hubo traslado: Santiago murió y fue enterrado en Madrid. La idea de un “traslado” a La Almudena es errónea.

  • El responsable fue el albacea: La gestión del entierro recayó legal y factualmente en el Dr. Francisco Tello, no en Pedro.

La posible fuente de esta confusión es comprensible. La relación entre los dos hermanos era extraordinariamente estrecha, tanto en lo personal como en lo científico. Santiago menciona en cuatro ocasiones las contribuciones cruciales de “mi hermano” en su Conferencia Nobel. Dada esta cercanía, es natural asumir que Pedro, como familiar más directo y colaborador íntimo, se habría encargado de los arreglos finales. Sin embargo, la evidencia testamentaria y los relatos históricos demuestran que Santiago confió la salvaguarda de su legado institucional a su principal discípulo en Madrid.

La elección de Tello como albacea, en lugar de Pedro, revela una distinción importante en los roles que ambos desempeñaban en la vida de Santiago. Mientras Pedro fue un colaborador científico indispensable, cuyas investigaciones en anatomía comparada fueron fundamentales para universalizar la Doctrina de la Neurona, su carrera principal lo había llevado de vuelta a Zaragoza, donde se consolidó como un prestigioso clínico, ginecólogo y oncólogo. Francisco Tello, en cambio, permaneció en el epicentro de la investigación en Madrid, siendo el sucesor natural de Cajal al frente del Instituto. La elección de Santiago fue, por tanto, pragmática y lógica: Tello era el heredero institucional, el hombre que dirigiría el Laboratorio. Pedro era el querido hermano y el socio científico clave, pero geográficamente y profesionalmente distinto en 1934.

Además, la controversia sobre la naturaleza del entierro de Santiago trasciende lo familiar para convertirse en un reflejo de las profundas divisiones ideológicas de la España de la época. El deseo de Cajal de un entierro civil se alineaba con los valores seculares y progresistas de la República, de la que él era un símbolo. La decisión final de realizar un entierro católico, en contra de su última voluntad, puede interpretarse como una victoria simbólica de las fuerzas tradicionales y católicas durante el conservador “bienio negro”. La historia de su tumba no es, por tanto, solo un asunto privado, sino un episodio que encapsula la lucha cultural entre la modernidad científica y el tradicionalismo católico en la España previa a la Guerra Civil.

Tabla 1: Verificación de Afirmaciones Biográficas sobre Pedro Ramón y Cajal

AfirmaciónAnálisis de Evidencia y FuentesVeredicto Histórico****Devoción a la Virgen del PilarFe católica documentada. La devoción está vinculada en anécdotas biográficas a su supervivencia de múltiples traumas, en particular un incidente de tren. Profundamente arraigada en su identidad aragonesa.Confirmado****Castigo de “pasar por la quilla” en el barco QueenMencionado en una fuente biográfica clave, pero esta forma de castigo es históricamente improbable en un buque civil. Otra fuente lo describe de forma más vaga. Probablemente una exageración dramática de un castigo real por ser polizón.Incorrecto / Embellecimiento Legendario****Salvado de un fusilamiento en SudaméricaConfirmado por múltiples fuentes. Fue condenado a muerte por traición en Uruguay y salvado por la intervención de última hora de los cónsules español e italiano.Confirmado****Salto de un tren que se estrellóRelatado en anécdotas biográficas como el suceso que cimentó su fe. Sin embargo, no hay corroboración independiente de un accidente de tren específico en los registros históricos proporcionados.Anécdota Plausible / No Verificada****Gestión del traslado de la tumba de su hermano Santiago a la AlmudenaIncorrecto. Santiago murió y fue enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid. Su albacea legal era su discípulo Francisco Tello, quien gestionó el controvertido entierro, no Pedro.Incorrecto

Conclusión: Separando al Hombre del Mito

Este análisis exhaustivo de las afirmaciones que rodean la vida de Pedro Ramón y Cajal permite trazar una línea clara entre la historia documentada, la anécdota familiar y la leyenda. La investigación confirma que la vida de Pedro fue, en efecto, tan extraordinaria que no necesitó de adornos para ser legendaria, aunque inevitablemente los atrajo.

En respuesta directa a la consulta inicial, los veredictos son los siguientes:

  • Devoción a la Virgen del Pilar: Se confirma como un aspecto central de su identidad, una fe católica profunda y característica de su origen aragonés, muy probablemente intensificada por una vida de supervivencia a traumas extremos.

  • Aventuras y Peligros: La historia de ser salvado de un pelotón de fusilamiento en Uruguay es un hecho histórico documentado. Por el contrario, la anécdota de haber sido pasado por la quilla es casi con toda seguridad un embellecimiento legendario de un castigo real pero menos extremo. El relato de haber saltado de un tren accidentado permanece en el ámbito de la anécdota familiar no verificada, sirviendo más como un mito fundacional de su fe que como un suceso confirmado.

  • Gestión de la Tumba de Santiago: La afirmación de que Pedro gestionó el entierro de su hermano en La Almudena es incorrecta. Esta responsabilidad recayó en el albacea testamentario de Santiago, su discípulo Francisco Tello.

Más allá de la verificación de estos puntos, emerge un retrato matizado de Pedro Ramón y Cajal. Fue un hombre forjado en la rebelión y la adversidad, cuya audacia juvenil se transformó en una carrera de innovación pionera. Como médico clínico en Zaragoza, introdujo prácticas de vanguardia para su época, como la realización sistemática de biopsias preoperatorias e intraoperatorias y el uso terapéutico del radium, convirtiéndose en un precursor de la oncología moderna en España. Como científico, su papel fue mucho más que el de un simple ayudante. Fue un investigador original y el colaborador indispensable cuya labor en neuroanatomía comparada proporcionó la evidencia crucial sobre vertebrados inferiores (aves, reptiles, batracios) que permitió a Santiago universalizar la Doctrina de la Neurona, un hecho que el propio Nobel reconoció explícitamente.

En definitiva, Pedro Ramón y Cajal no fue una figura secundaria, sino, como lo describe acertadamente una fuente, el “otro pilar” sobre el que se sostuvo un legado científico familiar sin parangón. Esta naturaleza complementaria se reflejaba incluso en la forma en que se presentaban al mundo: mientras Santiago firmaba sus trabajos como «Cajal», utilizando el apellido materno que lo hizo universal, Pedro lo hacía como «Pedro Ramón», afianzando su propia identidad dentro del proyecto familiar. Su vida, rica en aventuras, peligros, fe y logros científicos y médicos, merece ser conocida y valorada por sus propios méritos, despojada de mitos pero no de su inherente grandeza.

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