La Escuela de Cajal ante el Drama de la Polio en España

Prólogo: La Edad de Plata y la Doctrina de la Neurona

Contexto Histórico: El Renacimiento Científico Español

A finales del siglo XIX, España se encontraba sumida en una profunda crisis de identidad. La pérdida de las últimas provincias de ultramar: Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico en 1898, el “Desastre del 98”, no solo representó una derrota militar, sino que también catalizó un intenso debate nacional sobre las causas del declive del país. En este clima de introspección y anhelo de modernización, surgió un movimiento intelectual y cultural conocido como el Regeneracionismo, que buscaba revitalizar la nación a través de la educación, la economía y, de manera crucial, la Ciencia¹. Figuras como Santiago Ramón y Cajal argumentaban con vehemencia que la debilidad de España no radicaba en una supuesta incapacidad racial, sino en su profundo atraso científico y tecnológico. En sus propias palabras, España había sido vencida “es preciso confesar que nuestra ignorancia, aún más que nuestra pobreza, ha causado el desastre, en el cual no hemos logrado ni el triste consuelo de vender caras nuestras vidas. Una vez más la ciencia creadora de riqueza y de fuerza se ha vengado de los que la desconocen y menosprecian”.

Este fervor regeneracionista encontró su máxima expresión institucional en la creación de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) en 1907, un organismo impulsado por el propio Cajal y que se convertiría en el motor de la llamada “Edad de Plata” de la ciencia española³⁻⁵. La JAE, inspirada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza, promovió un cambio estructural en el sistema educativo y científico, enviando a los jóvenes más prometedores a formarse en los principales centros de investigación de Europa y creando laboratorios y centros de estudio en España para que pudieran aplicar y desarrollar los conocimientos adquiridos a su regreso³, ². Este proyecto nacional de modernización a través del conocimiento buscaba sacar a España de su aislamiento científico y situarla en la vanguardia internacional, un objetivo que, durante unas pocas décadas gloriosas, pareció al alcance de la mano⁴, ⁵.

Santiago Ramón y Cajal: El Arquitecto del Cerebro Moderno

En el centro de este renacimiento científico se erigía la figura monumental de Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)³, ⁶. Antes de su irrupción, el conocimiento sobre la estructura fina del sistema nervioso era una terra incognita, un territorio inexplorado dominado casi por completo por la Teoría Reticular⁴, ⁵. Propuesta por Joseph von Gerlach y defendida fervientemente por el histólogo italiano Camillo Golgi, esta teoría postulaba que el sistema nervioso central estaba organizado como un sincitio, una red continua e ininterrumpida de fibrillas interconectadas, sin principio ni fin⁴, ⁶, ⁵. Esta visión del cerebro como una malla difusa impedía comprender cómo se procesaba y transmitía la información de manera direccional y específica.

El momento decisivo para Cajal, y para la neurociencia moderna, llegó en 1887. Su encuentro con una técnica de tinción desarrollada por Golgi cambiaría para siempre el mapa del cerebro.

El Catalizador: Luis Simarro y el Método de Golgi

El avance de Cajal no surgió en el vacío. Dependió de manera crítica de la introducción de una técnica foránea a través de un intermediario clave: el neuropsiquiatra Luis Simarro Lacabra (1851-1921). Simarro, una figura polifacética formada en París bajo la tutela del prestigioso histólogo Louis-Antoine Ranvier, fue un nexo fundamental entre la ciencia española y las corrientes más avanzadas de Europa⁷. En 1887, durante una visita de Cajal a su laboratorio privado en Madrid, Simarro le mostró unas preparaciones del sistema nervioso teñidas con la “reazione nera” (reacción negra) de Camillo Golgi⁴, ⁵.

Grupo de científicos observando en un laboratorio, con un foco de luz enfatizando su trabajo en experimentos, rodeados de frascos y herramientas científicas.
Joaquín Sorolla y Bastida -

Esta técnica, que utilizaba una solución de dicromato de potasio y nitrato de plata, tenía la propiedad casi mágica de teñir de un negro intenso un número reducido y aleatorio de neuronas, dejando las células circundantes transparentes⁶. Por primera vez, era posible observar una neurona en su totalidad, con su cuerpo celular y todas sus intrincadas prolongaciones, como un árbol solitario en un bosque invisible. Para Cajal, fue una revelación. Comprendió de inmediato el potencial de un método que él mismo adoptaría, perfeccionaría y utilizaría con una maestría inigualable⁴, ⁶, ⁵. Este episodio subraya que la “Edad de Plata” no fue un fenómeno puramente endógeno, sino el fruto de una apertura crucial a la ciencia europea, facilitada por figuras cosmopolitas como Simarro y formalizada institucionalmente por la JAE.

La Revolución de la Doctrina Neuronal

Armado con el método de Golgi, Cajal inició en su cátedra de Barcelona lo que él mismo denominó su “año cumbre, año de fortuna”⁵. Entre 1888 y 1892, sus investigaciones demolieron los cimientos de la Teoría Reticular. Al estudiar el cerebelo y la retina, demostró de manera inequívoca que las fibras nerviosas no formaban una red continua, sino que terminaban libremente, estableciendo contacto por contigüidad, no por continuidad, con otras células⁴, ⁵.

De estas observaciones surgieron los pilares de la Doctrina de la Neurona:

  • La Neurona como Unidad Individual: El sistema nervioso está compuesto por células discretas e independientes, las neuronas, que son las unidades anatómicas y funcionales fundamentales⁶.

  • La Ley de Polarización Dinámica: El impulso nervioso fluye en una dirección constante y predecible: desde las dendritas y el cuerpo celular hacia el axón, que lo transmite a la siguiente neurona⁴, ⁵.

  • La Especificidad de las Conexiones: Las neuronas no se conectan al azar, sino que forman circuitos precisos en lugares especializados que más tarde Charles Sherrington bautizaría como “sinapsis”.

Además, Cajal describió con una precisión asombrosa estructuras celulares hasta entonces desconocidas, como las espinas dendríticas (pequeñas protuberancias en las dendritas que actúan como puntos de contacto sináptico) y los conos de crecimiento axonal (estructuras dinámicas en el extremo de los axones en desarrollo que guían su camino)³, ⁴, ⁵. Sus dibujos, realizados a mano alzada con tinta china, no eran meras ilustraciones, sino verdaderos modelos teóricos que abstraían la esencia funcional de los circuitos neuronales. Estas obras de arte científico, declaradas Memoria del Mundo por la Unesco en 2017, fueron el vehículo principal para la difusión y aceptación de sus revolucionarias ideas⁴. Con la Doctrina de la Neurona, Cajal no solo había cartografiado un nuevo continente, sino que había proporcionado el lenguaje y la gramática para entender cómo funciona.

AñoHitos de la Escuela Neurológica EspañolaHitos de la Poliomielitis en España y el MundoContexto Político-Social en España1887Cajal conoce el método de Golgi a través de Luis Simarro⁴, ⁵.Período de la Restauración borbónica.1888Cajal publica sus primeros trabajos refutando la Teoría Reticular⁴, ⁵.1899Joaquín Sorolla pinta “¡Triste herencia!”⁵.Auge del Regeneracionismo.1902Jorge Francisco Tello se convierte en el primer discípulo de Cajal.1906Santiago Ramón y Cajal y Camillo Golgi comparten el Premio Nobel⁴, ⁵.1907Creación de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), presidida por Cajal³, ⁴, ⁵.1918Muerte prematura de Nicolás Achúcarro⁴, ⁵.1919Pío del Río Hortega describe la microglía⁷.1921Pío del Río Hortega describe la oligodendroglía⁸.Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).1929Primera nominación de Pío del Río Hortega al Premio Nobel.1931Proclamación de la Segunda República.1934Muerte de Santiago Ramón y Cajal⁴, ⁵.1936Inicio de la Guerra Civil Española. Exilio de muchos científicos.1939Fin de la Guerra Civil. Inicio de la dictadura franquista y la depuración³, ⁵.Fase epidémica creciente de la polio en España⁵.1944Julián Sanz Ibáñez publica “Poliomielitis experimental”⁹.Autarquía y aislamiento internacional.1950-1963Pico de la epidemia de polio en España⁵.1955Se aprueba la vacuna inactivada de Salk (VPI) en EE. UU..1961Se aprueba la vacuna oral atenuada de Sabin (VPO).1963Primera campaña nacional de vacunación masiva en España con la vacuna Sabin¹⁰.

Capítulo I: Los Pilares de la Escuela de Madrid: Tello, Achúcarro y la Siguiente Generación

La creación del Laboratorio de Investigaciones Biológicas en 1902, financiado con el dinero del Premio Internacional de Moscú que Cajal había ganado en 1900, y su posterior consolidación como Instituto Cajal, proporcionó el marco institucional para el florecimiento de lo que se conocería como la Escuela Neurológica Española o Escuela de Madrid³, ⁴, ⁵, ²⁹. Este no era simplemente un lugar de trabajo, sino un ecosistema científico dinámico, un crisol de ideas y técnicas donde una generación de jóvenes investigadores, bajo la tutela del maestro, expandiría las fronteras de la neurociencia.

Jorge Francisco Tello: El Discípulo Fiel

Jorge Francisco Tello Muñoz (1880-1958) ostenta el título de ser el primer y más leal discípulo de Cajal. Su relación comenzó en 1902, cuando Tello, un brillante estudiante de medicina que inicialmente se inclinaba por la cirugía, fue cautivado por la histología y se convirtió en colaborador de Cajal, abandonando para siempre el quirófano por el microscopio. Su fidelidad y talento le convirtieron en el hombre de confianza del maestro, quien lo nombró subdirector del Instituto Cajal en 1926 y lo propuso para sucederle en su cátedra de la Universidad de Madrid.

La investigación de Tello se centró en expandir y consolidar los hallazgos de Cajal. Sus trabajos sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso fueron fundamentales, aportando pruebas experimentales cruciales sobre el neurotropismo —la idea de que las fibras nerviosas en crecimiento son guiadas por señales químicas—, un concepto propuesto por Cajal⁶. Realizó estudios exhaustivos sobre la histogénesis del sistema nervioso en diversas especies y en diferentes condiciones, como los cambios morfológicos que ocurren durante la hibernación, y contribuyó de manera significativa al conocimiento del desarrollo del sistema nervioso simpático⁴, ⁵. Su colaboración con Cajal fue tan estrecha que fueron coautores de dos manuales de gran influencia: el Manual de Anatomía Patológica y los Elementos de histología normal y de técnica micrográfica. Tello representaba la continuidad, el pilar sobre el que se asentaba la ortodoxia de la Escuela, dedicado a explorar y detallar el vasto territorio que el maestro había descubierto.

Nicolás Achúcarro: El Puente hacia la Neuropatología

Si Tello representaba la profundización en el paradigma cajaliano, Nicolás Achúcarro y Lund (1880-1918) fue el responsable de su expansión hacia nuevos horizontes. Nacido en Bilbao, Achúcarro poseía una formación cosmopolita excepcional para la época. Pasó largos periodos en Alemania, donde trabajó con las figuras más importantes de la neuropatología y la psiquiatría, como Alois Alzheimer y Franz Nissl, y también en Francia, Italia y Estados Unidos. Esta formación le proporcionó una perspectiva única que combinaba la clínica neurológica y psiquiátrica con la investigación histopatológica de más alto nivel.

A su regreso a España, se incorporó al laboratorio de Cajal y dirigió el Laboratorio de Histopatología del Sistema Nervioso. Su contribución fundamental fue la de introducir en la Escuela el estudio sistemático de las células no neuronales, la neuroglía, y su implicación en los procesos patológicos⁴, ⁵. Mientras la atención se centraba casi exclusivamente en las neuronas, Achúcarro comenzó a investigar las “células en bastoncito” y las “células granulo-adiposas” que aparecían en cerebros enfermos⁷. Fue su trabajo pionero el que llevó a Cajal a postular la existencia de un “tercer elemento” en los centros nerviosos, además de las neuronas y los astrocitos ya conocidos, abriendo una nueva y fructífera línea de investigación⁴, ⁵. Su muerte prematura por la enfermedad de Hodgkin en 1918, a los 37 años, fue una tragedia que privó a la ciencia española de uno de sus talentos más brillantes y prometedores, el hombre que estaba destinado a consolidar la neurología como especialidad independiente en España.

La Consolidación de la Escuela

La Escuela de Cajal no era una simple jerarquía con un maestro y sus aprendices, sino un verdadero ecosistema científico. Junto a Tello y Achúcarro, otros discípulos realizaron contribuciones notables. La fama del laboratorio creció exponencialmente, y Madrid se convirtió en un centro de peregrinaje para científicos de todo el mundo que deseaban aprender las técnicas y el pensamiento de la Escuela⁴, ⁵. La llegada de los que serían los dos últimos grandes discípulos directos de Cajal, Fernando de Castro (1896-1967) y Rafael Lorente de Nó (1902-1990), marcaría una nueva etapa. Ambos, con una orientación más fisiológica, buscaron desentrañar no solo la estructura, sino también la función de los circuitos que sus predecesores habían descrito con tanto detalle, abriendo la Escuela a la moderna neurofisiología. Esta evolución programática —de la estructura (Cajal, Tello) a la patología (Achúcarro) y finalmente a la función (de Castro, Lorente de Nó)— demuestra la vitalidad y la capacidad de adaptación de un ecosistema científico que, antes de su trágica destrucción, se encontraba en la cima de la ciencia mundial.

Nombre y FechasRol Principal y AfiliaciónContribución Científica ClaveRelación con Otros ActoresDestino tras la Guerra Civil**Santiago Ramón y Cajal** (1852-1934)Fundador de la Escuela Neurológica Española. Catedrático en Madrid.Doctrina de la Neurona. Ley de Polarización Dinámica.Mentor de toda la Escuela. Colaborador de Golgi (y rival teórico).Fallecido en 1934, antes de la guerra.Pedro Ramón y Cajal (1854-1950)Catedrático en Cádiz y Zaragoza.Histología comparada del SN, Ginecología.Hermano y colaborador de Cajal.Fallecido en 1950.Laura Forster (1858-1917)Investigadora visitante. Médica.Degeneración de la médula espinal en aves.Visitante en el laboratorio de Cajal.Fallecida en 1917 (I Guerra Mundial).Domingo Sánchez Sánchez (1860-1947)Discípulo de Cajal. Zoólogo.SN de invertebrados, refutación del reticularismo.Colaborador en el Instituto Cajal.Fallecido en 1947.Jorge Francisco Tello (1880-1958)Discípulo de Cajal. Director del Instituto Cajal. Catedrático en Madrid.Estudios sobre regeneración nerviosa y neurotropismo.Primer y más fiel discípulo de Cajal.Depurado de su cátedra y cargos. Exilio interior.Nicolás Achúcarro (1880-1918)Discípulo de Cajal. Director del Lab. de Histopatología.Pionero en el estudio de la neuroglía y la neuropatología.Formado con Alzheimer. Maestro y protector de Río Hortega.Fallecido en 1918.Pío del Río Hortega (1882-1945)Discípulo de Achúcarro. Director del Lab. de Histopatología.Descubrimiento de la microglía y la oligodendroglía.Protegido de Achúcarro.Exiliado en Francia, Reino Unido y Argentina. Fallecido en el exilio.Gonzalo R. Lafora (1886-1971)Discípulo de Cajal y Simarro. Neuropsiquiatra.Neuropatología, Enfermedad de Lafora.Discípulo de Cajal y Simarro.Exiliado en México.Fernando de Castro (1896-1967)Discípulo de Cajal. Catedrático en Sevilla y Madrid.Descubrimiento de los quimiorreceptores del cuerpo carotídeo.Discípulo cercano de Cajal. Colaborador de Tello en la protección del Legado.Marginado. Exilio interior.Manuela Serra (1901-1988)Técnica de laboratorio (“preparadora”).Gliofibrillas en la neuroglía de la rana.Colaboradora en el laboratorio de Cajal.Dejó la ciencia tras casarse en 1927.Rafael Lorente de Nó (1902-1990)Discípulo de Cajal. Investigador en el Rockefeller Institute (EE.UU.).Organización columnar de la corteza. Circuitos reverberantes.Discípulo más joven de Cajal. Pionero de la cibernética.Exiliado en Estados Unidos, donde desarrolló toda su carrera.Julián Sanz Ibáñez (1904-1963)Último discípulo de Cajal. Catedrático en Madrid.”Poliomielitis experimental”, Virología.Discípulo de Cajal, colaborador de Pérez Gallardo.Promocionado durante el franquismo.

Capítulo II: Pío del Río Hortega: La Revolución del “Tercer Elemento”

Dentro de la constelación de talentos que conformaron la Escuela de Cajal, la figura de Pío del Río Hortega (1882-1945) brilla con una luz propia, compleja y, en ocasiones, trágica. Después del propio Cajal, es quizás la figura más destacada de la Escuela, un investigador cuya genialidad le llevó a completar el mapa celular del sistema nervioso central.

El Heredero de Achúcarro

Nacido en Portillo (Valladolid), Río Hortega llegó a Madrid en 1912 con la intención de trabajar con Cajal. Sin embargo, encontró su lugar junto a Nicolás Achúcarro, quien le acogió en su Laboratorio de Histología Normal y Patológica. Bajo la tutela de Achúcarro, un maestro de talla mundial, Río Hortega no solo perfeccionó su dominio de las técnicas de impregnación metálica, sino que también absorbió una visión de la ciencia que integraba la histología con la patología y la clínica. Cuando Achúcarro falleció prematuramente en 1918, Río Hortega, su discípulo más brillante, quedó como el heredero natural de su línea de investigación principal: desentrañar la naturaleza de ese misterioso “tercer elemento” del sistema nervioso que ni Cajal ni el propio Achúcarro habían logrado caracterizar por completo.

El Método del Carbonato de Plata y el Gran Descubrimiento

La clave para resolver el enigma llegó de una combinación de perseverancia y azar. En febrero de 1918, tras innumerables intentos de modificar las técnicas existentes, Río Hortega logró una “coloración espléndida”. Había creado, casi por casualidad, un nuevo método histológico: el método del carbonato de plata amoniacal. Esta nueva herramienta, mucho más selectiva y precisa que las anteriores, le proporcionó la llave para abrir la caja negra del “tercer elemento”.

Lo que reveló el carbonato de plata fue revolucionario. El “tercer elemento” de Cajal no era una entidad única, sino que estaba compuesto por dos tipos celulares completamente distintos, con orígenes embrológicos y funciones radicalmente diferentes:

  • La Microglía: En una serie de publicaciones de 1919, Río Hortega describió unas células pequeñas, de cuerpo alargado y con finas prolongaciones espinosas, a las que llamó microglía⁷. Crucialmente, demostró que estas células eran de origen mesodérmico (a diferencia de las neuronas y los astrocitos, de origen neuroectodérmico) y que poseían una asombrosa capacidad de movilidad y fagocitosis. Eran, en esencia, los macrófagos residentes del sistema nervioso central, el componente fundamental de su sistema inmunitario, capaces de activarse ante una lesión para eliminar los desechos celulares⁷. Estas células, durante mucho tiempo, fueron conocidas como las “células de Hortega”.

  • La Oligodendroglía: En 1921, completó su hazaña al describir un segundo tipo celular, al que bautizó como oligodendroglía (“células de pocas ramas”)⁸. Demostró que estas células, de origen neuroectodérmico como los astrocitos, eran las responsables de formar las vainas de mielina que envuelven los axones en el sistema nervioso central, una función análoga a la de las células de Schwann en el sistema nervioso periférico⁸. Postuló, con una intuición asombrosa que la ciencia tardaría casi un siglo en confirmar, que además de su función mielinizante, la oligodendroglía proporcionaba un soporte trófico esencial para la supervivencia y funcionalidad de las neuronas.

Con estos dos descubrimientos, Río Hortega no solo había resuelto un enigma, sino que había añadido dos piezas fundamentales al puzle del cerebro, revolucionando para siempre los conceptos sobre la estructura, la inmunidad y la patología del sistema nervioso.

Reconocimiento y Nominaciones al Nobel

A pesar de las dificultades y controversias académicas en Madrid, el reconocimiento internacional a los descubrimientos de Río Hortega fue inmediato y abrumador. En los laboratorios alemanes se acuñó el verbo “horteguear” para referirse a la aplicación de su método de tinción, y científicos de todo el mundo solicitaban estancias en su laboratorio. Su prestigio era tal que fue nominado al Premio Nobel de Fisiología o Medicina en dos ocasiones: en 1929 y, de nuevo, en 1937. Aunque nunca lo recibió, estas nominaciones confirman su estatus como uno de los neurocientíficos más importantes del mundo, una figura cuya trascendencia solo era comparable a la del propio Cajal.

Capítulo III: “Triste Herencia”: El Drama Social de la Poliomielitis en España

Mientras la Escuela de Cajal desvelaba los secretos microscópicos del sistema nervioso, una sombra se cernía sobre la salud pública española: la poliomielitis. Esta enfermedad, que ataca el sistema nervioso y puede causar parálisis permanente, se convirtió en una de las grandes tragedias del siglo XX. Antes de que la ciencia pudiera ofrecer una solución, el arte actuó como un sismógrafo social, capturando el drama de la infancia vulnerable.

Sorolla y el Realismo Social

En 1899, el pintor valenciano Joaquín Sorolla creó una de sus obras más impactantes y conmovedoras: ¡Triste herencia!⁵. El monumental lienzo retrata una escena en la playa del Cabañal en Valencia: un grupo de niños desnudos, con cuerpos marcados por la enfermedad y la discapacidad, se bañan en el mar bajo la atenta mirada de un monje de la orden de San Juan de Dios. Uno de los niños, en el centro de la composición, se apoya con dificultad en unas muletas, sus piernas atrofiadas son un testimonio elocuente de las secuelas de una enfermedad paralizante como la polio.

¡Triste Herencia! - Joaquín Sorolla
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La obra, que le valió a Sorolla el Grand Prix en la Exposición Universal de París de 1900 y obtuvo la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes, es un poderoso documento social. El propio artista confesó el sufrimiento que le causó pintarla: “Sufrí terriblemente cuando lo pinté. Tuve que forzarme todo el tiempo. Nunca volveré a pintar un tema como ese”. Aunque fue pintada antes de las grandes epidemias de polio de mediados de siglo, la obra captura una realidad atemporal: la vulnerabilidad de la infancia ante la enfermedad en una sociedad donde la atención a los desfavorecidos dependía más de la caridad religiosa que de un sistema de salud pública estructurado.

El Significado de la “Triste Herencia

El título de la obra es profundamente significativo. “Triste herencia” era una expresión de la época que aludía a las consecuencias que sufrían los hijos por las enfermedades y adicciones de sus padres, como la sífilis congénita. Sin embargo, el cuadro trasciende esta interpretación para hablar de una herencia más amplia y desoladora: la herencia de la pobreza, la marginación y el desamparo. Los niños retratados eran huérfanos del hospital de San Juan de Dios, víctimas de una sociedad que no podía protegerlos. El mar, que en otras obras de Sorolla es un escenario de alegría y vitalidad, aquí aparece con tonos sombríos, casi amenazantes, reflejando la desesperanza de la escena. La pintura de Sorolla funciona como una premonición, un retrato del desamparo que décadas más tarde se multiplicaría a una escala devastadora con la llegada de las grandes epidemias de polio.

La Polio en España hasta 1963: Una Crisis Ignorada

La poliomielitis existía en España desde principios de siglo, pero fue tras la Guerra Civil cuando su incidencia comenzó a crecer de forma alarmante⁵. A pesar de las advertencias de médicos y expertos, la respuesta inicial del régimen franquista se caracterizó por la negación y el ocultamiento. Se impuso un “velo de silencio” mediático e institucional sobre la epidemia⁵.

Esta gestión de la crisis sanitaria revela una lógica profundamente ideológica. Para una dictadura que basaba su legitimidad en la propaganda de orden, eficiencia y fortaleza, admitir la existencia de una epidemia fuera de control era una muestra de debilidad inaceptable. La salud pública quedó supeditada a la imagen política del régimen. Este ocultamiento tuvo consecuencias nefastas, ya que retrasó la adopción de medidas preventivas y, sobre todo, la implementación de las campañas de vacunación que ya se estaban llevando a cabo en otros países europeos⁵.

El Impacto en la Sociedad y las Familias

El drama se vivió en la intimidad de los hogares. La enfermedad generó un pánico social generalizado⁵. Las familias afectadas se enfrentaron no solo al dolor de ver a sus hijos paralizados, sino también al estigma social y a una enorme carga económica, sintiéndose a menudo abandonadas por un sistema sanitario desbordado e ineficaz⁵. La polio, además, se convirtió en un cruel marcador de clase social. Al transmitirse por vía fecal-oral, su incidencia era mayor en las familias con peores condiciones higiénico-sanitarias y de vivienda, que eran la mayoría en la España de la posguerra⁵. Los niños y niñas de la polio crecieron en un contexto de precariedad, largos periodos de aislamiento hospitalario y una atención sanitaria limitada, una realidad que marcó sus vidas para siempre⁵.

Capítulo IV: La Ciencia Frente a la Parálisis: Del Microscopio a la Vacuna

Mientras el drama de la polio se extendía por España, la ciencia, aunque debilitada por la guerra y la represión, no permaneció inactiva. En el corazón de la respuesta científica a la epidemia se encontraban figuras e instituciones herederas de la tradición de la Escuela de Cajal, quienes tuvieron que navegar un complejo panorama para aplicar los avances de la neuroanatomía, la microbiología y la inmunología a la crisis de salud pública más grave de la posguerra.

La Conexión Neuroanatómica: El Asta Anterior y la Obra de Cajal

Para comprender la devastación de la polio, es necesario volver al mapa del sistema nervioso trazado por Cajal. El poliovirus es un agente neurotrópico que ataca selectivamente las neuronas motoras del asta anterior de la médula espinal. La destrucción de estas células, responsables de enviar las órdenes de movimiento a los músculos, es lo que provoca la parálisis flácida que define la enfermedad.

La obra monumental de Cajal, Degeneración y regeneración del sistema nervioso (1913-1914), se convierte aquí en el texto de referencia indispensable⁶. Aunque sus estudios se basaban en lesiones mecánicas, las ilustraciones que realizó de neuronas motoras en proceso de desintegración, de axones fragmentándose y de los intentos fallidos de regeneración son, en efecto, un atlas preciso de la neuropatología de la poliomielitis. Sus dibujos del asta anterior de la médula espinal y de la regeneración de las raíces anteriores proporcionaron el diccionario visual que permitió a generaciones posteriores de médicos entender la base celular de la parálisis⁶. El trabajo de sus discípulos, como Jorge Francisco Tello, que continuaron la investigación sobre la regeneración nerviosa, profundizó en este conocimiento fundamental⁶.

La Infraestructura de la Salud Pública: El Instituto Alfonso XIII y la Microbiología

El legado de Cajal no fue solo conceptual, sino también institucional. Como director del Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII (creado en 1899), Cajal sentó las bases de la salud pública moderna en España⁴. Bajo su dirección, el instituto se convirtió en un centro de producción a gran escala de sueros y vacunas, y en el laboratorio de referencia nacional para el diagnóstico bacteriológico⁴. Esta capacidad para la microbiología, una disciplina cuyo desarrollo en España fue notable, fue crucial. Obras como el Manual de anatomía patológica general y fundamentos de bacteriología, escrito por Cajal y actualizado por Tello, se convirtieron en textos formativos para generaciones de médicos. Aunque en tiempos de Cajal el enemigo eran las bacterias, la infraestructura y la cultura científica que él creó fueron las que, décadas más tarde, se adaptarían para luchar contra los virus.

Un visitante sonriente señala un retrato en una galería de arte, mientras el fondo presenta elementos decorativos simples.
pintado en 1906 por . Fotografía de Jacinto Martín.

Julián Sanz Ibáñez: Un Discípulo en la Encrucijada

La figura de Julián Sanz Ibáñez (1904-1963) es particularmente reveladora. Formado en Zaragoza y becado por el propio Cajal en su instituto, Sanz Ibáñez es considerado el último discípulo directo del maestro. A diferencia de sus colegas depurados o exiliados, prosperó bajo el nuevo régimen, accediendo a la cátedra de Histología y Anatomía Patológica y dirigiendo la sección de Virus del Instituto Cajal.

Entre sus aportaciones destacan sus estudios sobre poliomielitis experimental. Montó y aisló por primera vez distintas cepas del virus de la poliomielitis, que inoculó a conejos, monos y chimpancés para estudiar las alteraciones del sistema nervioso periférico y la sinapsis muscular. Demostró la importancia que tenía en la evolución del proceso paralítico la lesión mioneural. Son además de especial interés sus investigaciones sobre la rickettsia prowazeki en la membrana vitelina del embrión de pollo, sobre la poliomielitis del lirón, la producción experimental del sarcoma en el ratón y la purificación química del virus de la poliomielitis.

Entre sus libros resaltan, Anatomía Patológica General (Madrid, 1954), Lecciones de Anatomía Patológica Especial (Madrid, 1958), Tumores intracraneales (Madrid, 1955) publicado con Sixto Obrador Alcalde y Radioisótopos y tumores cerebrales (Madrid, 1957) con Sixto Obrador y Severino Pérez Modrego. Algunas otras publicaciones son: Poliomielitis experimental (1943), Nuevas adquisiciones en la etiopatogenia de la poliomielitis (1946), Epidemiología de la poliomielitis (1958), Modernas orientaciones en el tratamiento de los procesos neoformativos del sistema nervioso (1948), y Clasificación de los tumores del sistema nervioso central (1961).

BIOMEDES

Sus contribuciones más destacadas fueron en el campo de la poliomielitis y del cáncer. Aplicando el rigor de la Escuela de Cajal, sus investigaciones abarcaron desde el aislamiento del virus hasta la histopatología de la enfermedad. Su obra magna fue el libro “Poliomielitis experimental”, publicado en 1944 y galardonado con el Premio Francisco Franco de Ciencias del CSIC⁹. Este trabajo representó una de las contribuciones científicas más importantes sobre la enfermedad realizadas en España y sentó las bases para los estudios posteriores.

La Batalla de las Vacunas y la Campaña de 1963

La lucha organizada contra la polio fue liderada por la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII, institución heredera del Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII dirigido por Cajal⁴. Al frente de esta batalla se situó el virólogo Florencio Pérez Gallardo (1917-2006). Su equipo realizó los estudios epidemiológicos que demostraron la necesidad urgente de una vacunación masiva.

Sin embargo, la implementación se topó con una intensa batalla burocrática e ideológica en 1963¹⁰. Por un lado, el Seguro Obligatorio de Enfermedad, representado por el influyente pediatra Juan Bosch Marín, defendía la vacuna inyectable de Salk (“virus muertos”). Por otro, el equipo de Pérez Gallardo abogaba por la vacuna oral de Sabin (“virus atenuados”), más adecuada para una campaña masiva¹⁰.

La disputa se resolvió gracias a la evidencia. En la primavera de 1963, Pérez Gallardo organizó una campaña piloto con la vacuna oral de Sabin en León y Lugo. El éxito fue rotundo y allanó el camino para que, el 14 de noviembre de 1963, se anunciara la Primera Campaña Nacional de Vacunación, un hito que frenó en seco la epidemia y salvó a miles de niños¹⁰.

Capítulo V: La Fractura: Guerra Civil, Depuración y Exilio

El florecimiento de la Edad de Plata de la ciencia española fue brutalmente interrumpido por la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior instauración de la dictadura franquista. Lo que había sido un proyecto de modernización y apertura se convirtió en un sistema de represión y aislamiento. La ciencia, y muy especialmente la Escuela de Cajal, fue una de sus principales víctimas.

La Destrucción de un Legado

El régimen de Franco se embarcó en una empresa de destrucción sistemática de la herencia intelectual de la Institución Libre de Enseñanza y de su principal creación, la JAE³. Estas instituciones eran vistas como el epítome del liberalismo, el laicismo y la apertura a Europa, ideas anatema para el nacionalcatolicismo de la “Nueva España”. La JAE fue desmantelada y reemplazada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), una nueva entidad cuya misión declarada era “restaurar la unidad clásica y cristiana de las ciencias”³, ¹⁴. La flor y nata de la ciencia española, formada durante décadas con el esfuerzo de la JAE, fue segada de raíz³.

La “Depuración” de la Ciencia

Tras la victoria franquista, se puso en marcha un proceso sistemático y obligatorio de “depuración” en las universidades y centros de investigación para expulsar a todos aquellos considerados no afectos al nuevo régimen³. El caso de Jorge Francisco Tello es un ejemplo paradigmático y doloroso de esta purga. A pesar de haber permanecido en Madrid durante toda la guerra, leal a su puesto, y de haber sido, junto a Fernando de Castro, el guardián del valioso Legado Cajal, Tello fue destituido de su cátedra y de la dirección del Instituto Cajal el 4 de octubre de 1939. Su lealtad a la República y su conexión con la JAE fueron suficientes para condenarlo a un “exilio interior”, apartado de la primera línea de la investigación y la docencia³.

Esta tragedia revela una profunda paradoja: el mismo régimen que se apropiaría de la figura de Cajal como un símbolo de la grandeza nacional, purgaba sin piedad a sus herederos intelectuales más directos y leales. Los guardianes del legado material de Cajal fueron castigados, mientras que su legado intelectual de libertad, rigor y apertura al mundo era desmantelado.

El Exilio de los Sabios

Quienes no sufrieron el exilio interior, se vieron forzados al exilio exterior. Pío del Río Hortega, por su conocido republicanismo y por haber firmado manifiestos de apoyo al gobierno legítimo, tuvo que huir de España en 1936. Su periplo le llevó primero a París, y luego a la Universidad de Oxford, invitado por el prestigioso neurocirujano Hugh Cairns. Finalmente, en 1940, se estableció en Buenos Aires, Argentina. Allí, lejos de la oscuridad que se cernía sobre España, fundó una nueva y fructífera escuela de neurohistología, formando a una nueva generación de discípulos y continuando su trabajo pionero hasta su muerte en 1945. Su influencia en América Latina, que ya era notable desde sus viajes a México y Cuba en la década de 1930, se consolidó durante su exilio.

La Diáspora del Talento

Río Hortega no fue el único. El más joven y uno de los más brillantes discípulos de Cajal, Rafael Lorente de Nó, había emigrado a Estados Unidos en 1931, frustrado por la falta de oportunidades para la investigación en España². Allí desarrolló una carrera extraordinaria en el Rockefeller Institute, convirtiéndose en una figura central de la neurofisiología mundial. Sus estudios sobre la organización columnar de la corteza cerebral y, especialmente, su descripción de los “circuitos reverberantes” —cadenas neuronales cerradas que podían mantener la actividad en el tiempo—, fueron la primera demostración biológica de un bucle de retroalimentación (feedback loop)². Este concepto resultó ser fundamental para el nacimiento de la cibernética, y Lorente de Nó fue uno de los miembros principales de las influyentes Conferencias Macy, junto a figuras como John von Neumann y Norbert Wiener.

El exilio de figuras de esta talla representó una fuga de talento irreparable para España. Sin embargo, también actuó como un vector de diseminación global del conocimiento y la metodología de la Escuela de Cajal. Mientras la ciencia se marchitaba en el “exilio interior” de la España franquista, el legado de Cajal florecía en el exilio exterior, asegurando su pervivencia e influencia en la neurociencia mundial, aunque fuera lejos de su lugar de origen. La guerra y la dictadura no solo detuvieron el progreso científico en España, sino que desmantelaron la que, según la UNESCO, fue una de las escuelas científicas más exitosas de la historia.

Epílogo: Legados Entrelazados en la Memoria y la Ciencia

La historia entrelazada de la Escuela de Cajal y la epidemia de polio en España es un relato de luces y sombras, de la cima del logro intelectual y el abismo de la tragedia política y sanitaria. Es una narrativa que obliga a reflexionar sobre la fragilidad del progreso y las profundas consecuencias que las decisiones políticas tienen sobre la ciencia y la salud de una nación.

El Coste de la Fractura

El golpe asestado por la Guerra Civil y la dictadura a la ciencia española fue de una magnitud catastrófica. La nación que, en las primeras décadas del siglo XX, había producido un Premio Nobel y varios candidatos firmes a recibirlo —como Río Hortega, de Castro y Lorente de Nó—, se vio sumida en una mediocridad científica que tardaría más de cincuenta años en empezar a superar³, ⁵. El exilio interior y exterior de sus mejores mentes, la destrucción de las instituciones liberales de investigación y la imposición de una ciencia dogmática y aislada dejaron un vacío que marcó a generaciones. El sueño regeneracionista de Cajal, el de una España moderna impulsada por el conocimiento, quedó hecho añicos.

La Memoria de la Polio

El legado de la polio sigue vivo en la memoria y en los cuerpos de miles de españoles. Décadas después de la epidemia, muchos supervivientes comenzaron a experimentar nuevos síntomas debilitantes: fatiga progresiva, debilidad y dolor muscular. Esta condición, conocida como Síndrome Post-Polio (SPP), ha sido durante mucho tiempo una enfermedad invisible, a menudo no reconocida por el sistema sanitario español. Ante este vacío institucional, ha sido el movimiento asociativo el que ha tomado la bandera de la lucha por el reconocimiento y la atención. Asociaciones como la Asociación Afectados de Polio y Sindrome Post-Polio de EspañaAsociación Postpolio Madrid (APPM)Asociación Cordobesa de Polio y Post-PolioAssociació del Polio i Síndrome Postpolio de la Comunitat Valenciana (APIPCV)Asociación Malagueña de Afectados Polio y Postpolio (AMAPyP)Asociación de Afectados de Poliomielitis y Síndrome Postpolio de Castilla y León (POLIOCyL)**Mesa de afectados polio y SPP **(MAPPE) o la Associats de Pòlio i Postpòlio de Catalunya (APIPPCAT) y es fundamental destacar la creación y el papel de la Federación de Entidades de Polio y Síndrome Postpolio de España (FEP), han sido fundamentales para dar visibilidad al problema, ofrecer apoyo mutuo y exigir los derechos y la atención médica que merecen los “niños y niñas de la polio”. Su lucha es un recordatorio constante de las consecuencias a largo plazo de una crisis sanitaria gestionada con negligencia.

Conclusión Final

Las historias aquí narradas —la de las “mariposas del alma” que Cajal vio en el cerebro, la de los niños de la “triste herencia” de Sorolla, y la de la ciencia truncada por la guerra— son, en última instancia, dos caras de la misma moneda. Representan la tensión perpetua entre el potencial ilimitado del conocimiento humano y la devastadora capacidad de la ignorancia y la barbarie política para destruirlo. La Escuela de Cajal demostró que España podía alcanzar la excelencia científica mundial. La gestión de la polio demostró con qué facilidad esa capacidad podía ser dilapidada por la negligencia institucional y la cerrazón ideológica. El legado de ambas historias es una advertencia y una inspiración: una advertencia sobre la vulnerabilidad de la ciencia y la salud pública, y una inspiración para seguir defendiendo, como hizo Cajal, un futuro donde el conocimiento sea el principal motor del progreso y el bienestar de la sociedad.

Referencias Bibliográficas

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Julián Sanz Ibáñez

Julián Sanz Ibáñez en BIOMEDES y en la RAMNE. Presentación del Archivo Histórico Documental de Patología.

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El Legado de Cajal frente a Albareda las CienciasDescarga

EL INSTITUTO DE SALUD CARLOS III Y LA SANIDAD ESPAÑOLADescarga

LOS ESTUDIOS EPIDEMIOLÓGICOSDescarga

LA ELIMINACIÓN DE LA POLIO EN ESPAÑA - Rafael NájeraDescarga

OMS Virologia EspañaDescarga

SIMURG

Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, dos células motrices del asta anterior de la médula dorsal de conejo.

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Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, células de la sustancia de Rolando y del vértice del asta posterior.

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Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, células del asta posterior y sustancia de Rolando.

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Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, foco basal interno del asta posterior de la médula lumbar.

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Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, botones nerviosos terminales sobre una neurona del asta anterior de la médula de conejo.

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Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, colaterales del cordón lateral, territorio del manojo del asta posterior.

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© Portada: ¡Triste herencia! de Joaquín Sorolla, 1899.