El propósito de este artículo es hacer una revisión sucinta de las aportaciones de *D. Santiago Ramón y Cajal *(1852-1934), célebre Premio Nobel de Medicina y Fisiología (1906), al estudio de las bases biológicas del comportamiento (i.e., Psicobiología). Cajal es considerado uno de los padres de la neurociencia actual, destacando especialmente sus aportaciones sobre la anatomía del sistema nervioso. Sin embargo, el legado de Cajal trasciende los límites de la medicina y la fisiología. Sus premisas han resultado esenciales para comprender la conducta humana, que resulta de la arquitectura y actividad de nuestro sistema nervioso y, en particular, del cerebro. Se refirió a las neuronas como “células de delicadas y elegantes formas, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si un día revelarán el secreto de la vida mental” (Cajal, 1923)1. Y aunque Cajal no escribió ningún tratado científico sobre Psicología, tuvo un interés genuino por entender la condición humana y los procesos mentales. Su figura y escritos, casi de obligado estudio para todos los investigadores, son populares en EE.UU o Rusia; sin embargo, son escasos los alumnos que le identifican al colocar su foto en las clases de Neurociencia de la Conducta (referida como ‘Psicología Fisiológica’ en el plan de estudios) del 2º curso de Grado en Psicología. Durante mi formación como psicólogo, mis primeros conocimientos sobre sus aportaciones fueron ya en mi etapa de doctorado. Pasar por alto las aportaciones de Cajal a la Psicología supone un vacío mnésico a remediar, pues sus planteamientos dilucidaban que las funciones más básicas (sensoriales y motoras) y complejas del ser humano (emoción, el lenguaje, la memoria, el pensamiento o la conciencia) están arraigadas en el cerebro. Cajal apostó por una psicología científica, evolucionista y vinculada a los conocimientos fisiológicos del sistema nervioso, reflejando que

Notorio es que los psicólogos, abismados por la contemplación del espíritu, desprecian el cerebro.

(Cajal, 1897)2.

Cajal formula varias ideas revolucionarias sobre la organización y el funcionamiento del sistema nervioso, contrapuestas a las del prestigioso histólogo Camilo Golgi, con quien comparte el premio Nobel. Así, Cajal postula originalmente que el sistema nervioso se organiza en una serie de células discretas (i.e., neuronas a posteriori; Wilhelm, 1891), que se comunican entre sí por puntos especializados (i.e., sinapsis; Sherrington, 1897) y siguiendo una determinada direccionalidad. Cajal vislumbraba con ello las bases de la “arquitectura” del sistema nervioso (i.e., estructura) y sus bases comunicativas (i.e., interconexión dinámica), elementos que son clave para el desarrollo de las teorías sobre el procesamiento de información a partir de 1950. Cajal (1923) entendió que los circuitos neuronales complejos del cerebro son la base de nuestro intelecto (i.e., enfoque monista versus dualismo -mente inmaterial- de Descartes), que podría depender más de la riqueza asociativa (i.e., conexiones) que del tamaño o número de neuronas. Además, se puede afirmar que Cajal es un precursor del neofuncionalismo estructural, pues defiende que la actividad mental depende del sistema nervioso, siendo esta actividad, en sí misma, relevante para la calidad y distribución de las conexiones corticales (Chóliz & Mayor, 1993)3. En este sentido, apuntó que el proceso del aprendizaje puede ser el resultado del fortalecimiento de las conexiones nerviosas entre neuronas y la emergencia de nuevas conexiones, unas ideas que fueron refinadas posteriormente por Hebb (1949)4 en uno de los libros más influyentes de la historia de la Psicología (“The organization of behavior: A neuropsychological theory”). Cajal fue también un pionero al postular el intento de remodelado neural tras la lesión, pues observó la tentativa de crecimiento de las neuronas afectadas por un daño en el nervio ciático.

En marco de la neuropsicología, los planteamientos de Cajal, que tuvieron un gran impacto en los neurocientíficos de la Unión Soviética, fueron recogidos en el modelo holístico (i.e., procesamiento distribuido en redes cerebrales)5 de Alexander Luria (1902-1977), una figura pionera e ineludible en este campo. De hecho, la teoría de los sistemas funcionales de Luria, apoyada en ideas de organización jerárquica y plasticidad de Cajal, refiere que estos son moldeables en función de las circunstancias (factores sociales y ambientales), incluyendo su reorganización tras el daño cerebral (Kaczmarek & Markiewicz, 2021)6. Hoy en día, mediante técnicas de histología moderna y microscopía, se ha demostrado que el cerebro alberga redes neuronales complejas, interconectadas entre sí, con una capacidad intrínseca para el cambio. Por tanto, los estímulos que recibimos afectan a nuestro capital neurobiológico, es decir, el cerebro es moldeable.

Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, dos esquemas de estudio: axones transformados, y placa senil tipo Alzheimer. / Santiago Ramón y Cajal.
Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, dos esquemas de estudio: axones transformados, y placa senil tipo Alzheimer. / Santiago Ramón y Cajal. .

Basándose en los principios de la plasticidad cerebral, Stern (2002)7 formula la conocida teoría de la reserva cognitiva, que ha tenido una amplia repercusión en el campo de Enfermedad de Alzheimer. Esta teoría plantea que el cerebro tiene una capacidad intrínseca para neuroadaptarse, activando redes cerebrales alternativas y/o estrategias cognitivas, que ayuden a minimizar o compensar las consecuencias relacionadas con la aparición de la lesión cerebral8. En un paralelismo con Cajal, que entiende el dinamismo y la maleabilidad del cerebro, Stern propone un modelo pionero en el afrontamiento del daño neuropatolológico, donde el cerebro trata de sobreponerse activamente al daño. A diferencia de los modelos pasivos (i.e., número de neuronas y cantidad de daño), la hipótesis de Stern apunta a la activación de nuevas redes para compensar el daño cerebral. Pues bien, existen 37 preparaciones histológicas que revelan el interés de Cajal sobre la neuropatología asociada al Alzheimer. En ellas pueden apreciarse los principales signos de la enfermedad (placas seniles, ovillos, patología vascular, alteración glial); sin embargo, una idea especialmente brillante de Cajal se refiere al proceso de regeneración en la EA, ya que describe procesos de compensación homeostática, acumulación de factores neurotróficos, sobre las placas seniles. De hecho, Cajal y Fischer consideran la generación de brotes axonales como un mecanismo de plasticidad orientado a la restauración de la neuropatología (véase García-Martín et al., 2007)9.

Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, esquema de placas degenerativas y material con enfermedad de Alzheimer. / Santiago Ramón y Cajal.
Dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, esquema de placas degenerativas y material con enfermedad de Alzheimer. / Santiago Ramón y Cajal. .

Me gustaría cerrar este escrito destacando algunas de sus facetas más personales, hoy más que nunca; vivimos en una sociedad necesitada de referentes, humanos y científicos. Y es que Cajal era un hombre de grandes valores, un señor con mayúsculas. Destacaba su tenacidad, siendo un trabajador metódico e incansable. En uno de sus discursos, nos recordó citando a E. Duclaux que “la casualidad no sonríe al que la desea, sino al que la merece”10. Era una persona entusiasta y con férreo compromiso social, donde la justicia y la democracia iban de la mano. No hay más que recordar que se bajó el sueldo y donó el dinero del premio Nobel a las publicaciones de sus colaboradores. Además, demostró un elevado compromiso con la educación y la ciencia, consideradas indispensables para el desarrollo del país. Era un patriota cultural con marcado orgullo civil (p.ej., le indignaba la ausencia de tratados científicos españoles originales); fue el impulsor de instituciones revolucionarias (p.ej., 1907. Junta de Ampliación de Estudios), que transformarán la ciencia y los avances de la psicología en España (Carpintero & Herrero, 2007)11. Reflexivo y paciente, comprometido con la verdad, más persuasivo que dogmático. Es sin duda una de las personas más relevantes de nuestra historia, que lidió con una España sumida en una profunda decadencia, política y social. Nos alentó a “corregir en lo posible los vicios y defectos mentales de la raza española, entre los cuales, acaso el más fértil en funestas consecuencias sociales, es la escasez de civismos nobles y desinteresados, de sanos y levantados quijotismos en pro de la cultura, elevación moral y prosperidad duradera de la patria”12. Y así la investigación, sigue sin ser una prioridad en nuestro país. Concluyo este escrito, Santiago Ramón y Cajal “entonces y ahora”.

Preparación histológica de Santiago Ramón y Cajal. Alteraciones anatomopatológicas de la formación del hipocampo de un enfermo de Alzheimer: placas seniles, ovillos neurofibrilares, hilos de neurópilo y astrocitos reactivos. Método de óxido de plata amoniacal. Bandeja original "macroglia, hombre y conejo".
Preparación histológica de Santiago Ramón y Cajal. Alteraciones anatomopatológicas de la formación del hipocampo de un enfermo de Alzheimer: placas seniles, ovillos neurofibrilares, hilos de neurópilo y astrocitos reactivos. Método de óxido de plata amoniacal. Bandeja original “macroglia, hombre y conejo”. .

**Israel Contador. **Profesor Titular, Acreditado a Cátedra, del Área de Psicobiología. Universidad de Salamanca. Investigador afiliado al Departamento de Neurobiología, Ciencias del Cuidado y Sociedad, ‘Aging Research Center (ARC)’, Instituto Karolinska (Estocolmo, Suecia). Experto en Neuropsicología Clínica.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Ramón y Cajal, S. (1923). *Recuerdos de mi vida. Segunda parte: Historia de mi labor científica. *Imprenta de Juan Pueyo. Madrid.

2.* Ramón y Cajal, S.* (1897). Reglas y consejos sobre investigación científica (12º Edición). Madrid, Espasa-Calpe, 1991.

3. Chóliz, M., & Mayor, L. (1993) La neuropsicología en Cajal: Antecedentes del “neofuncionalismo estructural”. Revista de Historia de la Psicología, 14, 193–203.

  1. Hebb, D.O. (1949). The organization of behavior; a neuropsychological theory. New York: Wiley.

5. Luria*, A. (1966). Higher cortical functions in man.* New York: Basic Books.

  1. Kaczmarek, B. L. J., & Markiewicz, K. (2021). Brain Plasticity and the Idea of the Functional System. Lurian Journal, 2, 46-62.

  2. Stern, Y. (2002). What is cognitive reserve? Theory and research application of the reserve concept. Journal of the International Neuropsychological Society, 8, 448–460.

  3. Contador, I., Alzola, P., Stern, Y., de la Torre-Luque, A., Bermejo-Pareja, F., & Fernández-Calvo, B. (2023). Is cognitive reserve associated with the prevention of cognitive decline after stroke? A Systematic review and meta-analysis. Ageing Research Reviews, 84, 101814.

  4. García-Marín, V., García-López, P., & Freire, M. (2007). Cajal’s contributions to the study of Alzheimer’s disease. Journal of Alzheimer’s Disease, 12, 161–174.

  5. Ramón y Cajal, S (1897). *Fundamentos racionales y condiciones técnicas de la investigación biológica. Discurso ante la Real Academia de Ciencias Exactas, físicas y naturales. *Madrid: Impr. de L. Aguado. https://rac.es/ficheros/doc/00207.pdf.

  6. Carpintero, H., & Herrero, F. (2007): «La Junta para Ampliación de Estudios y el desarrollo de la Psicología española», Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, LIX/2, 181-212.

  7. González Quirós, J. (2006). Un discurso de Ramón y Cajal sobre El Quijote. Arbor: Ciencia, Pensamiento y Cultura, CLXXXII, 237-244.