Ramón y Cajal fueron dos revolucionarios.

Pedro, estudiante e hijo modélico, sorprendió a todos en su adolescencia cruzando el océano Atlántico como polizón y protagonizando la revolución de las lanzas en Uruguay. Sobrevivió milagrosamente a tres muertes más que probables, y regresó a su tierra natal para volver a ser una persona ejemplar convirtiéndose en el mejor compañero de su hermano en la aventura para descubrir nuestro cerebro.

Santiago nos dejó el legado de ser un revolucionario en serie. Lideró tres procesos de transformación social con impacto disruptivo en el conocimiento científico, la investigación y la educación.

Con su tenacidad, perseverancia, y laboriosidad, Santiago se alzó sobre las cenizas de la pobreza para convertirse en el fundador de la neurociencia moderna al publicar sus descubrimientos esenciales en 1888. La mirada de Cajal consiguió comprender lo que nadie más había sido capaz de ver con un microscopio; su capacidad artística logró plasmar en dibujos la belleza y la ciencia de nuestras mariposas del alma. Su revolución científica brotó del talento de un emprendedor comprometido.

En vez de continuar en solitario una carrera profesional exitosa, Santiago cultivó una comunidad interdisciplinar cosmopolita que se convirtió en el epicentro y ejemplo de la investigación cooperativa en el mundo. El legado de su escuela histológica forma parte de la Memoria del Mundo UNESCO desde 2017. Su revolución desarrollando la investigación en equipo fue posible gracias al liderazgo, generosidad y capacidad organizativa de un visionario apasionado.

Considero que la mayor aportación de D. Santiago sigue siendo su impacto en la educación. Maestro de maestros durante más de tres décadas, cocreador de la Institución libre de Enseñanza, director de la Junta de Ampliación de Estudios con su legendaria Residencia de Estudiantes, faro de la juventud en cada nueva generación con su ejemplo y consejos cada vez más vigentes. La misión revolucionaria del maestro consiste en formar sabios que le superen.

Cajal padre es, sin duda, un personaje fundamental en ésta historia. Nació en una familia muy humilde en un entorno rural. Analfabeto hasta su adolescencia, aprendió a leer de forma autodidacta, escalando por sus propios medios la ladera social hasta convertirse en doctor y profesor en la misma facultad de medicina que sus dos hijos. La épica metamorfosis de D. Justo, hizo posible cada revolución de Cajal.

Justo Ramón Casasús (1822-1903), padre de Santiago Ramón y Cajal, retratado cuando tenía en torno a los 55 años. - RANME

Cada 20 de febrero se conmemora el Día Mundial de la Justicia Social, para reflexionar sobre la importancia de construir sociedades más justas, inclusivas y equitativas. En un mundo que cada vez necesita más justicia social, la llama revolucionaria de Cajal debería prender en nuestra juventud para evitar que los ríos del talento se pierdan en el mar de la indolencia, la desesperanza, la apatía y la irresponsabilidad colectiva.

Juanjo Rubio Ingeniero Industrial y Biomédico. Ha sido director de la Unidad de Innovación Social en Navarra

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