Se ha hablado sobre la parte científica de Cajal y la teoría de la neurona, la doctrina de la neurona de alguna manera defendía por un lado que la neurona es “un cantón fisiológico absolutamente autónomo”, es decir, que hay espacio entre cada una de sus células; pero, al mismo tiempo, partiendo de esta singularidad, decía que se necesitan las unas a las otras; es necesario para la transmisión de la información y para el buen funcionamiento del sistema nervioso.
El cuerpo social funciona de manera muy similar.
Por un lado, tenemos al cantón absolutamente autónomo que sería el ciudadano, que es titular de esos derechos, pero también de esos deberes sociales; y cada uno, cada individuo es un individuo diferenciado, cada uno tenemos nuestra huella dactilar; no hay dos ciudadanos iguales.
Pero al mismo tiempo, como sucede con las neuronas, nos necesitamos los unos a los otros; no somos islas; es decir, hemos llegado a donde hemos llegado como seres sociales que somos compitiendo, pero también cooperando; y para poder cooperar es necesario que se mantenga la comunicación social, la sinapsis social; esa sinapsis de comunicación entre los individuos que la conforman.
Vemos que hoy en día la comunicación social que hay, el comunicarnos a través de las pantallas, las redes sociales e incluso los medios de ocio que hay, las plataformas lo que hacen es separarnos; es decir, el propio estilo de vida urbano lo que hace es romper con lo que había en las Comunidades clásicas. Ya en 1831 Alexis de Tocqueville que es un francés que se fue a Estados Unidos y escribió “La democracia en América” ya había, de alguna manera, identificado que podía pasar esto; y decía: “Es en la comunidad, pues, donde reside la fuerza de los pueblos libres. Las instituciones comunales son a la libertad lo que las escuelas primarias son a la ciencia; la ponen al alcance del pueblo, le hacen a éste gozar del uso pacífico de la ciencia y servirse de ella. Sin instituciones comunales podrá una nación darse un gobierno libre, pero ella carecerá de libertad**”.**
En la época de Cajal otro filósofo, otro prócer como diría nuestro querido Huesca, otro ilustre español, Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas” que se escribió y se publicó entre 1927 y 1930 lo que decía es que la democracia liberal proclama algo que es revolucionario; que es la necesidad de convivir con el enemigo; es más, con el enemigo más débil. Y lo que decía en aquel momento, en el período de entreguerras, con el ascenso de los totalitarismos, la crisis del parlamentarismo (bueno, algo igual parecido a lo que está pasando ahora mismo), lo que decía es que la masa no desea la convivencia; odia a muerte lo que no es ella.
Otro de los requisitos para que el cuerpo social funcione correctamente es que se mantenga el equilibrio entre el individuo y la contribución de ese individuo a la sociedad.
Ortega hablaba de la diferencia entre el **hombre-masa y el hombre selecto. **Hombre sería aquella persona irresponsable, que se victimiza, que lo único que quiere es demandar derechos y que no construye nada. En contraposición, el hombre selecto sería lo contrario. Una cosa que quería puntualizar es que Ortega no habla de clases sociales; dice que hay hombre masa y hombre selecto en cada una de las clases. Estamos hablando, dice Ortega, de **clases de hombres. **¿Y cómo se construyen estas clases de hombres? Según Ortega con la Educación.
Como decía, don Santiago Ramón y Cajal es el ejemplo del hombre selecto del que habla Ortega. Parte de una singularidad, ya lo hemos visto, lo decía José Ramón Chaves por la mañana; pero no solamente esto; él se tiene que poner de su bolsillo para ir a Berlín al Congreso para poder defender su teoría; en 1923, cuando se da el golpe de Estado de Primo de Rivera, el dictador lo que hace es anular las pensiones de la Junta de Ampliación de Estudios y le dirige una misiva al dictador, quien restituye esos derechos. Es cierto que era una persona con un prestigio; pero otros muchos no lo hubieran hecho; y él lo hizo porque era una persona valiente y lo tenía claro; decía una frase: “¿Alardeas de carecer de enemigos? Veo que te calumnias. ¿Es qué jamás dijiste a nadie la verdad, ni realizaste un acto de justicia?”.
Pero al mismo tiempo, fue una persona de contribuir a la sociedad y contribuyó a través del progreso, el progreso de la educación: a través de esta Junta de Ampliación de Estudios, la divulgación científica, todo esto que hemos hablado. Y decía: Debemos de inculcar a los jóvenes el arte de pensar por cuenta propia.
Es cierto que no vivimos ahora tiempos fáciles; pero los que vivió él, una guerra, una pandemia, la crisis del 98 fue bastante peor. Ahora nos toca a nosotros asumir nuestra responsabilidad, intentar ser personas, hombres selectos como lo era Ramón y Cajal y realmente dar un empuje para crear personas, mejores ciudadanos y serlo nosotros también. Es nuestra responsabilidad cívica.
Autoría: María Castro y Diego Gómez
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