Cuarto artículo escrito bajo el seudónimo de Doctor Bacteria. Santiago Ramón y Cajal sorprendía a los lectores de La Clínica - Semanario de Medicina, Cirugía y Farmacia, en la serie de artículos de divulgación que denominó Las Maravillas de la Histología.

ZARAGOZA, 19 DE AGOSTO DE 1883.

LA TEORÍA CELULAR

Artículo III

El elemento orgánico, que constituye los seres vivientes, no ostenta en todos ellos el mismo grado de organización, ni recorre invariablemente en cada especie las anteriormente descritas fases de su existencia. Así, el vegetal se halla casi en totalidad constituido por células gigantescas, de gruesa cubierta celulósica, con núcleo y protoplasma empobrecido y ahogado por abundantes materias extrañas. Puede considerarse la planta adulta como un asilo de ancianos, mientras que las unidades vivientes del animal pertenecen a la variedad que hemos denominado adulta, es decir, que sus células están desprovistas, en general, de cubierta, pero encierran núcleo y nucleolo. De ahí la vivacidad y energía funcional de la vida animal que tanto contrasta con el silencio y la quietud de la vida de la planta. Y por último, aquella primera fase de la evolución del elemento orgánico, caracterizada por la ausencia del núcleo y la cubierta, tiene representación en algunos seres monocelulares. De ellos puede decirse que viven condenados a una niñez perpetua.

En resumen; nada hay fundamental en la composición de los seres más que el protoplasma. Sus diferenciaciones en células, en fibras, en tubos, son disposiciones de perfeccionamiento que no vulneran lo esencial de sus propiedades químico-vitales.

En la esfera de la vida reina una encantadora democracia, una consoladora igualdad. Idénticas leyes de composición elemental rigen los dos reinos orgánicos; iguales propiedades vitales palpitan en el humilde protoplasma del gusano que hunde su frente en el polvo de la tierra, que en el de la célula sensorial de nuestra retina que, desde su cristalino palacio, alza su faz a la luz de los cíelos y recoge y transforma la vibración llegada de lo infinito.

¡Quién osaría creer que organismos separados por inmensa distancia, ora por sus formas exteriores, ora por su interior conformación, como el hongo y el hombre, tienen un lazo común que los identifica y confunde! ¡Quién dijera que entre el naturalista que observa desde la ventanilla del microscopio y el infusorio, objeto de su examen, no existen fundamentales diferencias, que viven de una misma ‘vida y se hallan construidos por una materia regida por iguales leyes estáticas y dinámicas!

Pero continuemos, que los estudios biológicos aun han de mostrarnos verdades más extrañas y estupendas.

VIDA DE LAS CÉLULAS

Antes de penetrar en el terreno de los fenómenos vitales que ‘nos ofrecen los protoplasmas, será conveniente dilucidar esta cuestión. ¿El cuerpo de los ‘animales y vegetales vive por entero? ¿Gozarán del privilegio de la vida las células del cabello, las escamas epidérmicas, las partes leñosas de las plantas, la cal de nuestros huesos? De ninguna manera. El cuerpo de los organismos se compone de materias vivas y materias muertas. Cosa extraña y paradójica, pero verdad demostrada también, es que el hombre arrastra consigo, sin pensarlo, y sin quererlo, al cadáver de sí mismo, o, en otros términos, las ruinas de numerosas progenies celulares que dejaron de existir.

Solo el protoplasma vive; todo lo que no presenta el aspecto y las propiedades físico-químicas del protoplasma debe considerarse como materia muerta, como vil bagaje inorgánico que el protoplasma se ve obligado a soportar sobre sus hombros en áspera y dura penitencia.

En los conflictos de la vida las células sobrevivientes cargan con los restos mortales de las que sucumbieron en la lucha. El glóbulo rojo que puebla nuestra sangre, la célula escamosa del epidermis, el prisma celular del cristalino, el elemento fósil del esmalte dentario, son protoplasmas un tiempo activos y creadores, que murieron como buenos sacrificándose generosamente por la patria común y prestando con su muerte mayores y más valiosos servicios que con su vida.

Con ser cuerpos exentos de espontaneidad las materias amorfas o intercelulares (cutículas, cápsulas, fibras, etc.), ofrecen notables propiedades físico-químicas, y se aprovechan para multitud de aplicaciones mecánicas importantes. Entre estas formaciones descuella el esqueleto osteo-conjuntivo (principalmente edificado de sustancias inertes) que sirve de sustentáculo a nuestros órganos, que modela la forma exterior del cuerpo, que ampara de las violencias exteriores las partes nobles y principales de nuestra fábrica, que constituye, en una palabra, la arquitectura característica de cada animal.

Resulta, pues, que la materia viva está infiltrada por la materia muerta, y resulta además, que esta última representa el edificio donde se alberga la materia viviente; los restos de protoplasmas que animaron un día soplo vital; fría ceniza que produjo al consumirse el fuego de la vida.

De la construcción orgánica puede decirse lo que de la vida de una ciudad: no es la ciudad misma lo que vive, sino los habitantes que encierra.

Precisando aun más las ideas diremos que todas las moléculas orgánicas que integran los seres vivos se reducen a tres categorías: 1.ª Materia viviente, el protoplasma. 2.ª Sustancia que vivió, las materias amorfas intercalares. 3.ª Materia que vivirá, el pábulo nutritivo, los principios albuminoides de los plasmas orgánicos. Vida en presente, en pretérito y en futuro, he aquí los tres factores de los cuerpos organizados.

El protoplasma es el principio espontáneo, activo, formador; las sustancias intercelulares son las pasivas, las formadas, las inertes.

Cuanto más joven el organismo, más bioplasma constructor y menos materias intercalares. Cuanto más viejo tanto más abundantes esos materiales inertes, verdadera impedimenta de la vida, que agobia la energía funcional del protoplasma.

Como el anciano se encorva bajo el peso de los años, así las células que le forman se encorvan bajo el peso de las materias extrañas y de los materiales muertos. Y si el joven organismo contiene más sustancia viva que materia muerta, y el viejo más materias muertas que sustancias vivas, no es de extrañar la febril actividad del niño, y la apatía y abatimiento del anciano.

(Continuará.)

Dr. Bacteria

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