Don Santiago Ramón y Cajal fue mi primer referente científico. Su raíces familiares en Larrés, justo al lado de mi Sabiñánigo natal, lo convirtieron en una figura mítica, pero a la vez muy cercana. El fue el primero que me hizo imaginar que el talento es el bien mejor repartido del planeta y surge por igual en cualquier lugar. Después entendí que si Isaac Newton fue el último de los babilonios, pues sus ideas cambiaron una manera muy antigua de interpretar el mundo, don Santiago fue el último de los científicos que se ganó el derecho a escribir en singular. En soledad, en silencio, con su microscopio y sus lápices de dibujar, construyó pieza a pieza un universo neuronal que sirvió para explicar los secretos fundamentales de nuestra máquina de pensar. Tengo ya muy pocas certezas en la vida, pero una de ellas es la de que su colosal y magistral obra representa un hito esencial en nuestra búsqueda interminable del conocimiento y permanecerá vigente hasta el final del sueño del tiempo de la humanidad.
Carlos López-Otín
Hoy traemos la última entrevista en La Nueva España: Carlos López-Otín Bioquímico, presenta libro el 13 de noviembre en el Club LA NUEVA ESPAÑA realizada por María José Iglesias.
Entresaco algunas frases memorables de Don Carlos:
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El sentido de la vida es vivirla, aprovechar lo bueno sin acelerar la pérdida de armonía molecular.
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*La salud biológica y la salud mental son dones extraordinarios pero provisionales, y por tanto debemos comprometernos con su cuidado. *
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La salud es una forma muy especial de cultura, la cultura de la responsabilidad y cuidado de la vida.
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Escribir es una curiosa forma de pensar, de sentir y hasta de sobrevivir.
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En mi caso el escritor y científico surge de un lugar, uno muy especial en el que conviven la curiosidad por el mundo y el deseo de contribuir a mejorar la vida de sus habitantes.
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La salud es el equilibrio, la armonía y la sabiduría del cuerpo.
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Las claves organizativas y dinámicas que mantienen el equilibrio funcional de nuestro organismo son: la integridad de barreras, la contención de perturbaciones, el reciclado del material biológico, la integración de circuitos, las oscilaciones rítmicas, la resiliencia homeostática, la regulación hormética, la reparación molecular y celular y, finalmente, la adaptación psicosocial.
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La enfermedad es consustancial a la vida, de hecho, admitir la imperfección es una gran muestra de sabiduría.
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El verdadero sentido de la vida es vivirla, no es enfermar, así que hay que tratar de aprovechar todo lo bueno que nos ofrece la vida cotidiana sin añadir más factores que aceleren la pérdida de la armonía molecular que nos mantiene anclados a la noria de la supervivencia.
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Las estrategias médicas y científicas serán difíciles de implementar y generalizar mientras no haya un mayor progreso tecnológico y un decidido compromiso con la equidad social.
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Unas pocas palabras bastan para ilustrar algunas de las necesidades apremiantes en el ámbito de la salud mental: educación, respeto, empatía, ayuno digital, calidad de sueño y control de estrés.
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Más de mil millones de personas padecen hoy algún tipo de desorden emocional.
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La educación en el cuidado de la salud, la nuestra y la del planeta que todavía nos acoge con generosidad pese al daño crónico que sufre tras su colisión con el meteorito humano, puede facilitar el desarrollo de una adicción necesaria en nuestro entorno: la adicción social a la salud.
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Hay muchas enfermedades que atender, más de 17.000 distintas.
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No esperemos grandes prodigios, practiquemos el arte de la vida y cultivemos la salud y la empatía como elixires de longevidad y bienestar emocional. Mantengamos la curiosidad, evitemos la toxicidad humana y el ruido ambiental, y recordemos que lo asombroso es sobrevivir porque la salud es un don tan frágil y efímero como el futuro de una leve libélula en vuelo hacia el sol.
Comentarios
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